#LectioDivinaFeminista
¡Alégrate, canta hija, mira a tu Rey que viene a ti!
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Lectura: Mt 11,25-30 “En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre lo conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”
Tejiendo la Palabra: Alégrate, canta, mira a tu Rey que viene a ti, su presencia convoca a la vida en abundancia, a descansar en su amor y bondad: “Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso. Aprendan de mí, soy manso y humilde de corazón” la certeza de su presencia nos la da el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos que habita en nosotras. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Meditación:
Es muy sugerente la liturgia de este domingo decimocuarto del tiempo ordinario. Nos ubica en el anuncio que hace Jesús del misterio del Reino de los Cielos, según la comunidad de Mateo. Se ha ido preparando el terreno para este mensaje que describe las cualidades del reinado de Dios en la persona de Jesús.
El profeta Zacarías en la primera lectura prefigura ese reinado: alégrate, hija de Sión… los últimos son los primeros y los excluidos, las mujeres son las invitadas de honor para el encuentro con el rey que viene justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica… destruirá los caballos y romperá los arcos de los guerreros, dictará la paz a las naciones y dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
Es un reinado que destruye los imaginarios de los reinados imperantes en todos los tiempos, la inclusión, la cercanía, la solidaridad y la ternura es un rasgo del Rostro de Dios que Jesús nos revela, la humildad y la sencillez, la justicia será la señal que derriba a los soberbios y enaltece a los humildes. La fuerza de los caballos es vencida por la pequeñez del burrito. La paz es la bandera de las naciones y su Luz brillará de mar a mar … Del Gran Río hasta el confín de la tierra. En todos los rincones de la casa común se conocerá el reinado del Amor que libera y salva, que ama y protege, que cuida e instaura la armonía y la paz.
La presencia del que resucitó a Jesús es quien habita en nosotras y nos dará la Divina Sabiduría para decidir y actuar según su voluntad que siempre está en favor de la vida, la justicia y la paz.
Del corazón de Jesús, brota la expresión de acción de gracias al Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ha escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las ha revelado a la gente sencilla. Es ahí en la simplicidad de la vida, en lo que no se ve, en dónde se prepara el terreno para que acontezca el reinado de Dios, cuando la única certeza es que el Amor primero y fundamento de la existencia humana es lo que capacita para entender la Sabiduría Divina que transforma el corazón, la mente y las acciones en favor la vida, la dignidad y el cuidado de sí, del otro y de la naturaleza que nos abraza y sostiene. La comunión de amor entre el Padre, el Hijo a aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar, es un don y una gracia para un corazón libre de importancias y seguridades que lo ciegan y sencillamente se abre como la flor a la luz del sol en cada amanecer y cada atardecer se recoge con la confianza de que su existencia está en las manos de su creador y eso basta.
Cuanta sabiduría se esconde en la mirada de la mujer que ha encontrado la moneda que se le había perdido y hace fiesta con sus amigas porque solo ella conoce el valor tan grande de esa moneda, es la lucidez de sentirse abrazada por la salvación y liberación de quien habita en su ser y la hace protagonista de su historia, su fe y su esperanza no han sido defraudadas, ya nadie le tiene que recordar su valor, pues su valía fundamental está en el Dios que Jesús le ha revelado. Te bendigo Padre, porque te ha parecido bien que sean las mujeres, los pobres, los últimos, los excluidos… los predilectos del Reino, sí Padre, así te ha parecido bien. Por eso el profeta lo recuerda una vez más, alégrate, hija de Sión, canta hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti.
Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Hoy es el tiempo de gracia, hoy es el día de la salvación, en el aquí y ahora en la gente sencilla y humilde acontece el reinado de Dios, no lo notan, hay conciencia crítica, el Espíritu de Dios lo renueva todo, ya despunta la aurora de la justicia y la Buena Noticia de Jesús nos abre las puertas de un nuevo momento en la historia de salvación, Él es la fuente de todo bien y ya nadie puede impedir que la Sabiduría Divina se revele al ser humano que sintoniza con esta Palabra de Jesús que se nos entrega hoy.
Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán su descanso. Ante el peso de las tradiciones religiosas, las creencias, el patriarcado que ha pesado sobre las seguidoras de Jesús, Él nos dice que su yugo es llevadero y mi carga ligera, pues el Reino se nos ha revelado porque al Padre le ha parecido bien mostrarnos las cosas que están escondidas para los sabios y entendidos.
Seguir haciendo camino en el discipulado de iguales, es nuestro compromiso en lo pequeño y cotidiano, en lo que no se ve a los ojos de las estructuras socio-eclesiales que invisibilizan los intentos por ser más cercanas a la propuesta de Jesús, pero que nada detendrá ya el horizonte señalado por Jesús y que sigue siendo tan actual como en aquel tiempo.
Oración:
Te alabo y te bendigo Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque tu infinito amor y bondad se derrama sobre los pequeños y la gente sencilla.
Te alabo y te bendigo, porque te ha parecido bien así,
llenar el corazón de las mujeres, de los niños, de los pobres, de los desheredados de la Divina Sabiduría y ya nadie podrá silenciar su clamor por la vida, la justicia y la paz.
Te alabo y te bendigo, porque cada día antes de que salga el sol, renuevas tu amor
y tu promesa de amar a todos sin distinción.
Te alabo y te bendigo, porque tu Hijo nos ha querido revelar tu rostro cercano y misericordioso, amoroso y bondadoso, libre y liberador.
Te albo y te bendigo, porque solo en ti encuentro descanso y refugio seguro
nada temo, sostienes mi fragilidad y no pides nada que supere mis fuerzas.
Me enseñas cada día que eres paciente, compasivo, manso y humilde de corazón,
así me despojas de mis equivocadas soberbias y pretensiones vacías.
Te alabo y te bendigo, Padre / Madre del cielo y de la tierra. Amén.
Contemplación:
Contemplo la oración de Jesús…
¿Qué agradezco hoy…?
¿Cuáles son mis agobios y cansancios?
¿Cómo se está revelando Dios Padre/Madre en el hoy de mi historia?
Acción:
Con un grupo cercano de fe/vida, compartir lo que resuena en el corazón de la liturgia de este domingo.
¿A qué nos invita? ¿A qué nos desafía? ¿Cómo seguir anunciando el reinado de Dios en nuestra realidad de hoy?
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