#8MCuaresma
Trascendió el filósofo alemán Jürgen Habermas
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“Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, ¿para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”. Jn 9, 35-38
Hoy hace diecisiete años vivimos como familia un evento especial, Mam volvió a la casa de la Madre/Padre divino, y eso trajo un sinfín de emociones y más realidades. Desde el momento en que exhaló su último aliento, cada miembro de su familia tuvo que aprender a vivir sin su presencia física, pero esforzándose en recordar lo que le había enseñado.
Mam fue para los suyos y para los que hizo parte de su familia, y esos fueron muchos, trabajo, dedicación, remanso en las tormentas, alegría, consuelo, esfuerzo, ternura, fortaleza, guía, … Y sé que la huella que dejó en numerosos, es tan profunda como solo un ser puede hacerlo, porque aprendió a vivir como una que “vio”.
En este domingo se conjuntan varias señales, son diecisiete los años que hoy cumple de que volvió a nacer a la vida eterna, también ella nació un día diecisiete; hoy es domingo como el día que murió, así como día del Señor, su amado Jesús como ella le llamaba; y las lecturas de la celebración Eucarística, son muy significativas, el salmo es el 23 “El Señor es mi pastor y nada me faltará” y el evangelio de San Juan cuando Jesús le da la vista a un ciego de nacimiento.
Tal vez ustedes se cuestionen, y por qué son peculiares todos estos detalles. Pues porque todos ellos en conjunto nos hablan de lo que fue vital para que ella fuera lo que fue, fuente de amor fecundo, aun con sus muchas limitaciones.
Este salmo 23, nos habla de la confianza infinita en Jesús, porque sabemos que Él nos cuida, protege, ama en todo momento, enfáticamente en los peligros, en la soledad, en la desesperanza, en la tribulación, en las oscuridades de la vida; mientras que esta parte del evangelio Jn 9, 35-38, con que he iniciado, nos muestra a lo que todos siendo amados nos invita el Señor Jesús, a ver; sí a ver, porque nosotros por tantas cosas a nuestro alrededor que vivimos y tenemos, no podemos ver, ni lo que necesitamos, ni lo que los demás requieren. Tantas cegueras que nos llevan a vivir en egoísmo continuo y, por lo tanto, no nos permiten vivir para lo que fuimos creados, es decir en la capacidad de ser luz del/para/con los que convivimos.
Y Man nos dejó su testimonio, estuvo ciega durante un tiempo, hasta que, encontrándose con Jesús en la Palabra, en los demás, se curó de la ceguera espiritual del egoísmo que todos vivimos, y al “ver” entonces, le dio significado a su vida, con la fuerza de la Ruah divina y la guía de su amado Jesús, para poder amar a los demás con su vida, con sus actos, porque los veía, en sus necesidades, en sus carencias.
¡Claro que nos amó a los suyos de muchas formas! Pero empezar a amar a los demás, requiere de la ayuda de la Ruah divina, para poder y saber hacerlo. Y ella aprendió a hacerlo a la manera de Jesús, cuando en la inmensa misericordia de Él, poniéndole barro en los ojos, le devolvió la vista, pero no solo eso, sino que aún más, interpelándola la invito a creer en ÉL. Y ella, le dio su sí.
Siendo la misma invitación que nos hace a cada uno, a poder y querer verlo en la vida cotidiana.
Por eso hoy con gran alegría los invito a celebrar la bendición de nuestra Mam, abuela, bisabuela en nuestras vidas.
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