¿Me acompañas a sembrar?

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¿Cómo acojo la generosidad del Sembrador?

Lectio Divina Feminista ciclo A 2026  (5)
Lectio Divina Feminista ciclo A 2026 (5)
Carmen Mercedes Fariñas Sánchez
08 jul 2026 - 00:00

Prepara tu encuentro con Jesús

Seguramente ya tienes tu espacio para este encuentro cercano y profundo con el Maestro. Ve allí y dispón tu cuerpo, tu mente y tu corazón para este diálogo que siempre deja más frutos de los esperados… Mientras respiras y vas buscando en tu Biblia la cita de hoy (Mateo 13, 1-23) puedes ir repitiendo interiormente alguna de estas frases: “Habla, Señor, que tu hija escucha” … “Heme aquí Señor, para hacer tu voluntad” … “Ven Espíritu Santo y guía este momento de oración”.

1. Lectio

Lee el pasaje de hoy, lentamente… y si puede ser en voz alta, mucho mejor.

Haz tu composición de lugar, ubícate dentro de la multitud y contempla la escena… sumérgete también en la experiencia narrativa de la parábola, es decir, lo que Jesús narra es muy bien conocido por toda la audiencia, seguramente muchos son sembradores… y tú también… experimenta cada terreno bajo tus pies: la tierra suave, la dureza de las rocas, la maleza enredada en el camino, el sol, los pájaros alrededor… Obsérvate lanzando generosamente y por todas partes, esas semillas… No tengas prisa.

Date cuenta de que esta parábola tiene dos partes: la narración propiamente dicha (vv. 1-9) y la explicación que Jesús da a sus discípulos (vv. 18-23). Si así lo necesitas, retoma la lectura de las partes que consideres, subraya lo que más te haya gustado o llamado tu atención.

2. Meditatio

Vuelve a esas partes que has resaltado del texto, pero ahora detente en la parte que más haya resonado en tu corazón. Hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo está mi terreno hoy?
  • ¿Está como el camino, expuesto a la acción de los pajaritos? ¿Escucho la Palabra, pero la olvido rápido porque permito que el ruido del mundo los borre?
  • ¿Está como las piedras? ¿Me entusiasma rápidamente participar en los proyectos de fe o de ayuda a los demás, pero ante la primera dificultad o crítica abandono? ¿Las raíces que han brotado de las semillas anteriores son poco profundas?
  • ¿Mi terrero está espinoso? ¿Cuáles son esas "preocupaciones del mundo" que hoy están asfixiando mi tiempo de oración, mi paz, mi perseverancia o mi generosidad?
  • ¿Cómo acojo la generosidad del Sembrador? Dios no se inhibe de sembrar en ti, en mí, en todos los que formamos parte de su cuerpo, incluso cuando sabe que estamos secas o llenas de espinas, fangosas de preocupaciones y de ocupaciones estériles, creyendo que todo lo tenemos bajo control. El Sembrador sabe muy bien, que no toda semilla brotará y dará fruto y, aun así, sigue generosamente lanzando sus semillas, “a tiempo y a destiempo” … ¿Eres agradecida con esa paciencia?

3. Oratio

Ha llegado el momento de hablar con Dios. Transforma todas tus reflexiones de la meditación de hoy, en oración sincera y abierta, porque sabes que Aquel que sembró en ti, te atiende, te cuida, te riega, te protege.

Cuéntale de tus dificultades con las semillas que Él ha colocado en tu vida: las distracciones, la falta de constancia, coméntale de tus miedos y ansiedades, de tus necesidades económicas, laborales, familiares, de salud… Él sabe cómo quitar las malezas que entorpecen el crecimiento y fortalecimiento del tallo que ya ha brotado en ti.

Pero también háblale de esas planticas que sí han crecido, de las que ya están dando frutos, de la dulzura de las bayas que brotan producto de tu servicio, de tu entrega, de tu amor…

4. Contemplatio

Te invito ahora a entrar en un momento de puro silencio amoroso.

Contempla a Jesús mirándote con ternura. Él es el Sembrador. No te juzga por tener piedras o espinas; se alegra de que estés allí, permitiéndole labrar tu tierra. Simplemente, descansa en su presencia durante unos minutos, sabiendo que eres amada, cuidada, cultivada con profundo amor.

5. Actio

La Palabra de Dios es viva y eficaz, pide encarnarse y por eso, también te llama a ti para sembrar. El Señor sabe de tus experiencias, de tus anhelos, de tus deseos por un mundo mejor, de tus ganas de hacer que las semillas de fe, amor, servicio, justicia sean los bosques que embellecen el Reino que, como don y tarea, nos invita a sembrar.

¿A qué te sientes llamada? ¿Qué quieres sembrar? ¿Estás consciente de que en nuestra Iglesia tenemos los mismos terrenos que se encuentra el Sembrador en su faena?

Si te encuentras un terreno rocoso, ¿te animas a ser paciente y amable con esa persona que me cuesta tolerar, sin rendirte a la primera provocación?

Si, por el contrario, el terreno es espinoso, con muchas distracciones como las notificaciones del celular ¿te animas a apagar esas distracciones, un tiempito determinado, para dedicar tiempo de calidad a aquello que sabes que necesita de ti?.

El Señor te ha llamado “dichosa”, porque tus ojos ven y tus oídos oyen; cuenta contigo para esparcir las semillas del Reino hasta los confines de la Tierra ¿Lo acompañas a sembrar?

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