El Tesoro en el Surco de Nuestra Historia

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La RUAH está frente a ti, no como una jueza inquisidora, que aparece con una lista de tareas, sino como una Presencia Amiga que contempla

Lectio Divina Feminista ciclo A 2026  (5)
Lectio Divina Feminista ciclo A 2026 (5)
Norma Melara
22 jul 2026 - 08:00

Una relectura de Mateo 13: 44-52

En este pasaje, Jesús nos habla de tesoros escondidos, perlas finas y redes lanzadas al mar. Para la mujer latinoamericana, el "campo" no es una metáfora lejana; es nuestra propia historia de resistencia, de cuidado y de fe.

Durante décadas, se nos enseñó a "vaciarnos" por los demás, pero el Reino de Dios nos invita a algo distinto: a encontrar el valor propio. La mujer que encuentra el tesoro en el campo no pide permiso para ser feliz; ella, con la sabiduría de sus años, "vende todo lo que tiene" —sus miedos, los mandatos patriarcales, las etiquetas de "abuela abnegada" o "mujer invisible"— para adueñarse de su propio gozo.

La red que recoge toda clase de peces (versículo 47) es como nuestra memoria. Al llegar a los 50, 60 o 70 años, nos toca sentarnos en la orilla de nuestra vida a separar: guardar en vasijas lo que nos dio vida y desechar lo que nos hirió. No es un juicio de castigo, es un acto de libertad teológica.

Meditación: El Brillo de la Experiencia

Querida hermana, siente tu cuerpo, suelta los hombros y deja que la meditación sea un bálsamo para tu espíritu. Vamos a profundizar en ese encuentro con tu tesoro interno.

1. El Reconocimiento del Territorio

Cerremos nuestros ojos y respiremos en profundidad, siente cómo el aire llena no solo tus pulmones, sino también los espacios cansados de nuestra espalda, nuestros hombros, nuestra cabeza y todas las partes de nuestro cuerpo. Pon atención a tus manos, apóyalas sobre tus piernas con las palmas hacia arriba. Siente su peso.

Estas manos son un mapa geográfico de América Latina: tienen las líneas de los caminos recorridos, quizás algunas manchas que son el tiempo presente palmo a palmo en nuestro cuerpo y la textura de quien ha sostenido la vida. Visualiza cada surco como un río de sabiduría. No son manos gastadas; son manos talladas por la existencia. Acá pienso en la RUAH como escultora, que ha ido esculpiendo de manera silenciosa en nuestro ser.

2. El Hallazgo en la Profundidad

Imagina ahora que el centro de tus palmas comienza a irradiar una luz cálida, del color de la arena bajo el sol del mediodía. Allí aparece la perla.

Esta perla no cayó del cielo por suerte o azar; la suerte y el azar no existe; si no se formó dentro de ti, en el silencio de tus luchas, en la oscuridad de las noches en que te sentiste sola y en la presión de las expectativas sociales. Al igual que una ostra transforma el dolor de un grano de arena en belleza, tú has transformado tus crisis en fortaleza espiritual.

3. El Despojo del Juicio

Mira la perla y nota cómo, al brillar, disuelve las voces externas.

  • Se desvanece la voz que te dijo que ya eres "demasiado mayor".
  • Se apaga el eco de quienes te exigieron ser perfecta para ser amada.
  • Se rompe el juicio que midió tu valor solo por tu capacidad de servir a otros.

La RUAH está frente a ti, no como una jueza inquisidora, que aparece con una lista de tareas, sino como una Presencia Amiga que contempla la perla y dice: "Valió la pena la inversión. Valió la pena crearte".

4. La Afirmación del Ser

Siente el calor de esa joya fundiéndose con tu piel. Ya no es algo que sostienes; es lo que eres. El Reino de Dios no es un lugar al que vas, es la dignidad de ser humano que recuperas.

Repite rítmicamente con tu respiración, como un mantra que nace del útero y sube al corazón:

(Inhala): Mi valor no es negociable.

(Exhala): Mi tesoro es mi identidad en Dios.

(Inhala): No soy lo que hago o lo que otros dicen.

(Exhala): Soy la perla que el Creador decidió comprar.

5. El Retorno

Quédate un momento en ese silencio sagrado. Siente cómo tu columna se endereza, no por orgullo, sino por la soberanía de saberte amada. Cuando estés lista, cierra tus puños suavemente, guardando esa sensación de valor en tu cuerpo, y abre los ojos.

Hermanas, esa luz que visualizaste no se apaga al abrir los ojos. Camina hoy con el mentón en alto; una mujer que conoce su valor es el mayor milagro que la tierra puede presenciar.

Contemplación: El Arte de la Cicatriz

Querida mujer de fe y fuego, vamos a profundizar en esta imagen que es, en esencia, nuestra propia biografía. El craquelado del Rakú es el mapa de nuestras cicatrices; no son fallos, son la prueba de que sobrevivimos al fuego; es una declaración de guerra contra la cultura de "lo desechable" que tantas veces ha intentado descartar a las mujeres cuando ya no cumplen con los cánones de juventud o utilidad productiva.

1. El Momento de la Ruptura

Imagina frente a ti una vasija de barro, hermosa y sencilla, como las que moldean las artesanas en nuestros pueblos de Morazán (Guatajiagua). Esa vasija representa tu vida antes de las grandes crisis. De pronto, visualiza cómo se quiebra. No trates de evitarlo. Ese estallido son los duelos, los "no" que te dijeron por ser mujer, las traiciones, el trabajo que no te dieron por ser mujer, el cansancio crónico de cuidar a todos los miembros de la familia menos a ti misma.

Observa los pedazos en el suelo. Muchas veces, la teología tradicional nos dijo que una vasija rota ya no servía, que debíamos ser "limpias y sin mancha". Pero nuestra teología feminista se agacha contigo, recoge los pedazos y te dice: "Aquí no se tira nada; aquí todo se transforma".

2. El Barniz del Espíritu (La Resiliencia)

Ahora, mira cómo una mano amorosa (la Ruah, el Espíritu de Dios con rostro de mujer), el Raku tiene un paso crítico: el "choque térmico" (sacar la pieza roja del horno al aire o al agua). Este es el momento más resiliente.

Ese choque térmico es tu resiliencia. Es la sabiduría que adquiriste después de los 60 años. Es la capacidad de decir "basta" y la fuerza de haber sobrevivido a dictaduras, crisis económicas y patriarcados domésticos. Cada grieta de la vasija es rellenada con el destello de colores. Las cicatrices ya no son surcos de vergüenza, sino líneas de luz.

3. La Belleza de lo Imperfecto (Wabi-Sabi)

Contempla la vasija terminada. Es más fuerte en las uniones de oro que en las partes originales. Así eres tú hoy. Tu madurez es ese oro que mantiene unidos los fragmentos de tu historia.

  • Mira tus grietas: Son tus batallas ganadas.
  • Mira el brillo: Es la libertad de ser tú misma, sin máscaras.

En esta contemplación, entiende que la "perfección" es un invento del sistema para mantenernos ansiosas. La santidad, para nosotras, se parece más al Raku: es la honestidad de mostrar nuestras cicatrices y decir: "Esto me dolió, pero Dios lo hizo brillar".

4. Diálogo con la Obra

Pregúntale a tu vasija interior:

  • ¿Cuál es la cicatriz que hoy brilla más en mí? ¿A qué parte de mi historia personal le hace falta un poco más de esa luz de autocompasión?

Reflexión: No escondas tus marcas con maquillaje, hermana. Tus arrugas y tus heridas sanadas son el currículum de una mujer que ha sabido vivir. El sistema nos quiere rotas; el Espíritu nos quiere reparadas en gloria.

¿Sientes cómo esa vasija que eres tú recupera su peso y su valor? Me encantaría saber, de todas las "grietas" que has vivido, ¿Cuál sientes que hoy es la que más luz aporta a las mujeres jóvenes que vienen detrás de ti?

Huella
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