Mejor que decir es hacer
Comentario a las lecturas del domingo 26º A
Confrontando con la teoría de la retribución según la cual Dios pagaría en los hijos los pecados de los padres, el profeta insiste que la retribución de Dios será individual, aunque deja espacio para el cambio de actitud.
Pablo invita a la comunidad a vivir en su seno de una manera que la debe caracterizar por la obediencia a Dios y la humildad.
Con una parábola sencilla Mateo provoca a su auditorio a tomar conciencia que la obediencia al proyecto de Dios viene dada por los hechos y no por las palabras. Y esto queda reflejado en la actitud que frente a Jesús tomaron los desplazados sociales por un lado y la aristocracia por el otro.
Mejor que decir, es hacer…
DOMINGO VIGESIMOSEXTO - "A"
Eduardo de la Serna
Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 24-28
Resumen: Confrontando con la teoría de la retribución según la cual Dios pagaría en los hijos los pecados de los padres, el profeta insiste que la retribución de Dios será individual, aunque deja espacio para el cambio de actitud.
El profeta comienza con una crítica a un proverbio que parece habitual ya que también lo encontramos en Jeremía (31,29). En él se intenta transferir a los hijos la retribución por el pecado ya que la experiencia les indica que no siempre “al malo le va mal”. Sin embargo, ambos profetas son conscientes de la injusticia que esto encierra y afirman que Dios no está de acuerdo con ese dicho.
A continuación, Ezequiel señala una serie de párrafos casuísticos (vv.10.14.21.24.26.27) en este caso enmarcado por el cambio de actitud: del “justo” (vv.24.26) pero también del “malvado” (v.27). En ambos casos la “casa de Israel” afirma que “no es justo” el proceder del Señor, quien retóricamente repite la pregunta e interroga: ¿no es más bien el proceder de ustedes el que no es justo?” (vv.25.29).
El criterio es precisamente la retribución individual. Pero tanto el justo como el malvado pueden cambiar de actitud asumiendo la contraria, y esto será tenido en cuenta por Dios en el momento de retribuir a uno u a otro.
Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Filipos 2, 1-11
Resumen: Pablo invita a la comunidad a vivir en su seno de una manera que la debe caracterizar por la obediencia a Dios y la humildad.
La segunda parte de esta lectura, el llamado “himno”, fue recientemente comentada en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
El texto comienza con un “si algo según” presentando cuatro condiciones que parecen suponer el verbo “vale”, o “cuenta”: si algo la exhortación, si algo la consolación amorosa, si algo la comunión del espíritu, si algo lo entrañable y compasivo… Son términos sumamente importantes, sin duda, y aluden al ámbito divino. Pablo invita a los filipenses a vivir de esta manera sublime. Y a estas cuatro características les propone cuatro invitaciones: un mismo sentir, un mismo amor, con-vivir y sentir (sentir en…). Todas aluden a la vida que Pablo espera en el seno de la comunidad. No sabemos si la situación al interno de esta era de armonía (con lo que Pablo los invitaría a mantenerla) o de una cierta discordia (con lo que los exhorta a abandonarla). Lo cierto es que vivir de esa manera es algo que haría plena la alegría de Pablo.
Sabiendo que algunos por “rivalidad” (eritheia) predican el Evangelio allí donde Pablo se encuentra prisionero (1,17), les recuerda que nada hagan con rivalidad, y tampoco por vanagloria (kenodoxía; única vez en el NT). El término está conformado por dos palabras, kenos es lo vano, lo nulo, la nada (de allí la kenosis, el anonadamiento) y la doxa es la gloria. Ambos términos los encontraremos sueltos en el “himno”, pero en sentido contrapuesto ya que por su hacerse “nada” (ekenôsen) Dios le dio el nombre para la “gloria” (doxa) de Dios Padre. No se trata de buscar la vana-gloria sino saber que al hacerse nada, Dios recibe gloria al reconocer a su hijo Jesús. Esta kenodoxia (vanagloria) que se ha de evitar (v.3) tiene como contracara la humildad (tapeinófrosyne) que lleva a ver a los otros como superiores a [por encima de] nosotros mismos; por lo que se ha de buscar “lo de los otros” antes que lo de “nosotros mismos”. Es en este contexto que propone el descenso de Cristo (kenosis) como algo que debe imitar la comunidad. Si la comunidad debía tener “un mismo comportamiento” y “comportar(se) en” (fronéô) ahora se le recalca que debe tener los “comportamientos” (fronéô) de Cristo Jesús. Esto es lo que desarrollará a continuación en el himno.
El habitualmente llamado "himno" de la carta a los filipenses es visto con mucha frecuencia como un texto que es conocido por la comunidad y que Pablo cita en este contexto. Mirando atentamente descubrimos dos movimientos, uno de descenso (hacerse nada) y otro de exaltación. El primero, movimiento desde la forma de Dios a la forma de esclavo finaliza en la muerte, “¡y muerte de cruz!”. El segundo, marcado por la donación del nombre excelso (el nombre de Dios) culmina en la proclamación de Jesús como “¡señor!” Sin embargo, el acento del relato está puesto en la primera parte (dice que tengan los comportamientos de Cristo y estos están marcados por el movimiento de descenso); el otro movimiento es obrado por Dios que exalta a Cristo “por eso” (por su abajamiento). Este abajamiento está marcado por dos acciones: la humildad y la obediencia (a Dios). Lo cual es claramente contracultural en una colonia romana como era Filipos. Esas dos acciones (que enmarcan el relato, en los vv.3 y 12) son lo que se debe buscar para tener los mismos comportamientos de Cristo hasta la cruz. El resto es obra de Dios elevando a Jesús -en la resurrección, por cierto- hasta la altura divina.
El doble movimiento de descenso y ascenso puede verse en el esquema que presentamos. La idea principal para los lectores es “tener los comportamientos de Cristo”, por tanto repetir la escena de “descenso”. Dios, que es el sujeto del momento de “exaltación”, también sabrá y querrá dar a los suyos.
Es interesante, también, notar el movimiento de ascenso que Dios provoca "a causa de" su abajamiento. Este está marcado por el “nombre”. Dios le da el “nombre sobre todo nombre” (el nombre de Dios) que se une aquí al “nombre de Jesús”. Dios ha “elevado” a Jesús de modo tal que de él se dirán cosas que se afirman exclusivamente de Dios: se doblará toda rodilla…
La referencia a “toda rodilla” y a “toda lengua” están tomadas del himno claramente monoteísta de Is 45,14-25 (ver v.23) donde se destaca que “Yahvé salva” a diferencia de los dioses de los pueblos que “no pueden salvar” (no está de más recordar que el nombre “Jesús” significa “Yahvé salva”). La acción elevadora de Dios a Jesús lo pone a la misma altura divina hasta el punto de ser reconocido como “Señor”, como se decía de Dios mismo; y en eso Dios mismo se manifiesta (gloria).
La acción descendente de Jesús de humildad y obediencia hasta el extremo de la cruz, en el paso de la forma de Dios a la forma de esclavo, provoca que Dios (“por eso”) lo exalte hasta la misma altura divina y reciba el mismo nombre divino con el que Dios recibe gloria y Jesús es reconocido por “toda lengua”.
+ Evangelio según san Mateo 21, 28-32
Resumen: Con una parábola sencilla Mateo provoca a su auditorio a tomar conciencia que la obediencia al proyecto de Dios viene dada por los hechos y no por las palabras. Y esto queda reflejado en la actitud que frente a Jesús tomaron los desplazados sociales por un lado y la aristocracia por el otro.
Mateo presenta una parábola que sólo él transcribe, aunque se ha dicho que esta pareciera ser el “original” de la llamada del “hijo pródigo”, cosa bastante dudosa ya que en el texto de Lucas el contraste entre los dos personajes está dado por el padre y el hijo mayor, mientras que en este texto está dado por los hijos y su obediencia o no al pedido del padre.
Como parábola es muy simple, quizás la más sencilla de todas las que encontramos en los Evangelios. Sin embargo, hay una serie de elementos que parecen interesantes de comentar para enriquecer nuestra comprensión del texto.
En primer lugar, Mateo la inserta entre la controversia por la autoridad de Jesús que le plantean los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (21,23-27) y la parábola de los viñadores homicidas (21,33-46). En cierta manera rompe una lógica del texto de Marcos donde Jesús sí les dice “con qué autoridad” ha obrado, es decir, la del hijo (al que refiere la parábola de los viñadores, cf. Mc 12,6). Además, Mateo añade otra parábola al final de los viñadores (22,1-14) presentando así una serie de tres, allí donde Marcos presentaba sólo una. Hay elementos en común entre estas dando la forma de una cierta unidad temática: entre la primera y la segunda vemos el rechazo de las autoridades de la voluntad de Dios, o el envío de servidores en la segunda y la tercera, por ejemplo. Sin dudas la referencia a Juan, el Bautista, que marcaba la pregunta de Jesús y la conciencia de que los oyentes “no le creyeron” (v.25), parece atraer este texto (v.32).
Es interesante destacar que el padre de la parábola en nada se parece a un padre característico del patriarcalismo de su tiempo, lo que se destaca es que es “desobedecido” en ambos casos, sea por decirle sin dudar “no quiero” o bien sea por “no ir”. No es lo que se espera de un hijo que desobedezca así a su padre.
Podemos señalar que – tal como lo había destacado Mateo en otra parte, cf. 7,21-27 – la fidelidad a Dios no viene dada por la confesión explícita sino por la práctica (una suerte de ortopraxis por encima de la ortodoxia). Puesto que lo que cuenta es la realización de la voluntad de Dios es evidente que la “hizo” el que si bien había dicho “no voy” finalmente fue.
Un aspecto muy importante en el relato viene dado por el verbo “llegar antes” (proágousin), preceder. Preceder a alguien sin duda es un signo del mayor honor sobre los que vienen detrás. Preceder en el reino es signo del honor mayor, pero la ironía viene dada en el hecho de que para Jesús el esquema se ha invertido una vez más: los ancianos y los sumos sacerdotes estaban en lo más alto de la escala del honor social, mientras que las prostitutas y los publicanos eran lo más bajo, pero sin embargo, estos tienen “precedencia” en el reino sobre aquellos. El motivo de esto viene dado porque “le creyeron” a Juan [el verbo se encuentra en aoristo, lo que remite a un momento concreto, es decir a la predicación de Juan. su presentación de Jesús y su llamado a la conversión, 3,2.11].
Un elemento que suele ser pasado por alto parece importante de tener en cuenta: es sabido que Mateo casi siempre ha reemplazado el término “reino de Dios”, que ha encontrado en Marcos, por “reino de los cielos”. En este caso, “cielos” es la “morada de Dios”, una manera de aludir a Dios sin nombrarlo para evitar chocar al auditorio ya que nombrar a Dios es algo que se ha de evitar entre los judíos. Sin embargo, hay que destacar que en cuatro ocasiones [en algunos manuscritos se agrega una quinta: 6,33] Mateo utiliza “reino de Dios”: una proveniente de Q (12,28), otra de Marcos (19,24) y dos propias de Mateo (una es nuestro texto, la otra es un versículo propio de Mateo en la parábola de los viñadores homicidas, v.43). Es muy probable que de este modo Mateo quiera resultar “chocante” ante su auditorio precisamente por algo que quiere resaltar de un modo muy claro. En este caso, es evidente que la inversión de los valores tradicionales como algo característico del reino es algo que Mateo quiere destacar claramente a su auditorio.
el video con comentario al Evangelio puede verse en:
o también en
Foto tomada de normaquinci.wordpress.com