Un Poema que expresa lo inconfesable del abuso sexual y otro esperanzador
El poema “Podredumbre” está al inicio de la investigación “¿Cueva de abusadores o iglesia segura?”. Hay personas perversas, podridas, enfermas, disfrazadas con mantos sagrados y discursos piadosos. Al final del libro hay otro poema esperanzador: “Iglesia segura”. Creo, que podemos descubrir y apartar las manzanas podridas y abrir espacios seguros en las iglesias, si tomamos consciencia de un problema estructural y actuamos con valentía.
«PODREDUMBRE»
Defendía la fe, decía,
contra los débiles que caían,
contra los herejes que ardían,
contra todo, menos su porquería.
Defendía la iglesia, decía,
contra sus enemigos internos y externos que la consumían,
pero ayunaba su propia hipocresía.
Eminencia ante todos los hombres,
defendiendo su honor y su buen nombre,
pero en las sombras, otro era su rostro y su nombre.
No le tentaban ni carne, ni piel,
ni varón ni mujer.
Solo tenía una debilidad, un deseo cruel:
el gusto por los niños,
silencio… Un infierno fiel.
Frágiles inocentes,
De diez, de once, de doce años,
cuerpos dañados.
“Los preferidos de Dios”, decían sus labios,
mientras sembraba miedo y engaño.
Los “adoraba”, así lo expresaba.
Con los regalos los atrapaba,
y, cuando el monstruo lo dominaba,
sus cuerpos tomaba.
¿Era un pecado mortal o el más puro amor espiritual?
Se excusaba en su falso camino,
pero no se imaginaba lo que sentían estos niños.
Miedo, terror, y un desgarro de silencio interior.
“Agradezcan”, decía sin pudor,
mientras mataba su fe y su valor.
A él también lo rompieron un día
cuando era niño… Cuando no podía,
y en vez de romper la cadena impía,
la hizo su ley, su “justicia divina”.
¿De Dios? ¿Del demonio?
¿Quién lo dirá?
Si el mal que no muere… Se repetirá.
Cuerpo por cuerpo, sin piedad.
Alma por alma, en oscuridad.
Y así, en silencio,
sin redención,
se pudre la fe y su institución.
Iglesia segura
Sueño con una iglesia segura
Refugio fiel de toda criatura,
Que abrace a los vulnerables
Con manos justas, limpias y amables.
Sueño con una iglesia samaritana
Que al herido nunca abandona ni engaña
Que cuida a los frágiles y diversos
Como cristo vivo en sus cuerpos.
Sueño con una iglesia madre
Que no condena, que no arde
Que sostiene sin juzgar
Que alimenta, cuida y sabe amar.
Sueño con la iglesia de Jesús
De camino, polvo y cruz
Discípulos con misión
Pescadores y pecadores con corazón
Sueño con una iglesia comunidad
Sin muros de identidad
Donde no hay mujeres ni varones,
Donde no hay católicos ni evangélicos
Ni clérigos, ni laicos
Ni conservadores ni progresistas
Porque en Cristo somos uno
Y fuera de él ninguno.
Esta Iglesia no es de piedra, ni de frio
Ni de templos sin sentido
Vive en quien ama, vive en quien siente
Vive en quien ora y en quien actúa valiente.
Ambos poemas son del autor y publicados en su libro:
Cueva de abusadores o Iglesia segura. Los abusos sexuales contra menores en la Iglesia peruana y su futura prevención. Reinaldo Nann, Lima 2026, 160 páginas. Pedidos al autor, a la librería EL Virrey, Miraflores y como ebook en Amazon Kindle.