Como los discípulos de Emaús, muchas personas en todo el mundo y por diversas razones abandonan su hogar Discípulos de Emaús: Un camino desde la Hospitalidad

Discípulos de Emaús - Un camino desde la Hospitalidad
Discípulos de Emaús - Un camino desde la Hospitalidad

En este tiempo Pascual, hoy se nos invita a acompañar a dos peregrinos: Los discípulos de Emaús (Lc. 24,13-35). Dos discípulos huyen abatidos después de ver como asesinaban a Jesús.

Abandonan Jerusalén, viviendo una profunda crisis personal, pero un encuentro inesperado les cambió la vida. Como los discípulos de Emaús, muchas personas en todo el mundo y por diversas razones abandonan su hogar.

En este tiempo Pascual, hoy se nos invita a acompañar a dos peregrinos: Los discípulos de Emaús (Lc. 24,13-35). Dos discípulos huyen abatidos después de ver como asesinaban a Jesús. Abandonan Jerusalén, viviendo una profunda crisis personal, pero un encuentro inesperado les cambió la vida. 

Como los discípulos de Emaús, muchas personas en todo el mundo y por diversas razones abandonan su hogar. Los de Emaús huyen desconsolados, después de ver asesinar a Jesús, en plena crisis de vida y de fe. En un porcentaje elevado los migrantes se ven forzados a dejar sus hogares debido a alguna situación de presión, violencia o conflicto, de carácter tanto personal, como social, económico o ecológico. En algunos casos las causas que generan estos desplazamientos tienen que ver con guerras o violencia generalizada. Por estas razones, la persona migrante vive situaciones traumáticas. Un trauma que puede producir una experiencia leve de “choque cultural”, hasta una crisis profunda de sentido, como les pasaba a los de Emaús. 

Emaus

Los de Emaús se ponen en camino y Jesús le sale al encuentro. Jesús entra en diálogo con ellos, intenta que inicien un proceso de reconciliación, que relean su vida, desde el acontecimiento central de la Pascua. Pero lejos de comenzar una nueva relectura de resurrección en sus vidas, recriminan a Jesús: ¿Pero tú no te has enterado de nada? ¿Es que no has visto los últimos post de Facebook o TikTok o los trending topic, leído el periódico, oído la radio, visto la tele? Jesús les mira a los ojos, pero ellos no le reconocen. El tránsito, tanto para lo de Emaús, como para las personas que emigran voluntaria o involuntariamente, suelen ser un auténtico calvario por la complejidad y la burocracia en los procesos legales. Para aquellas que se ven forzadas a dejar sus hogares por situaciones de conflicto y peligro para su vida, la situación se complica aún más, sobre todo cuando nos empecinamos en construir más muros. Esto cada vez alimenta más las redes de tratas de personas que controlan en muchas zonas las rutas migratorias, y que dejan a colectivos más vulnerables en manos de redes de explotación sexual, tráfico de órganos, etc. Cuando los estados nos hacemos nuestros deberes adecuadamente, los más vulnerables viven lamentablemente las consecuencias.

Es por eso, que en esta fase además de producirse serias dificultades físicas, también se ocasionan graves traumas psicológicos, que permanecen con la persona una vez completado todo el proceso migratorio; en ocasiones, a través de pesadillas o recuerdos recurrentes. Algo así vivían los de Emaús. Me vienen a la mente muchos de esos recuerdos narrados por tantas personas cercanas que han vivido estos procesos de migración con distintos abusos y discriminaciones.

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Jesús invitaba a que los discípulos hicieran una reelaboración, una nueva narración de los recuerdos. Por eso les pregunta. De sobra sabía lo que había ocurrido en Jerusalén. Lo mismo que les ocurre a muchas personas migrantes. A veces el propio acceso a los recuerdos es difícil debido al trauma que los propios recuerdos han causado a los migrantes. Un elemento que complejiza este proceso es que los recuerdos tienen en ocasiones “vida propia”, controlando a las personas, en lugar de que los individuos controlen sus propios recuerdos. Por esa razón del mismo modo que intenta Jesús con los de Emaús, es muy importante generar espacios y caminos seguros, en los cuales sean capaces de reformular y reelaborar dichos recuerdos. Nuestra identidad está constituida por historias de vida, y para que esa identidad se vaya construyendo, los recuerdos necesitan ser “desintoxicados” hasta que la narración y el entramado de relaciones pueda ser puesto en correlación con la gran historia vital de cada persona.

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Jesús se toma en serio la acogida, la hospitalidad.Por una parte, toma la iniciativa y por otra se deja acoger. La hospitalidad es bidireccional. Las personas migrantes no tienen generalmente tantas ocasiones para vivir la hospitalidad cuando llegan al país de recepción, en su proceso de integración.El proceso no suele ser fácil. En general, no suele existir un proceso de acogida o de hospitalidad que tome en consideración el proceso migratorio y las necesidades específicas de cada persona o familia. De hecho, en algunas situaciones se producen serias vulneraciones de derechos humanos, discriminación, racismo y xenofobia. Asimismo, suele ser común la falta de reconocimiento de la “maleta” que traen consigo los propios migrantes: títulos académicos, experiencia laboral, etc., relegándolos a ser considerados simple mano de obra física. Este es otro de los elementos que produce un duro desgaste y erosión en la propia autoestima a la que tienen que enfrentarse los migrantes en el país de acogida. 

Pero es desde ese espacio seguro, desde esa nueva narrativa, sentados a la mesa, en el pan compartido donde los discípulos reconocen a Jesús, y encuentran sentido a sus vidas. Es el momento donde se da la verdadera resurrección, donde se convierten en nuevas criaturas.  Dios nos lleva a un nuevo estado donde no se niega, ni se olvida el pasado, pero se pone en un nuevo marco que nos convierte a todos en “nueva creación” (2 Cor 5, 17), donde redescubrimos la dignidad de ser hijos e hijas de Dios, donde reconocemos que vivimos en una casa común y que nuestro hogar es el mundo.

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A veces se nos dice que esto de la hospitalidad es de ingenuos y que no se puede hacer, pero no es verdad. En muchas comunidades, familias, instituciones y parroquias se acoge a los que vienen de lejos, posibilitando espacios seguros y sanos, donde compartir, formarse, crecer, celebrar, apoyarnos y sentir que somos una familia, lo mismo que hizo Jesús con sus discípulos. Y hay mucha gente en el mundo, que, aunque no salga en los titulares de los periódicos, son testigos de la resurrección y animan y llevan adelante auténticas comunidades de hospitalidad. El Papa Francisco nos invita y anima con su testimonio a ser puerta abierta y a vivir la hospitalidad.

Os invito a que esta semana releamos este pasaje de los discípulos de Emaús, y le preguntemos a Jesús con sinceridad, qué me está diciendo a mi con todo esto, dónde se nos hace presente al partir el pan, dónde me llama a vivir la hospitalidad.

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