Una inmigración arraigada, necesaria y regular ¿Qué podemos aprender de la agresión en Algeciras?

¿Qué podemos aprender de la agresión en Algeciras?
¿Qué podemos aprender de la agresión en Algeciras?

Sin duda cualquier brote de violencia debería preocuparnos. Son señales que nos cuestionan fuertemente como sociedad. Lamentablemente vemos como este tipo de sucesos enciende en algunas personas el imaginario colectivo que conecta inmigración musulmana y terrorismo, cuando todos sabemos que ni el Corán y ni la Biblia, pueden bendecir estas acciones criminales.

La convivencia en los barrios populares sigue siendo, aunque distante, cordial y tranquila. Dicho esto, bajo esta primera capa de sosiego hay que señalar la existencia de un fuerte prejuicio étnico grupal hacia la población de origen inmigrante.

Existe un profundo malestar social en los barrios populares, donde el precariado se ha convertido en el horizonte vital para cientos de familias y jóvenes.

La inmigración en España está arraigada, es necesaria y mayoritariamente regular. Según los últimos datos presentados por el INE, España sigue creciendo gracias a la población migrante.

Los sucesos ocurridos en Algeciras no pueden dejarnos indiferentes, no solo porque atentan contra la vida y la dignidad humana, sino porque deja traslucir un malestar social que viven las clases más populares, y un prejuicio étnico, que como sociedad necesitamos encarar juntos, con urgencia y firmeza política y presupuestaria, a través de políticas de cohesión social y gestión de la diversidad.

Sin duda cualquier brote de violencia debería preocuparnos. Son señales que nos cuestionan fuertemente como sociedad. Lamentablemente vemos como este tipo de sucesos enciende en algunas personas el imaginario colectivo que conecta inmigración musulmana y terrorismo, cuando todos sabemos que ni el Corán y ni la Biblia, pueden bendecir estas acciones criminales.

Un perturbado invocando el nombre de Alá asesinó con un machete al sacristán de la Iglesia Mayor Parroquial de Nuestra Señora de La Palma e hirió gravemente al sacerdote de la Capilla de San Isidro en Algeciras (Cádiz).

Tanto las comunidades islámicas y cristianas en la zona han expresado su condena y repulsa a una acción que atenta sobre la vida de las personas.    

"En nombre de todos los musulmanes del campo de Gibraltar y de España, expresamos nuestra repulsa y condena hacia este terrible acto criminal, que constituye un desprecio total a la vida humana y a los siervos de Dios".

"Nuestra más firme condena a la violencia contraria a la voluntad de Dios y a la enseñanza de la Iglesia que altera la convivencia pacífica deseada por la inmensa mayoría de la población y que perturba profundamente la vida social", expresaba el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta.

Pude conversar en los mismos términos estos días pasados con el P. Sante Zanetti, Delegado Diocesano de Migraciones de la misma diócesis, durante el III Encuentro Diocesano de Migraciones "Hospitalidad frente a hostilidad" en Sevilla.

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¿Por qué entonces salta la alarma y algunas voces ponen el acento en las tensiones, más que en la convivencia pacífica?

Hace unos meses escribíamos junto un grupo de compañeros de la Universidad Pontificia Comillas un libro en el que a través de su título se podría responder a esta cuestión: “Lo que esconde el sosiego”. Con su subtítulo: prejuicio étnico y relaciones de convivencia entre nativos e inmigrantes en barrios populares.

En esta investigación que nos llevó a recorrer varios barrios populares de toda la geografía española, reflejaba como la convivencia en los barrios populares sigue siendo, aunque distante, cordial y tranquila. Una coexistencia pacífica y unas actitudes sosegadas hacia la inmigración que, en el caso español, se han convertido en un rasgo excepcional si lo comparamos con otros países del entorno.

Dicho esto, bajo esta primera capa de sosiego hay que señalar la existencia de un fuerte prejuicio étnico grupal hacia la población de origen inmigrante (POI) que representa al otro inmigrante, generalmente de forma sutil, como diferente, extraño e inferior. Todo ello acaba culpando a la inmigración de los problemas sociales de origen político y estructural que viven los sectores populares.

Este prejuicio grupal hacia la inmigración se ha manifestado durante estos años en la vida de nuestros barrios bajo la forma de actitudes de recelo y hostilidad, de comentarios estereotipados en las conversaciones diarias, y de comportamientos agresivos y hostiles hacia las personas de origen inmigrante. El día después en Algeciras, no fue nada fácil para la comunidad marroquí.

Con todo, y esto hay que subrayarlo con claridad, hasta el momento, dichas manifestaciones y discursos no se han transformado ni en conflictos políticos ni sociales, aunque sí que es verdad que algunos partidos están instrumentalizando la realidad migratoria con fines políticos.

¿Por qué no ha crecido más este racismo estructural?

No es fácil apuntalar unas causas precisas, pero es cierto que en España ha existido un consenso democrático entre partidos políticos para no utilizar la inmigración como arma electoral, hemos aplicado políticas de integración social de corte universalista, la convivencia y el roce ha hecho crecer el conocimiento e identificación entre grupos sociales, y seguramente la memoria inmigrante de muchas personas españolas de los sectores más populares.  

Pero a mi modo de ver, quizás la causa de que no haya crecido este racismo a gran escala es que las personas nativas seguimos ocupando las mejores posiciones económicas y laborales, mientras que las personas de origen inmigrante siguen concentradas al fondo de la estructura social. Una ventaja que se ha mantenido en el tiempo y que, sin duda, ha ayudado a desactivar el sentimiento de amenaza y la hostilidad hacia la inmigración.

¿Por qué estos acontecimientos como el de Algeciras ponen la alarma social?

Sin duda porque existe un profundo malestar social en los barrios populares, donde el precariado se ha convertido en el horizonte vital para cientos de familias y jóvenes. Como comentaba, existe un fuerte y arraigado prejuicio sobre los inmigrantes entre la población nativa, y lo que era un flirteo ahora es una realidad, donde posiciones de derecha extrema han decidido romper el consenso democrático, utilizando la inmigración como señuelo electoral.

Solo necesitamos recorrer algunos de estos barrios populares de nuestras ciudades, o adentrarnos en el laberinto de “mares de plástico” en el sur de España para darnos cuenta de que, si no se interviene con urgencia y firmeza política y presupuestaria sobre este malestar social, a través de políticas de cohesión social y gestión de la diversidad, la situación podría cambiar rápidamente.

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¿Cuál es la realidad de la inmigración en España?

La inmigración en España está arraigada, es necesaria y mayoritariamente regular. Según los últimos datos presentados por el INE, España sigue creciendo gracias a la población migrante. La población de España aumentó en 182.141 personas durante la primera mitad del año 2022 y se situó en 47.615.034 habitantes. El crecimiento se debió a un saldo migratorio positivo de 258.547 personas, que compensó un saldo vegetativo negativo de 75.409 personas.

Saldo migratorio (2008-2021)

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Fuente: INE

Si tomamos en cuenta la población de origen inmigrante (POI) el 1 de enero de 2022 asciende a 7.953.951. Esta población engloba a las 4.818.851 personas extranjeras nacidas en el extranjero, las 588.640 personas extranjeras nacidas en España, y las 2.546.460 personas españolas nacidas en el extranjero. Por tanto, la POI representa un 16,7% de toda la población de España. Una población con un arraigo importante, pero que vive una fuerte precariedad. 

Esta población de origen inmigrante que no solo sigue sumando en nuestro mercado laboral, sino que cubre sectores básicos de nuestro sistema productivo como es el sector servicios y de cuidados, además de otros.

Con todo, la rigidez de nuestro mercado laboral, pese a los índices de desempleo, hizo que el número de vacantes que se quedaron sin cubrir en 2022 alcanzó los 143.000 puestos, debido entre otras causas a los bajos salarios y la falta de formación en la España que se está quedando vacía.

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Fuente: INE

El Informe España 2050, elaborado por la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de la Presidencia del Gobierno, plantea que España necesitará la llegada de al menos 255.000 inmigrantes cada año para compensar el envejecimiento de nuestra población, dinamizar la economía, apuntalar la viabilidad del estado de bienestar y el fortalecimiento de los servicios públicos.

¿Qué representan en España las entradas de personas irregulares?

Algunos sucesos como los de Algeciras, plantean la pregunta de la irregularidad, pero ¿Cuáles son realmente las entradas de personas irregulares en España?

El número de entradas irregulares en España por tierra y por mar, según los datos del Ministerio del Interior en 2022 fueron de 31.219 entradas, lo que supone una reducción considerable de las entradas con respecto a 2021, con 41.945.

Entradas irregulares (2021-2022)

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Fuente: Ministerio del Interior

Asimismo, si comparamos el número de personas inmigrantes que entran regularmente a España en los últimos años con las entradas irregulares, estas últimas representan raramente más del 5%.

Entradas regulares e irregulares de personas inmigrantes en España (2015-2022)

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Fuente: INE y Ministerio de Interior

Una inmigración arraigada, necesaria y regular 

Por tanto, la población de origen migrante es una población arraigada, necesaria y regular. En cifras representa un 16,7% de toda la población de España. Forma parte del país que somos y seremos. Las pirámides de población nos indican la necesidad que tendremos de personas que quieran sumar en nuestro proyecto de sociedad para las próximas décadas. Y vemos como las entradas de población inmigrante son mayoritariamente regulares (95%).

Es bueno indicar que, aunque sea una población con un arraigo importante, vive una fuerte precariedad, como nos indican los análisis socioeconómicos en las últimas décadas. Un precariado que afecta a un amplio colectivo social de las clases más populares, con una especial incidencia en la comunidad de origen migrante. (Un arraigo sobre el alambre: La integración social de la POI en España)

Por tanto, los sucesos ocurridos en Algeciras no pueden dejarnos indiferentes, no solo porque atentan contra la vida y la dignidad humana, sino porque dejan traslucir un malestar social que viven las clases más populares, y un prejuicio étnico, que como sociedad necesitamos encarar juntos, con urgencia y firmeza política y presupuestaria, a través de políticas de cohesión social y gestión de la diversidad.   

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