Acalambrados

Así nos sentimos muchos ante el panorama mundial

No sabía que existía el verbo acalambrarse y ha sido un hallazgo feliz encontrarlo en un titular porque, aunque referido a Alcaraz y su partido del Open de Australia, describe bastante bien cómo nos sentimos muchos ante el panorama mundial. En una entrevista posterior,  el tenista dijo que la clave de su triunfo había estado en  “creer y creer todo el tiempo”. Es un mensaje cargado de espiritualidad que coincide con  las muchas exhortaciones y consignas que últimamente nos están llegando a través de cantantes, películas o influencers. Son muy de agradecer y nos vienen muy bien,  teniendo en cuenta que algunas vías de recepción a las que estábamos acostumbrados están dando signos de fatiga, como dice ADIF que les pasa a las vías de los trenes. Por eso me ha parecido tan acertada la frase del Arzobispo de Madrid en la pre-asamblea presbiteral  Convivium que ha convocado: A lo mejor hay que hacer otra cosa”.

Lo de estar acalambrado ayuda también a entender algunas escenas de la Biblia, como esa en la que Jacob lucha con el ángel en medio de la noche  (Gn 32,25) y se le descoyunta la articulación del muslo, lesión que bastante parecida a la de Carlitos. Y es que a veces las tensiones dan problemas y no solo musculares:  eso explica por qué los israelitas estaban paralizados y acalambrados al borde del mar, sin saber nadar y viendo aterrados que se les venían encima los carros del faraón con sus caballos y sus jinetes. Menos mal que Moisés, un preparador experimentado, tomó las riendas de la situación y les conminó a no desconectarse de sí mismos ni de Dios, a confiar en que Él estaba de su parte y a estar seguros de que,  con su ayuda,  iban a remontar. Así fue y, cuando cantamos  el Aleluya de la noche de Pascua,  es como levantar la copa para celebrar la victoria de la confianza frente al miedo.  

Conclusión: no acalambrarnos pensando que los faraones que hoy amenazan la paz y la vida buena de la gente son peores que aquellos que perseguían a los israelitas. Y estar convencidos de que lo mejor que podemos hacer es no hacer otra cosa distinta de la de siempre, que en este caso sería lo de creer y creer sin descuidar la parte que nos toca.

Espero que don José Cobo no lo considere una postura disidente.

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