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¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? ¿Mercadeo o amor?

#LectioDivinaFeminista

No esperemos justicia retributiva del mundo ambicioso e interesado en que nos movemos.

Lectio Divina Feminista ciclo A 2026  (6)
Lectio Divina Feminista ciclo A 2026 (6)
Mª Luisa Paret García
16 sep 2026 - 00:00

(Buscamos el momento y el lugar adecuado para ponernos a la escucha de la Palabra. Podemos encender una vela, colocar un icono, la Biblia o el Evangelio)

  1. Nos preparamos a escuchar la Palabra. Hacemos silencio exterior e interior. Acompasamos la respiración inhalando y exhalando lenta y profundamente. Relajamos nuestro cuerpo.

 

Abbá-Imma, en las justicias humanas no caben los criterios de tu generosidad: tanto trabajas, tanto cobras. Dios combina la justicia y el amor en una medida que nos sobrepasa. Tú das a todos/as por igual porque miras las necesidades, no las horas de trabajo. Tu mensaje rompe los raquíticos esquemas de los que nos decimos creyentes. La salvación que Tú nos ofreces supera todo cálculo humano.

1 Lectura creyente (Lectio). Leemos el evangelio saboreando la Palabra y descubriendo el mensaje de fe que guarda el texto bíblico. Nos fijamos en el diálogo con los jornaleros, con el capataz… pero también con cada una de nosotras. Sus palabras nos interpelan hoy también.

2 Meditamos la Palabra (Meditatio)

 

3 Oramos con la Palabra (Oratio)

 

4 Contemplamos al que es la Palabra (Contemplatio)

5 Vivimos la Palabra, compromiso (Actio).

25º T.O. (A) ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (Mt 20,1-16)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos/as esta parábola:

  • El Reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

“Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”

Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados y les dijo:

“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”

Le respondieron:

“Nadie nos ha contratado”

Él les dijo:

“Id también vosotros a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:

“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:

“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos:

“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Palabra de Dios.

Meditación – Reflexión

En el mundo actual las personas, sensibles a la justicia, también lo somos a la retribución. El fruto del trabajo corresponde a los/as que trabajan. Los esfuerzos por una sociedad más justa se dirigen al reparto equitativo de los salarios.

 En cualquier país es fundamental el reparto justo de la renta nacional o suma de las rentas percibidas por los habitantes en función de su participación en el proceso productivo. Sin embargo, al mismo tiempo que un grupo reducido de personas se apropian de la mayor parte de la renta nacional, otro gran sector del país -de ordinario sector primario- no alcanza sino un tanto por ciento, mínimo. Los desequilibrios de renta, funcionales, personales o territoriales son escandalosos e injustos; unos pretenden ser superiores al resto de sus conciudadanos. La unidad es el instrumento imprescindible para garantizar la libertad y la igualdad efectiva de derechos de todos los ciudadanos. Podríamos preguntarnos, ¿cómo afecta la deuda pública a los ciudadanos de a pie? Como administrados exijamos a los que gestionan el dinero de nuestros impuestos que nos informen con veracidad sobre cómo va a afectar a nuestros bolsillos y a la generación siguiente sus decisiones (más de 1.000 € al año por persona solo en intereses de la deuda pública, referido a España).

 En la Escritura también se habla de retribución: Dios recompensa a sus servidores. Pero se distingue la retribución en el tiempo presente y la del final de los tiempos. De hecho, la felicidad y el sufrimiento no corresponden a un comportamiento bueno y a otro malo. Cuando Jesús menciona la retribución de la vida, quiere decir que ya ha comenzado, aunque todavía no en su plenitud. El evangelio utiliza diversas imágenes para la retribución divina: la recompensa en el cielo, la participación en el banquete mesiánico, la entrada en el reino de los cielos.  

           En ese sentido, la llamada a la conversión que proclama el profeta Isaías (55,6-9) cuenta con la actitud de la persona que da el paso y con la de Dios que hace posible la conversión. La misma llamada es fuerza. Ni la persona se puede convertir sin la fuerza de Dios que le atrae, ni Dios convierte a la persona si esta no se orienta hacia Él. “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”.

           La conversión permanente que el Espíritu-Ruah realiza en cada ser humano tiene que ver con saber rectificar, adaptarse, cambiar de mentalidad…, porque me he dado cuenta que la meta o el camino por el que transito es equivocado, me aleja de mi verdadera humanidad. Eso supone implicarse y atrevernos a reajustar o corregir nuestra dirección. Tarea de toda la vida.

A primera vista resulta extraño que el Reino de Dios se compare a la situación arbitraria y opresora del mundo laboral de aquella época. Sin embargo, la parábola no justifica esa situación en absoluto, sino que subraya que Dios responde, no midiendo los méritos de las personas como haríamos nosotros, sino desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación. El Reino tiene un fundamento inverso al de las sociedades terrenas. Allí no valen las prerrogativas de los poderosos, ávidos de poder, sino las actitudes personales, sean quienes fueren los que las adopten.

           La viña hace referencia al pueblo que le sigue y el propietario es Dios que actúa desde el amor incondicional, cosa que solo puede hacer Él. En la comunidad de la que formamos parte, el hecho de ser veteranos/as, tener títulos, proceder de lugares distintos, pensar diferente, ¿nos da derecho a situarnos por encima, socavar nuestro marco de convivencia logrado entre todos, excluir, provocar enfrentamiento, división? “Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario”. Y no solo establecer diferencias respecto a personas, sino también de pueblos, de autonomías, de países. Todo se mide y se mueve en función de intereses personales para mantenerse en el poder. Un mercadeo propio de los organismos financieros y de los que provocan conflictos económicos, políticos, territoriales (sociales), energéticos e incluso religiosos, que son el caldo de cultivo de las guerras, la pobreza, la división, la impunidad ante la ley, los totalitarismos de cualquier signo.

 Lo que la parábola pretende son unas relaciones humanas que estén más allá de intereses egoístas de grupos, de individuos sin escrúpulos carentes de cualquier límite moral o ético. También en lo religioso se nos enseñó a diferenciarnos, consecuencia de ello son los fanatismos, la intolerancia generalizada de las religiones, la división.

 De lo que se trata es de compartir con los demás, no con el sentido de justicia mercantilista de nuestra sociedad, sino a semejanza de cómo se desvive Dios con nosotros: desmesura y derroche de bondad, de gratuidad, de verdad, de amor. Es lo que Jesús quiere que entendamos: “lo poseían todo en común y se distribuía a cada uno según su necesidad” (Hch 4,32-35).

 No esperemos justicia retributiva del mundo ambicioso e interesado en que nos movemos. El denario de la parábola habita en el corazón humano, va dirigido a quienes están en “el atardecer”: parados, enfermos, inmigrantes, refugiados, empobrecidos, víctimas de cualquier violencia…, también, a nosotros/as mismos/as.

 Cuando logremos comprender el valor de ese denario, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir, que el propietario de la Viña reparte con generosidad y justicia, “nosotros, los primeros” dejaremos de protestar, de sacar la vara de medir mercantilista, malgastar, mentir, oprimir, despreciar. Solo así seremos capaces de construir fraternidad-sororidad, tolerancia, paz, honestidad, armonía original entre naturaleza, recursos naturales y necesidades humanas; el desarrollo sostenible estará informado por la búsqueda del bien común general, la ética, la verdad, la austeridad, la humildad, la moderación.

Afortunadamente, y pese a la gran maquinaria de opresión a nivel social, global, tan difícil de enfrentar a nivel individual, aún quedan corazones que ofrecen denarios a aquellos que llegan “al atardecer”, porque “quiero darle a este último igual que a ti”. “¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

           La recompensa del cristiano es Cristo. Dios mismo es el premio de los justos. Cada uno/a será retribuido de acuerdo con sus obras, según hayamos permitido a nuestro corazón, desbordar de amor a los demás, a nosotros/as mismos. Lo demás, puro mercadeo, puro cinismo.

Meditamos la Palabra

¿Qué me dice a mí, personalmente el Evangelio? Miramos nuestra propia vida. ¿Cómo lo vivimos en nuestra familia, grupo, parroquia, comunidad… y qué podemos cambiar?

Oramos con la Palabra

Oh Dios, Abbá-Immá, que diste un origen idéntico a todos los pueblos y quisiste formar con ellos una sola familia en tu amor, llena los corazones del fuego de tu bondad y suscita en todos los hombres y mujeres el deseo de un progreso justo y fraternal, para que, con los bienes que generosamente repartes entre todos, se realice cada uno/a como persona humana con plena dignidad y, suprimida toda discriminación, reinen en el mundo la igualdad y la justicia. Por nuestro Señor Jesucristo.  

Contemplamos al que es la Palabra

¡Alma!, ¿al Alma del alma, la conoces?

¡Corazón!, al que mora en tu casa le conoces?

¡Cuerpo!, que a cada pensamiento

buscas nuevo camino,

Él te está seduciendo, mira si al que te busca le conoces.

Robaiyat núm. 67

Vivimos la Palabra, compromiso

¿A qué me compromete el mensaje de fe de este relato?

           Acoger, escuchar, integrar, salir a las periferias, compartir nuestros bienes, sanar, sostener, afrontar las adversidades, alzar nuestra voz institucional y comunitaria, evangelizar, orar… son algunas de las acciones para el progreso común de todos los pueblos.

Recordamos el Salmo 144, 8-9.17-18

El Señor es clemente y compasivo,

paciente y rico en amor;

el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas.

El Señor es justo en todos sus caminos,

es bondadoso en todas sus acciones;

cerca está el Señor de los que le invocan,

de todos los que le invocan sinceramente.

Música (M. Manzano)

           Tu Reino es vida, tu Reino es verdad

Tu Reino es justicia, tu Reino es paz.

Tu Reino es gracia, tu Reino es amor.

Venga a nosotros tu Reino Señor (Bis)

           

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