Mujeres Iglesia-Chile El evangelio que anuncian las mujeres

"Quiero que vayas a trabajar a mi viña"

Domingo 27 septiembre de 2020
Evangelio según San Mateo 21, 28-32
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
“¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña”. Él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y éste le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”
“El primero”, le respondieron.
Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él”.
“Decimos lo que hacemos o hacemos lo que no decimos”
En estos tiempos de pandemia mundial, de confinamiento, principalmente de adaptación a las nuevas y a veces adversas circunstancias, el Evangelio de hoy nos pone frente a nuestra coherencia personal, tantas palabras y promesas de acciones, que muchas veces ponen a prueba nuestro compromiso con nosotros mismos, con los más cercanos y queridos, con los compañeros de estudios o labores, con nuestros vecinos, con nuestro entorno.
Quienes valoramos la palabra que pronunciamos solemos juzgar desde ahí, pero Jesús nos muestra que lo que vale son las acciones, porque “de intenciones no se puede vivir”; siento una invitación a revisar mis compromisos, las palabras, frases e ideas que tengo en relación con lo que hago, para tratar de ser más transparente y efectivamente hacer lo que digo. Sin embargo, esa misma reflexión sobre lo que digo y lo que hago, también me hace empatizar con aquellos que no lo pueden lograr, por diversas circunstancias, historias, hábitos e incluso por estrategias adaptativas que vamos experimentando.
Como en el Evangelio, somos capaces de llegar al Reino, de responder al Señor, “no quiero o, creo que no puedo” e intentarlo, fallar e insistir, es en el camino que vamos respondiendo, con las pequeñas decisiones que vamos tomando en lo cotidiano. De nada sirven discursos o consejos de cómo hacer las cosas, si no van acompañados de amor, de la motivación adecuada, del impulso a la acción y el entusiasmo por emprender, por movernos hacia otra manera de hacer las cosas.
La denuncia que Jesús hace es que no estamos atentos a las acciones, a los movimientos “fuera de lo conocido”, a las acciones justas, entregadas al otro, con conciencia sobre el medio ambiente (nuestra casa común), no es sólo decir que queremos hacer el bien, sino llevarlo a lo cotidiano, a lo pequeño, a los detalles que nos llevan por el camino de la coherencia, al decir y hacer.
Es de humanos arrepentirnos, volver a empezar, disculparnos por responder impulsivamente, enmendar en el camino, darnos cuenta de lo que pueden hacer nuestras palabras y acciones. Lo que no podemos hacer, es cerrar los ojos y el corazón, al que sufre, al que le está afectando más este tiempo y estas circunstancias, a los que perdieron un ser querido y tuvieron que despedirse de otra manera, a los que se han enfermado y a los que están atendiendo a los enfermos, a los que tienen miedo y no encuentran certezas o comida para seguir viviendo.
Así también es de humanos, poder ver los regalos en lo que nos rodea, las gracias que recibimos día a día, la vida, la salud, las ideas, la naturaleza, el cariño, las relaciones (aunque no sean físicas), la esperanza y la fe que nos mantienen encontrando el sentido de todo lo que vivimos, decimos y hacemos.
Giselle García-Hjarles Villanueva
Antropóloga peruana residente en Chile.
Directora de Pastoral UCSH.

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