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"¿Fundido en negro?"

A propósito de la despedida del periodista Carlos Hernández

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Las letras de un valiente son siempre más que dignas de respeto, más aún si el valiente ha puesto su pluma al servicio de los olvidados. Admiro la entereza en sus últimas letras, por más que no me identifique plenamente con él. No comparto aspectos de la ideología radical de este periodista recién fallecido, por más que valoro su voluntad de compromiso. Su última y postrera misiva no deja de ser un poderoso testimonio humano. Quiero resaltar el principio y final de su carta. No tienen desperdicio. Concretamente al final escribe: “Mientras escribo estas últimas líneas soy consciente de que solo tengo por delante un fundido a negro”.

Las enseñanzas a las que nos debemos son claras al respecto. Por más que lo deseemos, no podremos arrancar ninguna alma a ese “fundido en negro”. Sólo el hastío de la oscuridad puede abrir una rendija a la luz. Estamos rodeados de seres muy queridos que, al igual que Carlos Hernández, sólo visualizan ese “fundido en negro” al final de sus días. A veces se hace duro constatar que no tenemos opción de rescate, que el silencio paciente y la compostura serena representan nuestra sola opción. Será la propia Vida la que en un momento dado de rendición se manifieste sin principio ni fin, arroje en definitiva el salvavidas del recate.

La fe que trascenderá la cerrada oscuridad no se puede transmitir, ni contagiar. Servidor fue de los de “fundido en negro” por mucho tiempo. Salir de él ha sido sin duda lo mejor que me ha podido pasar en esta encarnación. Por ello no puedo rebotar su carta. Hemos hecho un contrato con la Luz. Por más humanidad que desborde su carta, nos debemos al compartir de la esperanza, la buena y casi callada nueva, el discreto recuerdo de que a la postre nos fundiremos en la clara luz.

Lo último que deberemos hacer es argumentar contra ese “fundido en negro”, a lo sumo sugerir la lectura de los millones y millones de testimonios ECM( Encuentros Cercanos a la Muerte), a lo sumo invitar a pasear un bosque de hayas en el tardío invierno, cuando al final de las ramas algo empieza a reverdecer. No hay mayor argumento ante el "fundido en negro" que una cuna rodeada de cariño, que un amanecer limpio de verano, que un trino alegre al despertar el día…, pero la mente no la podremos utilizar para rescatar a nadie de la nada.

La mente y su potencia argumental no se nos otorgaron para convencer a nadie. La Vida se nos abrirá en toda su plenitud sagrada, en toda su profundidad luminosa, en toda su proyección eterna y no tendremos otra opción que la de postrarnos ante Ella.

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