PARTERAS

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Las mujeres parteras que con su sabiduría guardan y transmiten las habilidades necesarias para culminar el alumbramiento de las nuevas criaturas

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Elena Gortázar
03 feb 2026 - 05:13

Hoy queremos detenernos en el trabajo de las mujeres vinculado a la vida. Hacer posible la existencia humana arranca del momento en que la mujer culmina el proceso de gestación y sobreviene el parto, este hecho requiere labores que han sido universalmente ejercidas por mujeres denominadas parteras.

Esta potente figura femenina nos ofrece un universo simbólico insondable que representa la conexión con el origen de la vida y su desarrollo humanizador. Un símbolo perdurable de la sabiduría, del conocimiento, de la energía y la fuerza de las mujeres en su arraigo en la tierra. La partera resume el conocimiento transmitido de generación en generación.

Para abordar uno de los oficios más decisivos en la historia de la humanidad y comprender el poderoso significado de la figura de la partera tenemos que remontarnos a la mitología en la que descubrimos que siempre ha formado parte de la experiencia religiosa de los pueblos.

La ceremonia india Valaikappu se celebra en sur de la india en los últimos meses del embarazo, dirigida a la diosa Rika protectora del espíritu y del valor de las mujeres, así como de la fertilidad, en la ceremonia se hacían plegarias para el bienestar de la madre y el del bebé.

Los griegos veneraban a Eileithyia como la diosa del parto, hija de Zeus y vinculada a Artemisa, ella cuida y alivia a las parturientas, tenía numerosos santuarios.

En la mitología azteca se la denominaba Toci, era conocida como Nuestra Abuela, patrona de las parteras. Se le asociaba a la fertilidad y la adivinación, unida a Teteo Innan formaban parte de las Madres de los Dioses, se les veneraba como asistentes en los partos.

En distintas culturas son consideradas como Mediadoras Espirituales por considerar que tienen el don de conectar el mundo espiritual y el material. Poseedoras de una sabiduría ancestral sobre el embarazo, el parto y los cuidados al bebé y a la madre.

En el antiguo Israel, las parteras tienen un papel predominante ligado a Yahvé en la obra misma de la creación. A lo largo de su historia Israel vincula estrechamente el parto con principios de carácter religioso que dan lugar a rituales y normas específicas del alumbramiento. Mención especial merecen las parteras Sifra y Puah por su crucial intervención en el relato del Éxodo, (Ex.1: 15-20). Estas mujeres reciben la orden expresa del Faraón, de dar muerte a los varones recién nacidos de forma terminante y directa, mandato patriarcal que impone la muerte donde debe aflorar la vida. Una vez llegado el momento, las parteras Sifra y Puah desobedecen el mandato y operan en favor de la vida.

Mujeres valoradas por el tipo de trabajo que ejercían en la vida corriente, y que según Denise Kingdom “el temor del Señor las llevó a ser extraordinarias hacedoras de justicia”, mujeres que representan la decisión por implantar la justicia en condiciones de manifiesta desigualdad, su resiliencia hace posible una realidad alternativa a la realidad impuesta por el sistema patriarcal dominante. Este desacato de las normas reales va estrechamente vinculado a la obediencia a la voluntad de Yahvé y enraizado en el origen de la gesta de liberación del pueblo.

En la Europa del Medievo las parteras sufrieron durísimas persecuciones sostenidas por difamaciones de brujería en procesos jurídicos de la Inquisición. Se les acusaba de actos, de intenciones y prácticas denigrantes, opuestas radicalmente al quehacer de las mujeres parteras, quienes valoraban por encima de su propia existencia la de alumbrar una vida nueva.

La tradición del alumbramiento ha permanecido a lo largo de la historia conservada por las mujeres parteras que con su sabiduría guardan y transmiten las habilidades necesarias para culminar el alumbramiento de las nuevas criaturas. Mujeres conocedoras de los entresijos de la vida y que preservan la posibilidad de la existencia, lo que nos hace clamar GRACIAS A LA VIDA.

El oficio de partera vincula a mujeres de distintas culturas y creencias en una actividad común y original cual es hacer posible aflorar la vida, acompañar y cuidar a la díada madre/nueva criatura. Requiere el uso de la cabeza, las manos y el corazón. La cabeza como depósito de conocimientos ancestrales en continuo enriquecimiento para mayor efectividad en el trabajo del alumbramiento y en la incorporación de nuevos conocimientos en el avance de la ciencia; las manos como  instrumentos que conectan con la nueva criatura, que acarician y sosiegan los cuerpos expuestos al límite de sus fuerzas, que extraen y presentan al mundo una nueva luz; y por último, el corazón que en la encrucijada de principios y valores dominantes, ofrece un sentido humanizador y elige su proyecto genuino de hacer posible la vida.

Como mujeres creyentes desarrollamos nuestro papel de parteras en distintos ámbitos de la vida, somos fuerzas vivas que en los escenarios de muerte ayudamos a que afloren las nuevas posibilidades de justicia en los múltiples alumbramientos necesarios en nuestro entorno.

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