#LectioDivinaFeminista
El discipulado de iguales y la proclamación de fe de Marta
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Lectura:
Solo algunas expresiones del texto que nos ayudan a vislumbrar la Promesa (1ª lectura) el Cumplimiento (Evangelio)Consecuencias para nuestra vida cristiana (2ªlectura) hilo conductor que nos ayuda a recordar la bondad y ternura de Dios con nosotras:
“Yo mismo abriré sus sepulcros… pueblo mío. Les infundiré mi Espíritu, y vivirán, los colocaré en su tierra y sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago”
“Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado… cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa… y dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”
“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará… ¿Crees esto?... ella contestó: Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.”
“Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en nosotras, vivificará también nuestros cuerpos mortales por ese mismo Espíritu que habita en nosotras”
Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa, mi alma espera en el Señor.
Meditación:
La Promesa Divina es para todas las generaciones de las generaciones. La certeza de que Él sigue infundiendo su Divina Sabiduría en nuestros corazones, nos anima ser pregoneras de la vida, la fe y la esperanza por donde quiera que nos encontremos.
Hoy nos encontramos con un relato bíblico que nos nutre e inspira a salir con Marta al encuentro del Maestro, que se acerca a restaurar la vida y abrir los sepulcros en los que hemos permanecido durante siglos, pues nuestro “hermano Lázaro” ha muerto y su muerte es la oportunidad para que se comprenda el misterio de la Vida que sobrepasa las barreras y límites que la humanidad ha demarcado, fruto de su incapacidad de comprender que la sola presencia es posibilidad de vida nueva, resurrección y nuevos horizontes en el anuncio del Reino que se inaugura con la respuesta de fe, de escucha atenta y activa de quienes viven el seguimiento de Jesús desde la experiencia del discipulado de iguales.
Fijemos la mirada en los tres hermanos: María, la discípula que se ha puesto muchas veces a los pies del Maestro para sintonizar con su Palabra de vida, incluso quien ha ungido al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera, esta vez se queda en casa. Espera a que Marta, la otra discípula, salga al encuentro de Jesús, el camino de discipulado de Marta, es único como lo es el de cada una de nosotras, la experiencia vivida le da autoridad para dialogar con el Maestro e indagar por el sentido trascendental de la existencia humana que no termina con la muerte y es la ocasión para ella hacer su profesión de fe y sintonizar con la Divina Sabiduría de Jesús: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.” Eres el Maestro que tiene autoridad y nos ha mostrado una nueva manera de vivir como hermanas y hermanos, en donde todos tenemos un lugar, un rostro, una misión y un compromiso con el anuncio del Reinado de Dios, pues somos iguales y la máxima dignidad es sabernos hijas/hijos del mismo y Único Padre/Madre que quiere el bien, la vida y la salvación de la humanidad.
Lázaro por su parte el discípulo amado, el amigo y hermano quien, en la casa de Betania, ofrecía la acogida, la escucha y el calor de hogar de los discípulos que hacen fiesta y celebran el encuentro con el Maestro. Sienten profundamente su ausencia, en este momento límite de la vida, cuando solo la fe puede alumbrar el camino.
El Maestro se acerca una vez más a la realidad humana y comparte el dolor: ¿dónde lo han enterrado?... Señor, ven a verlo. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería! El verdadero encuentro con Jesús, transforma el ser en profundidad, las relaciones humanas. No es posible hablar del Maestro si la vida dice lo contrario. Solamente nuestra fe es auténtica si reconocemos a la otra persona que camina a nuestro lado, a su ritmo, pero con la única certeza de que somos iguales en el discipulado y que las mujeres hemos sido pioneras en la profesión de fe, en la escucha del Maestro, en el anuncio de la resurrección, en ser el santuario de la vida que germina y nace para ser testimonio una Iglesia soñada por Jesús, de una comunidad donde solo se contempla el privilegio de amar y servir como Él nos enseñó.
“El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en nosotras y vivificará también nuestros cuerpos mortales por ese mismo Espíritu que habita en nosotras” esta buena noticia, consuela el alma y alienta nuestra misión compartida, el deseo de hacer viva y eficaz la Palabra que hoy hemos recibido. No tengamos miedo, Él abrirá los sepulcros del patriarcado que ha invisibilizado por siglos el papel de la mujer en la Iglesia y sobre todo ha negado la posibilidad de ejercer el discipulado de iguales en la Iglesia institución, aunque se vea claramente que se ha ejercido plenamente en las comunidades cristianas de base y en la Iglesia de Jesús, en el banquete del Reino, en la fiesta cotidiana donde se parte y comparte el pan con el pobre, el desamparado, el que llega al hogar y encuentra acogida, calor humano, un puesto en la mesa y un plato con un trozo de pan, para recordar el mandato de Jesús: cuando compartan el pan, acuérdense de mí.
Oración:
La liturgia nos prepara para vivir una vez más, la memoria de la Pascua de Jesús y su pueblo, el sufrimiento y el dolor de la humanidad y de la tierra herida actualiza la pasión de hoy, nos alienta la esperanza de que tú mismo, Señor compartes nuestro dolor, penas, alegrías y esperanzas de hoy. Tu amor nos sostiene y sigue sosteniendo para que no claudiquemos ante tanta injusticia y marginación a la que nos siguen sometiendo, por el ansia de poder, dominio y explotación de la Madre Tierra y de la herencia de todos los hijos e hijas que necesitan la casa común para seguir viviendo.
Aquí estamos, Señor, confiamos en ti, eres nuestra vida plena, eres nuestra esperanza, contigo sabemos que la PASCUA renueva el sentido de la vida, junto a ti seguiremos ensayando el Reino en medio de la realidad de hoy y con una fe activa y comprometida seguiremos proclamando como Marta: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.” Así lo sentimos y así lo esperamos, amén.
Contemplación:
Con los ojos del corazón y los oídos del alma contemplamos el paso de la Divina Sabiduría en nuestra vida, hoy acontece este encuentro con el Maestro: una vez más llega a nuestro hogar, lo hemos llamado desde lo hondo de nuestro ser, como Marta y María, ante la angustia de no saber qué hacer ante la muerte de nuestro hermano, no hay consuelo, sentimos que eso ocurrió porque el Maestro no estaba entre nosotras, pero aun así confiamos que él no tarde en llegar y su presencia es vida, él remueve la piedra del sepulcro, él restaura la vida, la fe, la esperanza.
Contemplemos a Marta, mujer que no duda, sabe en quién ha puesto su fe, su confianza, sabe quien es su Único Maestro, y, por lo tanto, es su voz la que resuena en su corazón y la lleva a expresar su fe. Marta es la discípula que ha hecho camino en el discipulado de iguales.
¿Cuál es el camino de fe que me ha traído hasta aquí? ¿Quiénes son mis compañeras/compañeros de discipulado? ¿A qué nos invita hoy el Maestro? ¿Cuáles sepulcros necesitamos abrir y liberar la vida y la esperanza que ha sido sepultada?
Contemplemos a María, la discípula de la escucha a los pies del Maestro, la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. Es el discipulado que se desborda en el amor en gratuidad, que se entrega a sí misma para demostrar que el amor es efectivo cuanto es afectivo y reconoce en la piel del otro al Señor y al Maestro, que restaura la vida desde adentro y que recibe el afecto como un regalo del cielo.
Contemplemos a Lázaro, el amigo fiel que no hace oír su voz porque su vida habla más fuerte; su discipulado es desde el amor que abre al paso del Maestro que sin duda escucha su voz y está atento a sus gritos de auxilio. Su discipulado es fuerte porque no está solo, es una comunidad de vida y amor con sus hermanas Marta y María.
Contemplo con gratitud las personas que me han ayudado y sostenido en este camino de seguimiento, con quienes he ejercido conscientemente el discipulado de iguales. Agradezco y contemplo…
Acción:
En los pequeños grupos de vida, compartir las intuiciones que me llegan de la Palabra. Hacer el ejercicio de lectura inter textual de los textos del evangelio que hablan de Marta, María y Lázaro, contemplar los personajes procurar contextualizar la experiencia de fe y de seguimiento como camino incluyente, sinodal.
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