#8MCuaresma
Viernes Santo
#8MCuaresma
Conmemoramos el próximo viernes la muerte en la cruz de Jesús de Nazaret, a manos de los poderes religiosos y políticos de su entorno. La muerte por crucifixión hace siglos desapareció de nuestras sociedades afortunadamente. Pero dicen los médicos y personas que la han estudiado que se trata de una de las muertes más dolorosas que se puede padecer… los músculos se desgarran, la respiración se interrumpe y la asfixia anula los pulmones. Ese desgarro muscular está muy bien captado en la pintura de Dalí llamada El Cristo sobre el mundo. El genio artístico logró mostrar la fuerza de una carne desgarrada que se sostiene en nervios tensados al máximo, la cabeza inclinada que oculta un rostro deformado por el dolor y por la angustia que se expresan en el grito desgarrador y tremebundo: Padre, por qué me has abandonado.
Contemplar esa imagen para mí es revivir un desgarre que acaba con la vida. Sin embargo, no es en esto en lo que me quiero centrar, lo que pretendo resaltar en estas líneas es ese sobre el mundo, que denominó y que pintó Salvador Dalí. Este hombre, no cristiano, intuyó desde el arte el sentido profundo de esa muerte: en ella se recogen y se expresan los dolores y las cruces de la historia, del mundo, de tantos hombres y mujeres crucificados por el poder, por el odio, por la indiferencia y la injusticia. La práctica de Jesús siempre estuvo “sobre el mundo”, su vida, su palabra, su horizonte fueron los otros y las otras, sus dolores y angustias, sus carencias y deseos. Jesús hizo demandas de justicia, compasión y servicio para todos.
Por eso su cristificación solo se entiende como un asumir el destino universal que lo convierte en el centro de una civilización y en el norte de quienes asumimos la noticia evangélica como un mandato de llevar el amor a los confines de la tierra y al centro de nuestros corazones. Si miramos en detalle el cuadro que tenemos en frente, podemos ver que el borde de la cruz está enraizado en la luz que sube opacamente desde abajo y ese enraizamiento hace la comunión: la cruz no pende fuera o aislada, por el contrario es una continuación de las sombras de abajo. Y el cuerpo desgarrado se encuentra a punto de caer sobre ese paisaje, ese mar, esa barca que indiscutiblemente lo recogen. La mirada que se oculta a nosotros empapa la retina precisamente de ese corte del mundo.
Ese momento de Jesús – el Cristo, acoge en sí toda la dinámica humana, especialmente sus dolores, sus sombras, el camino a sus muertes. Por eso al contemplar su carne desgarrada nos llegan igualmente los cuerpos violentados, enfermos, explotados… esos cuerpos sociales que mueren cada día ante nuestros ojos y casi siempre ante nuestra muda indiferencia. La llamada de la cruz de Jesús, no es una llamada a “auto inmolarnos” como tantas veces se predicó… es una llamada a la solidaridad, a la fraternidad/sororidad, al compromiso. ¿Cómo bajar de la cruz a los crucificados?
Desde la pintura de Dalí Cristo nos habla. Su mirada guía la nuestra: El sentido de ese viernes santo que a las 3 de la tarde movió el mundo es una resistencia ante las muertes, ante las cruces, ante el dolor causado por los mismos humanos. La cruz que pende sobre el mundo, pende sobre nosotros y nosotras y nos hala hacia sí.
Carmiña Navia Velasco
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