UN HIJO DE LA HUMANIDAD

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En este paso Jesús me invita a mirar la realidad con sus ojos. Me regala su revelación

Lectio Divina Feminista ciclo A 2026  (6)
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19 ago 2026 - 00:00

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió:

 «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Y Jesús le dijo:

 «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.

Y yo te digo:

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

LECTURA

Lo primero que me llama la atención de este texto, es que, cuando Jesús quiso sondear qué pensaban de Él sus contemporáneos, se refirió a sí mismo como “el Hijo del Hombre”. La expresión corresponde al término judío “ben-adam” y se puede traducir simplemente como hijo de un ser humano, hijo de la humanidad. Este es el punto de partida de Jesús: se identifica con todo ser humano.

En nuestra cultura, para hablar de la humanidad toda suele usarse la expresión “el hombre”. Cuando escucho “el hombre” a mí se me viene a la cabeza esa figura tan conocida en occidente: el dibujo del “hombre perfecto” diseñado por Leonardo Da Vinci, el varón de proporciones exactas y armoniosas. ¡Qué lejos queda esa figura ideal de la realidad de toda la humanidad, imperfecta, desproporcionada y lastimada! A lo largo del Evangelio, Jesús se identificará con la humanidad no en su armónica perfección, sino en la necesidad y la debilidad. Así lo dirá en Mt 25: tuve hambre, estuve enfermo… ¡Qué Mesías desconcertante, identificado con los pequeños y los que no valen a los ojos del mundo!

Cuando Pedro responde, a primera vista podríamos pensar que ha dado en la tecla: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. ¡Cuánto del hombre perfecto habría en esa idea de Mesías! Un Mesías, sano, libre, “completo”, autosuficiente, aplaudido y victorioso. Por algo, el pasaje termina con la prohibición de Jesús de divulgar ese mesianismo.

MEDITACIÓN

Bienaventuradas nosotras si dejamos que nos llegue esta revelación del Mesías “hijo del hombre”, “hijo de la humanidad”, humanidad pura, real, concreta, en su pequeñez y vulnerabilidad.

Felices nosotras si podemos ver al Ungido justamente en aquellas personas que el mundo no unge de gloria.

Felices nosotras, si la Ruaj amorosa nos revela este discipulado de cercanía y acompañamiento a la humanidad en cada uno de sus hijos e hijas.

¿Sobre qué piedra vamos a edificar? ¿Cómo construiremos una iglesia donde todas las personas caminantes tengan lugar?

Felices nosotras si somos parte de una iglesia que edifica la solidez y la firmeza en el amor que circula y unge a las personas con espíritu de vida, al margen de títulos y honores.

Felices nosotras cuando el Amigo Jesús nos revela nuestro nombre y nuestra identidad.

Felices nosotras cuando encontramos al Hijo de la Humanidad en las sedientas, las hambrientas, las desnudas, las que no tienen casa, las enfermas,  las que están presas.

Felices nosotras cuando de ese modo tocamos la pura humanidad de nuestro Amigo en todas las personas pequeñas.

ORACIÓN

Me tomo unos momentos para dialogar con Jesús.

Él me pregunta: ¿Quién soy yo para ti?

Le respondo desde mi historia y mi camino con Él. Puedo usar términos que ya otras personas creyentes usaron antes – Maestro, Salvador – pero también pueden aparecer formas personales de nombrarlo.

Y escucho que, como a Simón, también a mí Jesús me revela mi propia identidad. ¿Qué me dice Jesús de mí misma?

CONTEMPLACIÓN

En este paso Jesús me invita a mirar la realidad con sus ojos. Me regala su revelación. Le doy gracias porque también a mí me dice “esto te lo ha revelado el Padre”. Atesoro esa revelación.

ACCIÓN

Podemos revisar en comunidad nuestras ideas de Mesías. Una buena forma de hacerlo es releer oraciones o plegarias que usamos cotidianamente. ¿Con qué títulos lo invocamos? ¿Esas formas de llamarlo reflejan el Mesianismo del Hijo de la Humanidad, o en el fondo esconden nuestros deseos de éxito?

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