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En la muerte de Habermas

Cantalamessa: "Jóvenes, sed de los que toman la dirección opuesta, tened la valentía de ir contra corriente"

"Dios nos desea, es el esposo enamorado y celoso", afirma el predicador papal

"Dios revela su potencia en la debilidad, su sabiduría en la necedad, su riqueza en la pobreza"

(Jesús Bastante).- Sangre y agua. Muerte y silencio. Dolor. San Pedro acogió los oficios de Viernes Santo, seguramente la ceremonia más solemne de las que se celebran en la basílica vaticana. Sin consagración, sin homilía papal, es el predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, quien ofrece la reflexión después de la escucha, a cuatro voces (tres acólitos y el coro), y en latín, del Evangelio de la Pasión de Juan.

En silencio y con una tenue luz, Francisco procesiona hasta el frente de la basílica, donde se encuentra una alfombra. Se tumba. En silencio ora, asumiendo el dolor por la muerte de Cristo. Después ocupa su lugar a la izquierda de un altar vacío. Frente a él, Cantalamessa reivindica a Juan, el testigo directo, gracias al cual "nadie podrá nunca convencernos que esta solemne declaración no responda a la verdad histórica".

"Tenemos un testigo ocular, que se juega su honestidad personal", resalta el predicador, quien resalta cómo "Juan entendió el sentido de las últimas palabras de Jesús". Y entiende, añade, "que Dios se revela en lo contrario de lo que es. Revela su potencia en la debilidad, su sabiduría en la necedad, su riqueza en la pobreza". Excepto en la cruz, donde Dios revela su verdadera gracia: "Dios es amor, en la cruz manifiesta hasta dónde se abre esta capacidad infinita de autodonación de Dios".

Raniero Cantalamessa, hoy | RD

Juan, que era joven, también es testigo de cara al próximo Sínodo sobre los jóvenes. "Tenemos todos los motivos para pensar que Juan se adhirió a Jesús cuando era muy joven. Fue un auténtico enamoramiento, un encuentro personal, existencial", explicó el predicador.

"Este año nos esforzaremos por descubrir qué espera Cristo de los jóvenes, qué pueden dar a la Iglesia y a la sociedad, pero lo más importante es hacer conocer a los jóvenes lo que Jesús puede aportarles", añadió. "Hagamos que en todos los discursos sobre los jóvenes, y a los jóvenes, resuene la invitación del Santo Padre en Evangelii Gaudium: 'Invito a todos los cristianos, en cualquier lugar o situación, a renovar hoy mismo su encuentro personal con Jesucristo, o al menos a tomar la decisión de dejarse encontrar por él, de buscarlo, cada día, sin descanso'", pues "no hay motivo para que alguien pueda pensar que esta invitación no es para él".

Francisco, durante los oficios de Viernes Santo | Osservatore Romano

"Encontrar personalmente a Cristo es posible hoy, porque él ha resucitado. Todo es posible. Nada cambiará realmente en la vida sin Él", clamó Cantalamessa, quien recordó que "tenemos que ir al encuentro de los hombres, especialmente de los pobres, de los últimos, del sufrimiento y la marginación". Ir hacia ellos, aclaró, "es el mejor modo de separarse del mundo, es separarse del principio mismo que rige el mundo: el egoísmo".

Un egoísmo que viene del propio Satanás, explicó, y que a veces e manifiesta en una opinión pública que provoca que "actuar, pensar, o decir algo en contra es considerado algo absurdo, una injusticia o un delito". Es la "adaptación al espíritu de los tiempos, el conformismo".

Frente a ello, el predicador recordó unos versos de T. S. Elliot: "En un mundo de fugitivos, la persona que toma la dirección opuesta parecerá un desertor". Y, tomándolos como base, apuntó: "Queridos jóvenes: sed de los que toman la dirección opuesta, tened la valentía de ir contra corriente". Porque "la dirección opuesta no es un lugar, es una persona. Es Jesús, nuestro amigo y redentor".

Basílica de San Pedro | RD

"En la cruz -añadió Cantalamessa- , Jesús se mostró cómo ágape, que no está reñido con el eros, con la alegría de ser amado. Dios nos desea, es el esposo enamorado y celoso". "También el suyo es un amor erótico, en el sentido noble de este término. Es lo que explicó Benedicto XVI en Deus Caritas Est".

"Jesús, en la cruz, no sólo nos ha dado el ejemplo del amor en donación: nos ha merecido la gracia de poderlo ejercitar", culminó. "El agua y la sangre que brotaron de su costado llegan a nosotros hoy en los sacramentos de la Iglesia, en la palabra. Aunque solo mirando con fe al crucificado".

Bergoglio, en oración | Osservatore Romano

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