SINODALIDAD… Y LAS TRES TENTACIONES

SINODALIDAD… Y LAS TRES TENTACIONES
SINODALIDAD… Y LAS TRES TENTACIONES DHA

De como nos perdemos en ideologizarlo todo

La sesión tercera del sínodo sobre la sinodalidad ha terminado. Y, como señalan en el resumen de la misma, lo más importante no son los “contenidos” sino cómo ha transcurrido. La experiencia realizada es en realidad el contenido principal: qué es sinodalidad, cómo podemos llevarla adelante, y -especialmente- cómo la sinodalidad es esencial a la Iglesia y una parte central del Evangelio.

Vale la pena leer la primera parte del resumen: el encuentro fraterno, la escucha en el Espíritu, los efectos luminosos de esta experiencia, el impulso que genera, la paz que da la comunión en la diversidad haciendo ver esta más como riqueza que como dificultad.

Todo esto es lo que se señala a lo largo del Nuevo Testamento como experiencia de Jesús en medio de la comunidad, o bien del Espíritu Santo, como decía mi fundador (San José de Calasanz) y como se dice en el “concilio de Jerusalén” cuando presentan las conclusiones como fruto del Espíritu y la comunidad en escucha recíproca.

Este tipo de experiencias ya existían en la Iglesia. Es lo que buscamos en Makili cuando hacemos las asambleas pastorales en el esfuerzo de la escucha mutua para buscar la voluntad de Dios para nuestra comunidad cristiana. Cierto que hemos de insistir en este descentrarnos en Dios y en la caridad recíproca como clave, no en las ideas de cada uno, para que el Espíritu pueda actuar.

El esfuerzo de la escucha
El esfuerzo de la escucha DHA

Pero todo esto puede empañarse por nuestros miedos y tentaciones.

Quiero señalar tres tentaciones que suelen acechar a las diversas religiones y que, como toda tentación, se disfrazan de bien, siendo en realidad amenazas. Las nombro a partir de tres movimientos en la religión judía:

  • Saduceos: se centran en el culto, un buen culto al Señor, pero al final hacen de la liturgia algo desconectado con la vida diaria, o con el mundo en que estamos, o incluso con la comunidad. La liturgia pasa así a ser una excusa para una presunta paz individual con Dios, pero ajena a la justicia, a la fraternidad y al Reino de Dios. Jesús presenta la Eucaristía como culto de la comunidad que se ofrece a Dios en Cristo y que en Él crea Cuerpo enviado para la Gloria de Dios que es la vida del hombre.
  • Fariseos: quieren ser serios y fieles a Dios a través de la ley, pero ésta se convierte en su dios, olvidando que sólo Dios es absoluto, no dando primacía como criterio al amor; así el sábado en lugar de un regalo de Dios, se transforma en una carga. La ley como seguridad, aunque tenga contradicciones en su aplicación e incluso entre normas. Las normas están influidas por elementos históricos, culturales y de otras circunstancias, pero se evita el discernimiento, porque éste nos genera inseguridad, creemos que tener que discernir es relativismo. Jesús, intencionadamente, curaba sobre todo en sábado y comía con publicanos.
  • Esenios: los que buscan la pureza y por ello no contaminarse con el mundo. Al final se vuelven jueces del mundo, quedan al margen de lo que mancha, pero no colaboran con el querer de Dios. Jesús tocó al leproso para sanarlo.

Temer la sinodalidad como asamblearismo o como asamblea democrática plebiscitaria, es agarrarse a miedos para no acoger el soplo del Espíritu. Nunca ha sido eso. Y es mucho más.

Y no hemos de temer cambios en las normas éticas: éstas son una ayuda a encarnar el amor cristiano, la Iglesia no hace cambio alguno sin estudiarlo a fondo. Y en realidad se trata más de aplicar los argumentos y los criterios (que no faltan en la Iglesia a diferencia de otros colonialismos éticos insustanciales) a realidades y situaciones nuevas. Muchas normas concretas son fruto de la cultura o el momento (que son también condicionantes de la conducta) y lo que hemos de descubrir y discernir es precisamente lo que es sustancial y lo que no. A veces interpretamos normas de un modo muy grosero.

Si no fuera así, no entenderíamos el “concilio de Jerusalén”, donde a los no judíos no les piden prácticamente ninguna ley más que creer en Jesús y las consecuencias del amor. Bueno, sí, que se abstengan de sangre, la única norma especial y concreta, aparte de la esencial (Hch. 15,28s).

Claro que… incluso esa tradición hemos cambiado (¡dónde iremos a parar!), porque NO ES tradición la norma en sí. Para los que piensan que se debe anquilosar toda norma, en lugar de pensarla y discernirla, pues que no coman morcilla, no sea que se contaminen comiendo sangre.

Dejémonos guiar por el Espíritu santo en la escucha mutua y amor recíproco, en la oración y el discernimiento. Y fiémonos de la Iglesia, cuerpo del Señor. Entre el relativismo y el absolutismo de la norma está el Evangelio y el sentido común que -pese a ciertos errores y momentos- nunca ha dejado de defender la Iglesia. Para no comer sangre… ya están otros grupos sectarios.

Ahora lo principal es retomar el camino evangélico de la sinodalidad, es el que nos permite ser “los del camino”, caminando juntos, con y para un mundo que necesita la luz del Evangelio.

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