La jornada mundial del enfermo nos invita a amar al enfermo como prójimo, con compasión, como lo hizo el buen samaritano
"La violencia contra los migrantes, los palestinos y otros no es amor al prójimo. Son crímenes de odio"
Se celebra el 11.2. 2026 bajo el lema “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Nos invita a reflexionar sobre la parábola del Buen Samaritano y hacer algo concreto para uno o varios enfermos concretos. Propongo hacer una visita y oración en casa de un enfermo.
En esta oportunidad quiero meditar la parábola del Buen Samaritano en Lc 10,25-37 para encontrarnos con Jesus lleno de amor y compasión.
Un maestro de la ley pregunta a Jesús, como puede alcanzar la vida eterna. Un maestro de la ley no era un abogado o jurista sino uno, que había estudiado la ley de Moises, la biblia. Era una especie de teólogo, intelectual y algo sobrado, por qué no quería aprender de Jesús sino “ponerle a prueba”. Jesús lo intuye o lo sabe, pero no se enfrenta con el intelectualmente, simplemente valora lo positivo de este teólogo, su deseo de llegar al cielo o al reino de los cielos. Jesús había hablado muchas veces de este reino, el reino de su Padre, que es el amor pleno y puro.
Para Jesús no es posible salvar su alma individualmente, la salvación es comunitaria, se realiza en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Solo en este tejido del amor integral se salvan las personas o se realizan plenamente. El reino de los cielos no es el cielo como estado de vida después de la muerte. el Reino de los cielos para Jesús ya empezó aquí en la tierra y se realiza en el amor, pero en su plenitud no será posible en esta tierra, aquí siempre será algo incompleto o por completar. Porque el amor humano es grande, pero no llega hacia al amor perfecto de Dios. Se realiza aquí solo parcialmente, el Reino de Dios se completará recién al final de los tiempos en el otro mundo, el mundo de Dios.
Entonces Jesús le responde al teólogo o maestro de la ley con una pregunta: “¿Que está escrito en la ley de Dios, es decir en la Biblia del Antiguo Testamento”? Como ésta es su especialidad del maestro de la ley le da la respuesta al toque: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Parece una respuesta aprendida de memoria del catecismo, pero no había catecismo en este tiempo y las dos partes de la respuesta “amor a Dios” y “amor al prójimo” no están juntos en el mismo sitio del Antiguo Testamento. Realmente el maestro o teólogo ha hecho una síntesis muy original. Juntó el mandamiento principal de “amar a Dios sobre todas las cosas” en Deuteronomio 6,5 con un mandamiento de menos importancia del amor al prójimo en Levítico 19,18.
Jesús confirma a este teólogo, que su respuesta es muy buena y suficiente para entrar en el Reino de Dios, sin embargo, su respuesta tiene una pequeña pero importante clausula: “Haz esto y tendrás la vida”. No basta el saber del teólogo, su doctrina correcta. Es la acción la que da la vida no solo la fe correcta. Aquí Jesus les da una bofetada a muchos teólogos y defensores de la doctrina: la doctrina correcta no salva, lo que salva es vivirla en la práctica. No basta saber todo sobre el amor de Dios si no lo vives. No basta saberlo todo sobre el amor al prójimo si no lo vives. Jesús dice esto de una manera amable sin reprochar. Pero mas claro no lo podía expresar.
De hecho, el teólogo no queda satisfecho. Quiere justificar su pregunta. Y sigue preguntando: “Y quien es mi prójimo?”
Ahora Jesús aprovecha de darle una enseñanza mas amplia. Como muchas veces lo hace en forma de parábola, es decir con una comparación. En estas comparaciones el que lo escucha debe de encontrar el sentido de la comparación. La parábola deja cierta libertad de interpretación. Dice grandes verdades de manera indirecta. Así Jesús puede enseñar sin ofender directamente, pero con la fuerza de una imagen o comparación, que muchas veces es más poderosa que un argumento bien elaborado.
La parábola del Buen Samaritano habla de dos marginados: El hombre asaltado, victima de la violencia de unos “bandidos”. Lo dejan medio muerto para robarle todo, hasta la ropa. El samaritano también es un marginado en los ojos del maestro de la ley: los samaritanos no adoran a dios en el templo de Jerusalén, para los buenos judíos son una especie de “herejes”. Muchos no pisan la tierra de la región de Samaría, una de las tres regiones de Israel en tiempos de Jesús, para no hacerse impuro. Y este marginado es presentado por Jesús como un buen ejemplo, como alguien que se hace prójimo o tiene un gran amor al prójimo en los hechos.
Sin embargo, dos personajes importantes en la religión judía y sociedad israelita, el sacerdote y el levita son presentados como malos ejemplos. No ven al asaltado y maltratado, al pobre en el camino. Ambos tienen cosas más importantes que hacer, ambos son servidores del culto en el templo. Ambos miran al otro lado, no escuchan el grito del pobre.
El samaritano sí. Este marginado y hereje es bueno para Jesús. El se hace cargo del pobre. Lo asiste en el momento, dándole primeros auxilios. Le cura sus heridas y le pone vendas. Lo lleva en su medio de transporte (un caballo o un burro) hasta un alojamiento, donde con su dinero se asegura, que siguen asistiéndolo. Este es un buen ejemplo del amor al prójimo. Un buen ejemplo de compasión.
El maestro de la ley habrá estado algo incomodo con esta parábola de Jesús. Pero no se atreve a contradecirle. Él mismo saca la conclusión: El samaritano es el que tuvo compasión y dio un ejemplo de amor al prójimo. Jesús no lo reprocha, no moraliza. Pero insiste otra vez con claridad: “haz tu lo mismo como este Samaritano”. No es suficiente, que el maestro de la ley de la razón a Jesús. No es lo suficiente, convencerlo de una doctrina. Es necesario, que actúe. Conocer toda la biblia y todo el catecismo de memoria no es suficiente. Hay que vivir lo principal: “El amor a Dios y al prójimo”.
Este es el Jesús de los evangelios: es intelectualmente brillante, que sabe convencer a gente sencilla y gente inteligente con sus parábolas en un lenguaje muy sencillo. Y Jesús ama hasta a los maestros de la ley, que muchas veces son sus adversarios. Jesús no defiende a los sacerdotes ni a los reyes. Defiende a los pobres, los enfermos y victimas de la violencia. Jesús ama de corazón a todos y lo demuestra con hechos en sus sanaciones.
El amor a las personas es algo personal para Jesús, le interesa la acción y la persona concretas. No ama en abstracto, no ama a la humanidad en abstracto sino a los marginados concretos. No rechaza a la ley de Dios ni a la liturgia del templo. Pero para Él ni la ley (doctrina) ni la liturgia son fines o bienes en si mismo. Sirven, cuando están al servicio del hombre. La frase clave de Jesús en este contexto es: “La ley del sábado se hizo para el hombre, no el hombre para la ley del sábado”. (Mc 2,27).
Amemos al prójimo con esta compasión y decisión de Jesús. No solo a nuestros familiares y amigos sino a los que encontramos en nuestro camino. Seamos sensibles al sufrimiento de los enfermos, los marginados, las victimas de la violencia. Este amor salvará a nuestras almas y a nuestro mundo tan individualista y violento. El amor “desarmado y desarmante” superará la violencia y las guerras. Parece utópico e irreal en este mundo violento, pero así es la esperanza y vida cristiana. Es un amor sin éxito a corto plazo, un amor que sufre, cree y espera a pesar de todo, pero creyendo firmemente en las promesas y el ejemplo de Jesús. Él perdió la vida por amar hasta el extremo. Pero Dios lo resucitó para seguir amando y demostrando el triunfo final del amor de Dios.
La violencia contra los migrantes, los palestinos y otros no es amor al prójimo. Son crímenes de odio. La indiferencia de los hombres de fe ante las victimas de la violencia política, criminal y sexual no se ajusta a la enseñanza de Jesús. Jesús les diría: “Conviértanse y crean en el evangelio, no con palabras sino con hechos.”