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Cardenal Krajewski: "Se necesitan ayudas urgentes para Ucrania"

El limosnero del Papa lanza un llamado ante la agravación de la crisis humanitaria en Ucrania, tras los recientes bombardeos, especialmente en Kyiv

Ucrania

(Svitlana Dukhovych y Benedetta Capelli / Vatican News).- La tenue luz de una vela ilumina los contornos del rostro de una madre que sostiene en brazos a su hijo, envuelto en varias mantas que ocultan sus rasgos. Podría parecer una imagen cargada de ternura, pero en realidad revela el drama del pueblo ucraniano, que desde hace cuatro años no conoce la paz. Un pueblo que, en este último período, vive en la oscuridad, con temperaturas muy por debajo de cero, sin calefacción ni electricidad, a causa de los intensos ataques rusos contra la capital, Kyiv, el último de ellos ocurrido durante la pasada noche.

De esta situación nace el llamado del cardenal Konrad Krajewski, limosnero del Papa, siempre cercano a este país “martirizado” por la guerra, al que ha viajado al menos diez veces en nombre de la Santa Sede. Viajes para llevar alimentos, generadores eléctricos e incluso ambulancias; una cercanía hecha de gestos concretos, pero también de acompañamiento en la oración.

El invierno en Ucrania entre el frío y la falta de electricidad

Un llamado a la caridad

"No se puede permanecer indiferentes ante el dolor, ante el sufrimiento hay que actuar -afirma el purpurado-, porque el riesgo, como dice el Papa León, es el de la 'globalización de la impotencia', aún más grave que la globalización de la indiferencia". Es necesario actuar “como cristianos”, añade el cardenal Krajewski, lo que significa responder a las necesidades que llegan desde la Iglesia ucraniana en Roma, la Basílica de Santa Sofía, punto de partida de camiones cargados de ayuda por parte de la Limosnería Apostólica, fruto de la generosidad de muchas personas.

La invitación, muy concreta, es llevar a via Boccea 478 calentadores químicos para manos, pies y cuerpo; ropa interior térmica y forros polares; calcetines térmicos y de lana; mantas térmicas y mantas isotérmicas de emergencia; termos y tazas térmicas; hornillos de gas para acampar y bombonas; además de alcohol sólido y duchas secas.

También se pueden donar barritas energéticas, frutos secos y chocolate. "Cada contribución -precisan desde la Basílica de Santa Sofía- significa calor, alimento y una posibilidad de supervivencia para quienes más lo necesitan".

Caritas-Spes Ucrania: enormes dificultades

A este llamado se suma el testimonio del padre Vyacheslav Hrynevych, director ejecutivo de Caritas-Spes Ucrania, la organización caritativa de la Iglesia católica de rito latino. "Es importante no apartar la mirada de lo que sucede en Ucrania -acota el sacerdote-, no pensar que se trata de una guerra lejana o de un simple conflicto entre otros países en las fronteras de Europa. Es necesario estar cerca de quienes están en necesidad, de quienes desean al menos vivir un poco de normalidad y poder mirar al futuro".

El presbítero habla de dificultades enormes y de la necesidad de responder de manera oportuna a todas las urgencias, en una situación que se ha agravado en los últimos días a causa de los ataques rusos contra las infraestructuras.

Resiliencia y solidaridad

La situación se complica aún más por las temperaturas extremadamente bajas: por la noche se alcanzan los -15 grados, mientras que durante el día se oscila entre -10 y -12. Tras los bombardeos de la noche del 19 al 20 de enero sobre la capital, 5.635 edificios quedaron sin calefacción; casi el 80% de ellos eran inmuebles donde el servicio había sido restablecido recientemente. "Muchas personas -explica- se ven obligadas a buscar refugio o a abandonar temporalmente sus hogares, no solo para huir de los bombardeos, sino también por el frío".

Esto dificulta la vida cotidiana: ir a trabajar, por ejemplo, no es sencillo, porque las calles deben despejarse de nieve y hielo, y el metro y los tranvías no circulan regularmente debido a la falta de electricidad.

"Es una lucha por la supervivencia", la define el director de Caritas, quien, sin embargo, subraya dos grandes fortalezas del pueblo ucraniano: la resiliencia y la solidaridad. "Cuando vemos cómo reaccionan las personas incluso durante los bombardeos o los largos apagones -cuando se reúnen, cuando buscan momentos de encuentro- comprendemos que somos verdaderamente un pueblo resiliente. Las personas saben compartir y apoyarse mutuamente".

“Punto de resiliencia”

La humanidad resiste frente a los horrores de la guerra y se convierte en impulso para la acción de Caritas, que responde con generosidad a las necesidades de la población. Por ejemplo -cuenta el padre Hrynevych-, fue posible instalar un gran generador eléctrico para garantizar en Kyiv la distribución de comidas calientes varias veces por semana. "Cada vez -subraya- acuden unas 200 personas para recibir un plato de comida".

Las necesidades han aumentado con el paso del tiempo y, si al principio acudían a los comedores los más vulnerables, hoy crece el número de quienes recurren a ellos.

Pero Caritas-Spes Ucrania necesita apoyo para sostener a quienes "no tienen posibilidad de abandonar sus casas, para ofrecerles un lugar cálido aunque sea por algunas horas y permitirles resistir al frío". "En Kyiv -relata- también hemos habilitado un “Punto de resiliencia”, donde hay un generador eléctrico y las personas pueden recargar sus dispositivos, calentarse y tomar algo caliente".

"Punto de resiliencia"

La caridad creativa

La iniciativa se ha extendido también a Járkov, donde Caritas-Spes, además de impulsar proyectos de reinserción laboral y reconstrucción de viviendas, ha organizado la distribución de comidas calientes y ha habilitado un centro donde se brinda ayuda material y abrigo. "Cada día -asegura el padre Vyacheslav- se acoge entre 100 y 150 personas".

"La situación sigue siendo extremadamente difícil: basta pensar que Kyiv tiene entre tres y cuatro millones de habitantes y que alrededor del 50% de los edificios de la capital carecen de calefacción. Los ataques alcanzan también las plantas, y el frío agrava todo, con el riesgo de una parálisis total".

Las parroquias intentan organizarse y, por iniciativa de monseñor Vitalii Kryvytskyi, obispo latino de Kyiv-Zhytomyr, cada una trata de abrir un refugio en su territorio. "Estamos evaluando -continúa- la posibilidad de instalar carpas calefaccionadas. Una parroquia incluso ha puesto en marcha una lavandería social, donde las personas pueden lavar su ropa".

Un invierno durísimo

Del calor que nace de la solidaridad y la cercanía habla también el padre Taras Zheplinsky, subdirector del Departamento de Comunicación de la Iglesia greco-católica. En un video enviado a los medios vaticanos, relata las dificultades de la vida cotidiana de los habitantes de Kyiv, golpeados por los frecuentes ataques rusos "contra las centrales termoeléctricas y las infraestructuras energéticas", pero también la consolación de no sentirse abandonados.

Su rostro está iluminado por la débil luz de una vela y por una decoración navideña detrás de él; un detalle que parece un mensaje: no rendirse a la oscuridad de la guerra, "que -precisa el sacerdote- el año pasado vio aumentar el número de víctimas en más del 30% respecto a 2024, según datos de la ONU".

"Es el invierno más riguroso de los últimos años -resalta-, con temperaturas por debajo de los 16 grados; nos hemos quedado sin electricidad. Casi 6.000 edificios no tienen calefacción, algunos barrios de la capital tampoco tienen agua".

La catedral de la Resurrección de Cristo -cuenta- está iluminada solo por las luces de los automóviles; las tiendas están cerradas, al igual que el centro comercial, porque el generador eléctrico ya no funciona.

Proteger a los niños

La crónica de una jornada en Kyiv podría terminar aquí, pero el padre Taras mira también la alegría que nace de las pequeñas y grandes cosas, la alegría de ser hombre de Dios. «En estos días oscuros y peligrosos, en la familia de uno de nuestros sacerdotes nació su tercer hijo, un varón. Una verdadera felicidad que se convierte también en una tarea».

"Nos sentimos obligados a proteger con todas nuestras fuerzas la vida de este niño, como la de otros millones de niños ucranianos. Y en esta tarea, como Iglesia en Ucrania, no estamos solos: sentimos la cercanía de la Iglesia católica universal, la solidaridad del papa León y el calor de quienes se acuerdan de nosotros".

Sus últimas palabras están llenas de esperanza y determinación: "Nosotros, los ucranianos, estamos seguros de que superaremos este invierno y estos ataques, superaremos toda la oscuridad que nos trae la guerra, porque sabemos que no estamos abandonados. Hemos acogido al Salvador nacido en Navidad y, como dice el profeta Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras, una luz resplandeció”.

"Estamos en la oscuridad y en la sombra de la muerte, pero sobre nosotros brilla la luz de Cristo y la luz de vuestra solidaridad en todo el mundo". El “gracias” final es para el calor de una parte del mundo solidaria y generosa que calienta «nuestras manos heladas, los rostros, los hogares": un calor que es amor fraterno.

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