¿Lobos disfrazados con piel de oveja? Pastores y asalariados

Los fieles ven a la iglesia como inflexible, poderosa y ostentosa.

pastor Teo
pastor Teo Alejandro Fernández Barrajón

Cuando se habla de Jesús como el bue pastor se hace en un contexto de dura controversia con los fariseos y letrados que no sólo no se preocupan del pueblo sino que se aprovechan de él. Por eso la insistencia de Jesús a la hora de hablar de los asalariados a quienes no les importan las ovejas.

 Ya el profeta Ezequiel se lamentaba en pasado de esta triste realidad de los falsos pastores: «Mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca» (Ez 34,6)

 La Pascua nos sigue convocando a descubrir al Pastor que ha dado su vida por las ovejas para que nosotros tengamos vida abundante. La Pascua en complicidad con la primavera es una oferta preñada de vida. Vida por todas partes, invitación a la vida. Jesús es la vida, nuestra Pascua. Una vida que se ofrece a todos y no excluye a nadie; una propuesta universal. Estamos llamados a brotar y florecer.

 Cuando Jesús utiliza el término buen pastor para referirse a Él mismo no está utilizando una metáfora bucólica sin más. Está presentándose como el Mesías. El Papa Benedicto XVI  utilizó el término para hablar de Cristo desde las figuras encontradas en unos sepulcros del siglo III donde apareció un pastor y un filósofo. Cristo es el filósofo que nos regala y nos explica el sentido de la vida. Cristo es el pastor que nos conduce a verdes praderas y nos quita el temor cuando caminamos por cañadas oscuras."Yo soy el buen Pastor, y conozco a las mías, y las mías me conocen como me conoce el Padre y yo conozco al Padre. Y doy mi vida por las ovejas"

 Si todos los pastores de hoy fuéramnos así, como el Buen Pastor, dispuestos a servir a sus ovejas y a regalarles la vida. Tal vez no existiría este divorcio terrible entre la Iglesia institucional y el pueblo de Dios. La Conferencia Episcopal Española hizo un estudio que confirma esta triste realidad.“La imagen que la mayoría de los católicos tiene de la Iglesia es una imagen muy condicionada por el pasado, por la personalidad de sus miembros y por la mala imagen de la jerarquía eclesiástica, a quien encuentran inflexible, poderosa y ostentosa” (Son conclusiones de ese estudio)

Necesitamos rezar por nuestros pastores para que sean según el corazón de Dios y exigirles la dedicación y entrega a las que se han comprometido.

  Necesitamos acercarnos al Buen Pastor e imitarlo en su vida y en su entrega. Lo necesitamos todos los cristianos si queremos iluminar un poco este sendero de la vida abarrotado de sombras. Hay muchas realidades, en este tiempo de la técnica y de la ciencia, que nos desbordan. En los últimos días he conocido varios casos de cáncer en personas conocidas que me han dejado desconcertado. ¿Cómo vivir estas realidades tan duras sin fe? ¿Dónde apoyarnos si nos falta la referencia del Buen Pastor que ama a sus ovejas y da su vida por ellas y nos quita el temor si pasamos por cañadas oscuras?

Con Jesucristo y de la mano de la Iglesia podemos aspirar a iluminar estas realidades penosas de dolor y sinsentido, porque Alguien ha pagado por nosotros, con su sangre, el rescate de nuestra vida.

 El salmo 22, es un texto para el consuelo y la esperanza. “El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”.

 Hay un sufrimiento en nosotros que repercute en bien para los demás. Ese sufrimiento es agradable a Dios. Ahí tenemos el sufrimiento que acepta la madre por sus hijos, los misioneros por la evangelización, el esposo por su esposa, un amigo por otro cuando le necesita. Hay un sufrimiento redentor como el de Cristo que es bueno y saludable. Y hay otro sufrimiento inútil que tenemos que desterrar y luchar contra él. Ese sufrimiento que produce la envidia, la competitividad, la avaricia, los celos, el odio y la venganza. Ese sufrimiento no es sanador y hemos de desterrarlo de entre nosotros acerándonos y aprendiendo del buen Pastor.

 Hemos sido convocados a formar una comunidad de hermanos, un solo rebaño y un solo Pastor. Nos convoca la unidad y el amor entregado para ir superando todo aquello que nos esclaviza y nos impide avanzar. Dios es la garantía de nuestro esfuerzo, de nuestra inversión y de nuestra lucha. No podemos retroceder.

  Es muy triste encontrarnos, y los hay, con sacerdotes abarrotados de clericalismo -aquí mando yo- que aún no se han enterado de lo que significa el sinodalismo en la iglesia, afectados por la pedofilia.... Obispos amantes del prestigio, del dinero, de los palacios, de las forma externas, de las falsas inmatriculaciones y de los titulares que no son imagen del buen pastor sino más bien del lobo con piel de oveja. El daño que se hace al pueblo de Dios es a veces irreversible. En gran parte por eso estamos como estamos. (Cfr. Alejandro Fernández Barrajón. "Pueblo mío a dónde vas? Nueva Economía Social. Madrid 2021)

Hay un poema de Pedro Benítez que puede ayudarnos a concluir.

Pastor que por verdes prados

nos llevas a descansar,

y nos guías cuando el valle

se cubre de oscuridad.

Pastor de tranquilas aguas

que nuevas fuerzas nos dan

cuando la fe desfallece

y aumenta la soledad.

¡La copa está rebosando

de tanto amor y bondad!

Ya ningún mal temeremos

ni nada nos faltará.

Porque tu vara y cayado,

con sus señales de paz,

nos van abriendo el camino

de la vida y la verdad.

Haznos seguir tu llamado.

Pastor de la eternidad,

para que en ti siempre unidos,

no nos separemos más.

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