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Y es tan vital lo que le comparte, que esta MUJER lo reconoce como el Mesías

#traslashuellasdesophía (5)
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Martha Eugenia, Mujer Mariposa
11 mar 2026 - 02:36

Jesús y la mujer samaritana

Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria.  Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.

Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo. Jn 4, 1-15.39-41

Cansada, enojada, desalentada, abrumada y más estás, porque no ves movimiento o los resultados que esperas. Así estaba la samaritana, esa vez que fue al pozo y se encontró con Jesús. Las mujeres tenían que sacar agua del pozo y lo hacían lo más temprano que podían porque el clima era abrumador. Pero para algunas mujeres que eran discriminadas aún por las mismas mujeres lo hacían en las horas más calurosas, multiplicando sus afanes. Ahí ve a Jesús sentado que se dirige a ella, pidiéndole agua. Está sorprendida, los samaritanos no se hablaban con los judíos, por una animosidad histórica y teológica fomentada desde un poco más de nueve siglos. Como a veces sucede entre los grupos o personas de una comunidad parroquial o también entre mujeres que, buscando un fin común, tienen desacuerdos que parecieran irreconciliables, porque los orgullos son puestos antes que las razones para lograr el objetivo común.

 Pero un adversario, un judío le pide ayuda y con ello le muestra que cualquiera necesita de otros, sin importar que no sigan o tengan los mismos lineamientos para conseguir el bien común. Y no solo eso, sino que le habla con respeto y cordialidad, un hombre que se dirige a una mujer como ella. ¿Qué acaso no sabe que a una como ella se le ignora despreciándola o se le trata despectivamente? De la misma manera en que algunos por tener mayores conocimientos o mayor antigüedad en la comunidad parroquial, se dirigen a los otros como si fueran menos importantes o entre mujeres, se minusvaloran porque unas están más lejanas a los dirigentes eclesiales o apenas van iniciándose en su conocimiento de la Madre/Padre Dios.

           No obstante, Jesús con paciencia y disposición le hace reflexionar de lo que es su vida y le da esperanza al compartirle que Él tiene agua viva. Hay que saber que para ella eso era una esperanza de vida, pues ese pozo que era el llamado de Jacob fue forjado a través de muchos años, con sumo esfuerzo. Pues gracias a que el agua se filtraba a través de la piedra en las profundidades, era agua pura que servía para tomar y para la ceremonia de la purificación, ya que la escasa que había en ese lugar la mayoría era encharcada, que solo se utilizaba para las tareas domésticas y para darles de beber a los animales. Por tanto, obtenerla, era un trabajo muy difícil para las mujeres, pues el pozo medía más de veinte metros de profundidad y sacar el agua era un trabajo que correspondía a ellas solamente. Tanto como es tan difícil cuando a una MUJER empoderada se le ponen tantas trabas en su ámbito eclesial para compartir la Buena Nueva con perspectiva femenina o aún más es criticada por plantear nuevos anhelos como el compartir los quehaceres en la liturgia, pues tanto la MUJER como el varón fueron creados con igual dignidad, a imagen y semejanza de la Madre/Padre Dios.

           Pero Jesús le habla de tal forma que aun con las irregularidades con que vive, le hace saber, le hace sentir que tiene dignidad, que es tomada en cuenta, que no es como culturalmente le han dicho que debe ser y comportarse o de lo que patriarcalmente le han hecho creer para quitarle las opciones que posee pero que desconoce. Y es tan vital lo que le comparte, que esta MUJER lo reconoce como el Mesías y hasta se le olvida el cántaro de barro, que se parece a lo que han sido sus creencias hasta entonces, algo que se raja, que se rompe, que es temporal. Por lo que contenta y presurosa se va a comunicar la Buena Nueva con su estilo femenino, contagiando a quienes la oyen, ocasionando que los que la escuchan, quieran experimentar también de la buena noticia que ese forastero, que ese profeta, alguien con quien no debieran relacionarse, pero que les trae un mensaje de Vida Nueva, de esperanza. Y es tanto lo que están sedientos del Agua Viva que les comparte, que le ruegan se quede un tiempo con ellos. Y Jesús, fuente de amor y misericordia, lo hace, se dona y en ese desierto desesperanzador, Él como Agua Viva que es, los refresca y les infunde vida. De la misma manera en que tú, MUJER necesitas refrescarte continuamente en la Palabra que es Él para así poder con esperanza proseguir en tu esfuerzo de manera sorora para que otras contagiadas, alcancen también a ser mensajeras del Agua Viva que les infunde vida y a los que las rodean.

yo soy el agua viva
yo soy el agua viva

           

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