Ninguna ofrenda mejor que sus lágrimas El llanto del papa Francisco

Las lágrimas del Papa
Las lágrimas del Papa

 El llanto parece que nunca ha sido la actitud de los fuertes (...). Lloremos un poco más todos

"Me impresionó ver al papa Francisco, anciano y tullido, llorando ante la imagen de la Inmaculada en Roma, este día 8 de diciembre, por no poder presentarle a la virgen la ofrenda de una Ucrania en paz. Ninguna ofrenda mejor que sus lágrimas"

"Llorar es regalar una sonrisa de amor. Porque las lágrimas son un indicio  de la humanidad del corazón y el que no llora es un pobre desdichado"

"Se ha escuchado más que si hubiera escrito una encíclica o una carta apostólica que muchos no leen  porque no entienden. No hemos visto llorar todavía a Putin, ni a Ebrahim Raisi, ni a  Xi Jinping, ni a Kim il Sungy y por eso nuestro mundo va como va"

Jesús se puso a llorary los judíos que estaban allí dijeron: «Se ve que Jesús amaba mucho a su amigo Lázaro.»

 El llanto parece que nunca ha sido la actitud de los fuertes. Recuerdo  que de niño cuando lloraba me decían los amigos: “No llores como una niña”.

Era una de las muchas maneras de practicar el “Bullying”, entonces. El mundo se ha olvidado de llorar o, si lo hace, es en sus adentros, a escondidas, donde nadie pueda verlo. Y, sin embargo, tiene muchos motivos para el llanto, para la compasión y para la ternura. El mundo iría mejor si lloráramos más y mirásemos con menos autosuficiencia nuestro entorno.

Lágrimas del Papa

Os confieso que me impresionó ver al papa Francisco, anciano y tullido, llorando ante la imagen de la Inmaculada en Roma, este día 8 de diciembre, por no poder presentarle a la virgen la ofrenda de una Ucrania en paz. Ninguna ofrenda mejor que sus lágrimas. Porque el más noble lenguaje de la mirada son las lágrimas y un hombre que llora es, ante todo, un hombre. Llorar es regalar una sonrisa de amor. Porque las lágrimas son un indicio  de la humanidad del corazón y el que no llora es un pobre desdichado.

Decía José María de Pereda que las lágrimas fueron puestas por Dios en los ojos para deshacer las penas del corazón. Ningún hombre que no ha llorado ha podido sentir a Dios, por eso me inquietan los pastores que no solo no lloran sino que miran con desdén y autoritarismo, con clericalismo, a sus ovejas, con semblante de seguros y autosuficientes, con autoridad. Siendo yo niño y pastor lloré muchas veces por mis cabras cuando enfermaban, cuando se las llevaban al matadero, cuando se perdían en el monte y podían ser atacadas por las águilas que habitaban en el monte El Madroñal, donde aún siguen criando a pesar del acoso de los humanos. Solo a través de las lágrimas se pueden ver las realidades más hirientes de nuestro mundo.

Lágrimas del Papa

Pudiera parecernos muy misterioso el reino de las lágrimas pero es solo el camino que nos conduce a la auténtica humanidad. Las lágrimas hablan más que las palabras, gritan, y por eso el llanto del papa Francisco ante la Inmaculada en Roma ha sido un grito al mundo. Y se ha oído mucho porque su gesto ha llegado a todos los rincones del mundo. Necesitábamos a alguien con autoridad que llorara.  Se ha escuchado más que si hubiera escrito una encíclica o una carta apostólica que muchos no leen  porque no entienden. No hemos visto llorar todavía a Putin, ni a Ebrahim Raisi, ni a  Xi Jinping, ni a Kim il Sungy y por eso nuestro mundo va como va.

Lloremos un poco más y hablemos un poco menos. Lloremos en el silencio de nuestra habitación por tantos niños que no podrán vivir con dignidad ni en Ucrania ni en tantos otros lugares. ¿Quién sabe si las lágrimas nos cambian el corazón y nos hacemos más humanos? ¿Quién sabe? Por probarlo no perdemos nada.

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