Llegó a nuestra tierra, ilusionada por un obispo relativamente joven, con “buena imagen” aunque el tiempo ha ido quitando la careta que traía y nos ha mostrado, con el paso y el peso de los años, la verdadera identidad de quien debía haber sido pastor de todos, y se ha convertido en el pastor de una pequeña élite, con los que banquetea y come, mientras les saca el dinero; rodeado de una “pequeña guardia pretoriana” que lo protege y defiende, y alimentando un clero joven sacado de las arcas antiguas y apolilladas de nuestras buhardillas y almacenes lúgubres
El dinero siempre le ha atraído y le ha acompañado. No le ha importado dejar en la calle a familias humildes, despidos, desahucios, cerró negocios de toda la vida que ha dejado arruinada sus familias, etc., y para ello no ha dudado de codearse de ese equipo económico capitaneado por su fiel escudero, que no ha pestañeado ni un ápice en obedecer hasta la letra pequeña
Nunca nos ha querido, nos ha despreciado allí donde ha ido, ha hablado mal de nuestra Diócesis y de nuestra gente. De pena.