#8MCuaresma
Misericordia… una enseñanza desapercibida
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La bendición de la relectura no es aprenderse de memoria un relato, historia o texto… La bendición de la relectura son los tesoros que vas descubriendo cada vez que lees ese relato, esa historia o ese texto.
Un relato conocido y catalogado como una muestra magistral de cómo debe aplicarse la ley y la sabiduría, esconde un tesoro que merece la pena exponer, una enseñanza que pasa desapercibida por asumir que alguien de condición sencilla o de baja posición o de posición vulnerable no tiene algo que aportar a nuestro conocimiento o crecimiento.
El tesoro lo encontramos en 1º Reyes 3.24: "Y añadió el rey: —Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. 25 En seguida el rey dijo: —Partid en dos al niño vivo, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra. 26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y le dijo: — ¡Ah, señor mío! Dad a esta el niño vivo, y no lo matéis. —Ni a mí ni a ti; ¡partidlo! —dijo la otra. 27 Entonces el rey respondió: —Entregad a aquella el niño vivo, y no lo matéis; ella es su madre."
En una época en la que el Rey era el máximo representante de Dios y su palabra era ley, aparece una mujer que desafía con amor y misericordia aquella ley que se supone, estaba cargada de sabiduría.
El relato la describe simplemente como una ramera, sin nombre, sin dueño, sin respaldo alguno, ¿Cómo es posible que ante el Rey llegaran dos rameras? ¿Cómo es posible que el Rey atendiera sus asuntos? La ley en ese entonces negaba al pueblo que habitará en medio de ellos mujeres con tal reputación, ¿Qué hacían ellas allí?
Bien podríamos debatir desde varias perspectivas estas preguntas; sin embargo, es mejor enfocarnos en la enseñanza que nos permite una mujer, alguien de su reputación (recordemos que Salomón era el sabio de sabios) y esta mujer es quien le enseña que la misericordia no puede ser superior a la ley, que la vida debe procurarse y que debe ser prioridad el bienestar del prójimo. Pensemos en ella, pensemos en el momento y las circunstancias y reflexionemos, ¿Acaso esta mujer nos refleja a Jesús? Un ser que se despoja de ella misma en favor de otros, vulnerables y sin voz, el niño; esta mujer se atreve no solo a desafiar todas las leyes de su contexto, también al mismo Rey, algo que bien podría costarle la vida, el relato hace énfasis… porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo y por ello no le importó poner en riesgo su vida a cambio de salvar la vida de su hijo; no le importó incluso que quedará bajo el cuidado de la otra mujer, le importó la vida del niño y su bienestar.
Me parece que el triunfo más grande de su sabiduría (la de la mujer) además de salvar la vida del niño fue mostrar que podemos dejar a un lado la ley del talión y entonces tomar el camino del amor, el camino de la justicia de Dios, que es misericordia, que es vida y amor, amor desinteresado que nos permite cuidar del otro y ¡Claro! Vivir en gratitud, así como vivió y actuó Jesús.
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