Cardenal Parolin en Bambino Gesù: Parolin: "La donación de órganos es un acto de amor que supera la muerte"
El cardenal visita la nueva unidad de diálisis del hospital vaticano e interviene en el encuentro sobre el tema "La cultura del don", afirmando que toda contribución se convierte en una "providencia que pasa por las manos del hombre"
(Edoardo Giribaldi/Vatican News).- La naturaleza del don en una época en la que todo se mide «en términos de beneficio, rendimiento y utilidad». ¿Qué se puede donar? Mucho, todo: el dinero, que «cuando está animado por la caridad se convierte en instrumento de justicia»; un órgano, para reafirmar un amor que «supera la muerte»; el tiempo, que en el frenesí actual se convierte en «una de las formas más elevadas de caridad». Con estas palabras, el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, intervino esta mañana, martes 17 de febrero, en el hospital pediátrico romano Bambino Gesù, en la sede del Gianicolo.
Primero el cardenal visitó y bendijo la nueva unidad de diálisis del hospital y, a continuación, participó en la Sala Salviati en el encuentro de profundización sobre el tema «La cultura del don», junto con el presidente Tiziano Onesti; Francesco Emma e Isabella Guzzo, responsables respectivamente de nefrología y diálisis pediátrica y de la clínica de trasplantes renales; Paolo Bonassi, de Intesa Sanpaolo, que ha apoyado la remodelación de las instalaciones; y el joven Samuele Galimberti, que ha aportado su testimonio como paciente. Las intervenciones han sido moderadas por el vaticanista de Tg1, Ignazio Ingrao.
El don económico que puede convertirse en una forma concreta de amor
«El don es un lenguaje silencioso pero muy poderoso con el que los hombres y las mujeres expresan lo mejor de sí mismos», explicó Parolin, reafirmando que la generosidad permite salir de uno mismo para abrirse al prójimo. Las formas del don son múltiples, pero todas dan gloria a Dios cuando se realizan con «corazones e intenciones puros». La más visible, la económica, se considera a menudo «la más simple, la menos espiritual»; sin embargo, puede convertirse en una forma concreta de amor, como enseñó el mismo Jesús al recordar el gesto de la viuda que ofrece al e l templo unas monedas, aparentemente insignificantes, pero muy valiosas para ella.
«Debemos confiar en Dios, pero Él obra a través de los hombres», sintetizó el cardenal, subrayando que la generosidad económica «devuelve la dignidad» y hace posible la atención también en el futuro. A este respecto, Parolin agradeció a quienes apoyan al Hospital Bambino Gesù, realizando no solo un gesto de generosidad, sino participando en la «misión de curación y esperanza, custodiando la vida y la dignidad».
La donación de órganos, para ir más allá del sufrimiento
El Secretario de Estado se refirió luego a una segunda forma de donación, la de órganos, particularmente significativa en las unidades de diálisis. Un acto que refleja las palabras de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que este: dar la vida por sus amigos». Un gesto que adquiere un valor aún más profundo cuando lo realiza un padre que, en el «inmenso sufrimiento» de la pérdida, consigue generar «vida, esperanza y futuro» para los demás, superando la desesperación y ofreciendo a otro niño «la posibilidad de convertirse en adulto».
«La vida humana es relación y comunión, en el cuerpo donado late un amor que no se rinde ante la muerte», añadió Parolin.
El don del tiempo en un mundo frenético
Por último, un don más accesible para todos, que se puede ofrecer cada día: el tiempo. «Saber escuchar, acompañar, estar cerca. Decirle a alguien: tú eres importante para mí». En este sentido, observó el cardenal, son numerosos los ejemplos de voluntarios que asisten a los enfermos y a las familias «sin hacer ruido ni alboroto», encarnando la parábola del Buen Samaritano: detenerse, acercarse y cuidar.
Parolin recordó y agradeció la labor de los médicos, enfermeros y trabajadores sanitarios, profesiones que son verdaderas vocaciones, en las que se requiere unir «técnica y humanidad». Cada gesto de cuidado, en resumen, es «una respuesta concreta al mandato de Jesús: "Estaba enfermo y me visitasteis"», para una fraternidad que no se reduce a la teoría, sino que se convierte en «apoyo y amistad». La calidad de una civilización, concluyó el cardenal secretario de Estado, «se mide por la capacidad de cuidar a los más débiles», recordando que en el don reside una raíz profunda: «reconocer que también nosotros lo hemos recibido todo como un don».
Cada gesto de cuidado es una respuesta concreta al mandato de Jesús
La "amarga" lógica del beneficio
En su intervención, el doctor Francesco Emma recordó cómo el Bambino Gesù realizó las primeras diálisis pediátricas en 1985. Un «servicio estratégico» para todo el hospital, que también permite a los demás departamentos funcionar mejor, reforzándose mutuamente y ofreciendo «un tratamiento de excelencia».
Retomando la intervención de Parolin sobre la sociedad actual dominada por la «lógica del beneficio», Emma calificó de «amarga» la posibilidad de perder las líneas de diálisis pediátrica, ya que las dos empresas fabricantes «han decidido interrumpir su producción porque ya no es rentable».
La doctora Isabella Guzzo, por su parte, se centró en otro tema mencionado por el cardenal, el del «tiempo» que los pequeños pacientes pasan en diálisis: de tres a cuatro horas. Periodos que permiten profundizar en el conocimiento mutuo y que, en el Bambino Gesù, se enriquecen con la presencia de asesores y profesores, que permiten continuar con la actividad escolar.
Paolo Bonassi afirmó que cada gesto, cada regalo, cuando se trata de niños, «tiene más peso». En este sentido, el apoyo de Intesa Sanpaolo se inscribe en la idea de una inversión no solo en salud, sino también en «capital humano».
El testimonio de Samuele, un joven paciente
El encuentro se vio enriquecido aún más por el conmovedor testimonio de Samuele Galimberti, un joven de diecisiete años que, antes del trasplante de riñón, tuvo que someterse a diálisis peritoneal y hemodiálisis. Un tratamiento complejo de soportar, que le obligó a pasar su adolescencia —la edad de la despreocupación y la «socialización»— principalmente en el hospital, incluido el primer día de instituto.
Un impacto psicológico que le llevó a abandonar la esperanza, hasta que llegó la tan esperada «llamada para el riñón». A partir de ahí comenzó una «nueva vida»: el pasado agosto, en Alemania, se proclamó campeón en los 5000 metros en los Juegos Mundiales para Trasplantados. Pero no ha olvidado a quienes le ayudaron a llegar hasta allí: «Cada noche rezo dos veces: primero doy gracias a Dios y luego a mi donante, que es mi ángel de la guarda y me salvó la vida».
Por último, el presidente Onesti recordó que «invertir en los niños» representa «el verdadero bienestar de una comunidad» y expresó su deseo de que se produzca un «salto de calidad» en la lucha contra la «cultura del beneficio».
