"Nunca había sido más misionero que allí. Mi misión ya no era trabajar activamente para facilitar los encuentros en los diferentes grupos. Sino que mi misión era ahora rezar. Recé por el diálogo interreligioso. Recé por Iyad Ag Ghaly, recé por Amadu Koufa, por los líderes de Al Qaeda. Y sí, esa fue mi misión"
"Pasaba de cuatro a cinco horas rezando al día. Rezaba al menos durante dos horas, decía misa. Me traían pan recién horneado por la mañana, y lo usaba. No tenía vino, por supuesto. Y con ello celebraba misa, e imaginaba para mis adentros que estaba en una de las comunidades de Bamako y predicaba sobre el amor a los enemigos, como en el evangelio de hoy"