El Misterio de Dios La grandeza tras la baja posición
#sentipensares2026
Ponerse en una baja posición es comprender, ponerse en los zapatos de los humillados, de los discriminados, de los abusados, de los desvalidos
Mateo 18.4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.
Abuso sexual
Enfermedad
Hambre
Esclavitud
Enfermedad
Desprecio
Pobreza
Humillación
Muerte
Son algunas de las situaciones que sufrían los niños en la época de Jesús, lo que lleva a las preguntas...
¿A qué pudo estar expuesto Jesús?
¿Qué tanto de esto pudo atestiguar?
¿Qué de esto pudo haberle alcanzado?
Seguramente Jesús fue un niño bien atendido y cuidado; María habría tomado todas las precauciones para procurar su bienestar, después de todo era el Mesías prometido. Pero esto no garantizaba que Jesús no se hubiese enfermado o lastimado accidentalmente, y por más cuidado que estuviese tampoco era garantía para librarse de su contexto, de la realidad de los niños de esa época.
Jesús no fue indiferente o ajeno a aquella realidad, por ello no es de extrañarse que al ser adulto y tener voz su ministerio haya sido enfocado en favor de aquellos en situaciones vulnerables, mujeres, niños, enfermos, discriminados y rechazados.
Lo que sí pareció extraño fue su respuesta a la pregunta ¿Quién es el mayor en el Reino de Los Cielos? Y he aquí un maravilloso misterio a descubrir, ¡claro! Revelado para un corazón abierto y dispuesto.
Y es que además del pueblo, los discípulos creían que la prioridad era el poder, un puesto, las jerarquías; aun cuando no supieran qué hacer con ese poder o autoridad. Jesús les muestra parte de la naturaleza de su Espíritu, ese Espíritu que habita en el creyente actual, un Espíritu que nos llama a un amor social.
Un amor social que no necesariamente debe darse solo en la iglesia (aunque es justo que se promueva en ella) un amor social que puede darse sin títulos, sin jerarquías u objetivos que beneficien un fin político en cualquier nivel.
Ponerse en una baja posición es comprender, ponerse en los zapatos de los humillados, de los discriminados, de los abusados, de los desvalidos, de toda necesidad del prójimo y entonces desde el lugar privilegiado que tenemos nos pronunciemos en acción y favor de ellos. Sin excusas, sin temores, determinados a aprovechar cada oportunidad de dar a conocer este misterio al mundo.
Allí el camino a la grandeza...