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Las expectativas de Parolin ante el viaje del Papa a América: "Alegría, esperanza y compromiso con la justicia social"

Uruguay, Argentina y Perú esperan al Sucesor de Pedro, que mañana iniciará su sexto viaje apostólico internacional. Tres países unidos por sus raíces cristianas y por grandes retos sociales

Preparativos para la llegada del Papa León XIV a América Latina | AFP/Vatican News

(Massimiliano Menichetti/Vatican News).- El viaje que el papa León se dispone a emprender, del 6 al 17 de noviembre, por Uruguay, Argentina y Perú, estará lleno de encuentros y cargado de recuerdos. Tres países unidos por sus raíces cristianas y por grandes retos sociales. El sexto viaje apostólico internacional de León entrelaza el anuncio del Evangelio con la atención a los jóvenes, a los pobres y a los pueblos amazónicos, bajo el signo de la unidad y la reconciliación. El cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin subraya que «también en América Latina es más necesario que nunca superar las fuertes polarizaciones sociales, y la primera misión de la Iglesia es dar testimonio de unidad, para ser levadura de paz, de diálogo y de concordia».

Eminencia, el Papa ha expresado su alegría por poder volver a América Latina, un continente en el que ha vivido momentos intensos de su misión. ¿Qué importancia tiene este vínculo personal para el viaje que le espera?

Efectivamente, el papa León XIV, al regresar a América Latina, vuelve a lugares que han marcado su vida, especialmente en Perú. El encuentro con las comunidades locales estará, por tanto, cargado de recuerdos, de afecto y de gratitud. Creo que, desde el punto de vista personal, será una experiencia muy intensa y conmovedora. Pero también se enriquece el carácter institucional del viaje apostólico, porque la familiaridad cultural y espiritual del Santo Padre con ese entorno favorece el diálogo con la sociedad civil. La alegría por el próximo viaje nace, pues, de la posibilidad de renovar la comunión eclesial según esa misma misión al servicio del Evangelio, que él llevó a cabo como obispo de Chiclayo y que ahora continúa en todo el mundo como obispo de Roma.

El viaje comenzará en Uruguay, uno de los países más secularizados de América Latina. El lema elegido para esta etapa nos proyecta hacia la dimensión misionera: «Os anuncio una gran alegría». ¿Qué mensaje desea transmitir el Papa a una sociedad en la que la fe cristiana ya no ocupa el lugar que tuvo en el pasado?

La secularización de nuestras sociedades, y por tanto también de la uruguaya, es, lamentablemente, un hecho. Sin embargo, esto no cambia la misión de la Iglesia. Anunciar el Evangelio, a tiempo o a destiempo, sigue siendo su tarea, hoy como ayer. Lo que cambia, en todo caso, es la forma, y precisamente este es el sentido del lema del viaje apostólico a Uruguay: «Os anuncio una gran alegría».

Viaje Apostólico de León XIV a Uruguay

El papa León XIV no va a reclamar espacios perdidos, sino a proponer una buena noticia, que se ofrece, no se impone. Esta buena noticia tiene un rostro y un nombre: Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador, aquel que da sentido a nuestras historias personales y colectivas. Observo que este anuncio podrá encontrar una acogida especial en un país nacido del encuentro de personas de orígenes diversos y unido en una única identidad, pero marcado también, sobre todo hoy, por dificultades y heridas que afectan a muchas familias y a tantos jóvenes. Precisamente allí, anunciar a Cristo significa ofrecer esperanza para ampliar el horizonte de la vida. A la Iglesia que vive en Uruguay, pequeña en número pero viva, que custodia la fe en un contexto no siempre fácil, el Santo Padre quiere decirles que no están solos y que su testimonio cotidiano, humilde y gozoso, es el camino a través del cual el Evangelio puede volver a hablar al corazón del país.

La segunda etapa será Argentina, donde León XIV será acogido por una tierra que conserva un recuerdo especialmente intenso de su predecesor. ¿Cómo se dirigirá el Papa a esta tierra, marcada también por dificultades económicas y tensiones sociales?

El papa León XIV llegará a una tierra que guarda un recuerdo especialmente vivo del papa Francisco, recordado con gratitud no solo en su país, sino en toda la Iglesia y en el corazón de tantos hombres y mujeres de todas las partes del mundo. Creo que querrá rendirle homenaje y, de alguna manera, responder a una espera que los argentinos llevan en el corazón desde hace tiempo: la de acoger al Sucesor de Pedro, dado que el papa Francisco, lamentablemente, no ha podido realizar una visita durante su pontificado. Se dirigirá a los argentinos como un padre a sus hijos, con un lenguaje de cercanía, no para aportar soluciones técnicas, sino con el deseo de estar al lado de quienes atraviesan un momento difícil. Reconocerá el compromiso de quienes, a distintos niveles y con diferentes responsabilidades, buscan caminos concretos para construir un futuro de justicia y prosperidad para todos, señalando en el diálogo sincero y en la unidad el camino maestro para encontrar soluciones duraderas. Y, al mismo tiempo, querrá abrazar a las personas, a las familias y a las comunidades que cada día, con dignidad y sacrificio, se esfuerzan por seguir adelante, para que nadie se sienta excluido. Esto es lo que subraya el lema de la visita: «Bienvenidos todos, vayan y anuncien»: ¡una acogida que no deja a nadie fuera y un envío que convierte a cada uno en portador de esperanza! El ejemplo de los padres de la Patria, como San Martín, nos recuerda aún hoy que la fuerza de un pueblo nace de la escucha mutua, del respeto a todos, de la atención a quienes más sufren y de una generosidad compartida.

Perú representa una etapa que podríamos calificar de personal para León XIV: es el país en el que desempeñó su misión pastoral, fue obispo de Chiclayo y forjó un vínculo profundo con la población. ¿Qué significa este regreso, ya no solo como pastor de una Iglesia local, sino como obispo de Roma?

Hace unos meses, el Santo Padre, al reunirse con los obispos de Perú en visita ad Limina Apostolorum (30 de enero de 2026), compartió con ellos una reflexión que puede ayudarnos a responder a esta pregunta, claramente muy personal. El Papa les habló de un lugar especial que ocupa Perú en su corazón, por haber compartido allí alegrías y dificultades, por haber aprendido mucho de la fe de la gente sencilla y por haber experimentado la fuerza de una Iglesia que sabe perseverar incluso en medio de las pruebas. A la luz de estas palabras, creo que uno de los sentimientos con los que se vive su regreso es, al estilo del papa León XIV, una gratitud humilde y gozosa por lo que, a lo largo de los años de su ministerio en tierra peruana, ha recibido de todos y, especialmente, de los miembros más humildes del Pueblo de Dios. El Papa, sin embargo, regresa a Perú como Obispo de Roma, sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia universal, y esto supone un gran regalo para tantas personas que lo han conocido y amado: el de un vínculo de comunión aún más profundo y fuerte con toda la gran Familia de Dios, de modo que el amor experimentado entre el rebaño y el Pastor de una Iglesia particular, de fe viva y sólida, florece en un sentimiento que abraza en el Señor a toda la humanidad.

Una de las etapas más significativas será Pucallpa, en la Amazonía peruana, donde el Papa se reunirá con misioneros, misioneras y representantes de los pueblos amazónicos. Tras el Sínodo sobre la Amazonía y los llamamientos del papa Francisco a la salvaguardia de la casa común, ¿cuáles son las prioridades actuales?

En continuidad con los llamamientos del papa Francisco, también el papa León XIV, con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación del pasado 1 de septiembre, renovó la invitación a promover una relación más responsable con la creación. A la luz del Sínodo sobre la Amazonía y de las enseñanzas contenidas en Laudato si’ y en Querida Amazonia, sigue siendo fundamental la protección de la dignidad de la persona humana, con especial atención a las personas más vulnerables. La protección del medio ambiente está, de hecho, estrechamente ligada a la defensa de la vida, los derechos y las condiciones de vida de las poblaciones más expuestas a la degradación medioambiental y a la explotación de los recursos.

Además, es necesario replantearse los modelos de desarrollo y de producción, superando una concepción del crecimiento orientada exclusivamente al beneficio y al consumo. Es preciso promover una economía más atenta a la persona, a la justicia social y a las generaciones futuras, valorizando las culturas, los derechos y los conocimientos de los pueblos indígenas. La experiencia amazónica representa, en este sentido, un ejemplo importante de hasta qué punto la protección de la creación está ligada al respeto hacia las comunidades que la habitan. Para la Iglesia, esta responsabilidad exige un compromiso pastoral, educativo y social basado en la escucha y la cercanía a dichas comunidades.

Querida Amazonia

En los tres países, el programa alterna encuentros con las autoridades, celebraciones litúrgicas, encuentros con los jóvenes y visitas a las personas más vulnerables. ¿Cuáles son, en su opinión, las expectativas más profundas que las comunidades latinoamericanas depositan en este viaje?

Argentina, Uruguay y Perú cuentan con un patrimonio histórico, lingüístico y cultural derivado de su pasado común. Más allá de las diferencias geográficas, étnicas y económicas de cada nación, entre los pilares fundamentales que unen a los tres países, además de la lengua —que permite una comunicación directa y un rico espacio cultural—, se encuentra la fe católica, que ha forjado una cultura impregnada de valores fundamentales como la familia, la apertura a la vida y los lazos comunitarios de fraternidad, solidaridad y hospitalidad.

Por lo tanto, teniendo en cuenta estas características compartidas, la visita del Santo Padre León XIV suscita en estas comunidades una mezcla de alegría y esperanza, así como grandes expectativas pastorales y sociales. Ante momentos socioeconómicos, políticos e históricos complejos, ante crisis locales y dificultades cotidianas, las comunidades esperan palabras de aliento sobre la búsqueda de la reconciliación y la paz; sobre la importancia de la justicia social para la vida de estos pueblos, con especial atención a la recuperación social y medioambiental de las poblaciones indígenas.

Estas expectativas van acompañadas de entusiasmo y alegría, ya que, para numerosos obispos, sacerdotes, religiosos y fieles de la región, el viaje apostólico representa un gesto de predilección por parte del Papa hacia una zona del mundo en la que la escasez de sacerdotes, las grandes distancias geográficas y los enormes retos requieren su presencia paternal, cercana y solícita.

En muchos contextos latinoamericanos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos siguen dedicando su vida al lado de los pobres, a veces en situaciones de grave riesgo. ¿Qué importancia tiene apoyar estos testimonios?

Creo que este aspecto de la evangelización no solo es importante, sino decisivo. El testimonio de estos hermanos y hermanas contribuye a perfilar el rostro de una Iglesia que no solo habla de los pobres, sino que vive con ellos, comparte su esfuerzo y está de su lado. La labor de tantos cristianos que, por su fe en Cristo, dedican su vida a los pobres, da testimonio de que la Iglesia no se resigna a la injusticia, a la violencia y a lo que el papa Francisco llamaba la «cultura del descarte», sino que cree firmemente que es posible construir un mundo diferente y mejor. Necesitamos a estas personas generosas: su existencia es un signo profético que exhorta a todo el Pueblo de Dios a permanecer fiel a la misión hacia los más desfavorecidos, que el Señor Jesús le ha confiado.

Existe una gran expectación, sobre todo entre los jóvenes, que también viven la incertidumbre laboral, la precariedad, el miedo al futuro y, a veces, la pobreza y las privaciones: ¿cómo puede la Iglesia ayudarles a recuperar la confianza y a sentirse protagonistas del cambio?

Los jóvenes atraviesan un momento difícil. Saben que es posible vivir en paz, buscar la justicia, encontrar un trabajo que les dé dignidad y formar una familia. Sin embargo, viven en un mundo marcado por la guerra y la injusticia, con un empleo precario y familias cada vez más frágiles. En esta etapa tan contradictoria para las nuevas generaciones, la Iglesia ofrece el testimonio del Evangelio y el encuentro con Jesús. Un encuentro que cambia la vida, no porque la proteja de los problemas y las tensiones, sino porque ofrece el camino para vivirla en plenitud, sin sentirse solos. «En el mundo tendréis aflicciones, pero tened ánimo: ¡yo he vencido al mundo!», afirma Jesús en el Evangelio de Juan. No me parece casual que este versículo sea el tema de la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Seúl. Creo que este es el mensaje que el Papa llevará a los muchos jóvenes con los que se encontrará durante su viaje: la invitación a seguir a Cristo para vivir plenamente el tiempo que se les ha regalado.

La Iglesia está llamada a dialogar con las instituciones civiles, manteniendo su libertad y su fuerza profética. ¿Qué importancia tiene este equilibrio para el bien de cada persona?

Lo considero un equilibrio esencial. El Concilio Vaticano II lo expresó con claridad: la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su ámbito, pero ambas, a título diferente, están al servicio de la vocación personal y social de las mismas personas (cf. Gaudium et spes, 76). El punto de encuentro es, por tanto, el bien de la persona concreta. Los tres países que visitará el Santo Padre muestran cómo este principio puede articularse en contextos diversos, desde la larga tradición de laicidad de Uruguay hasta los acuerdos con la Santa Sede vigentes en Argentina y Perú.

La Iglesia está llamada a colaborar y lo hace de buen grado. Sin embargo, no renuncia a señalar lo que atenta contra la dignidad humana. La fidelidad al Evangelio le exige una cercanía especial hacia los más débiles. Al fin y al cabo, las instituciones existen para las personas. León XIV, dirigiéndose a los parlamentarios el 21 de junio de 2025, con motivo del Jubileo de los Gobernantes, recordó su tarea de promover y tutelar el bien común, más allá de los intereses particulares y con especial atención a los más débiles y marginados. Es en este ámbito donde la colaboración entre la Iglesia y las instituciones civiles puede dar fruto, respetando la distinción de sus respectivas responsabilidades y en beneficio de todos.

Jubileo de los Gobernantes, 2025

Eminencia, usted también tiene un vínculo especial con América Latina. ¿Qué espera personalmente que este viaje deje en el corazón del Papa?

Basándome también en mi experiencia personal, espero que el Santo Padre pueda encontrar comunidades cristianas comprometidas a ser signo de comunión en sus respectivos países. La Iglesia es, por su naturaleza, signo e instrumento de unidad para todos los hombres y, también en América Latina, existe más que nunca la necesidad de superar las fuertes polarizaciones sociales. La primera misión de la Iglesia es dar testimonio de unidad, para ser levadura de paz, de diálogo y de concordia en la sociedad. El Papa, que es el signo visible de la unidad de la Iglesia, es también el primer testigo, allá donde vaya, de la necesidad de superar las contraposiciones y de colaborar todos por el bien común. Espero que el corazón del Sucesor de Pedro pueda encontrar consuelo al encontrarse con Iglesias comprometidas a crecer en la unidad y al servicio de la concordia social.

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