Koovakad en la catedral de Westminster: "Las diferencias religiosas no justifican la violencia. Colaboremos"
El prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso preside en Londres la misa en la catedral de Westminster. En la homilía invita a mantenerse firmes en la propia identidad cristiana, "para poder encontrarnos con los demás sin miedo ni confusión"
(Edoardo Giribaldi/Vatican News).- La figura bíblica de Ciro, rey de Persia y no israelita —por lo tanto, ajeno al pueblo elegido— y sin embargo designado por Dios como su libertador, muestra cómo la acción divina puede sorprender y no está limitada «por las fronteras geográficas, la etnia, la cultura o la pertenencia religiosa». Así lo afirmó el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, al presidir la misa celebrada esta mañana, 18 de octubre, en la Catedral de Westminster, en Londres. El cardenal se encuentra en la capital británica desde el 13 de octubre y permanecerá allí hasta el 22 para participar en una serie de eventos de carácter ecuménico.
El diálogo "más necesario que nunca"
En la homilía, el cardenal saludó al arzobispo de Westminster y presidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, Charles Phillip Richard Moth; al arzobispo de Birmingham y copresidente de la Comisión Internacional Anglicana-Católica (ARCIC), Bernard Longley, y al obispo de Nottingham, Patrick McKinney. Su visita a Londres representa una oportunidad para reiterar que, en «un mundo cada vez más multirreligioso, promover relaciones cordiales entre las diferentes religiones es más necesario que nunca».
Reconocer lo "verdadero y santo"
Lo afirmado en la declaración conciliar Nostra aetatesobre la capacidad de la Iglesia para reconocer en las otras religiones lo que es «verdadero y santo» no significa renegar de la propia fe, precisó el cardenal. Significa, más bien, tender puentes a través del diálogo, haciendo realidad el deseo del papa Francisco «para que cada uno pueda encontrar en el otro no a un enemigo, ni a un rival, sino a un hermano al que acoger y abrazar».
El diálogo entre personas de diferentes confesiones, subraya, permite superar "la ignorancia y los prejuicios" y colaborar en la resolución pacífica de los conflictos
La grandeza de la acción divina
Koovakad evocó entonces la figura de Ciro, protagonista de la Primera Lectura, para recordar cómo la acción divina puede traspasar todo tipo de fronteras. Esto no significa, sin embargo, que las diferencias religiosas sean irrelevantes o que todas las confesiones sean idénticas. La fe invita, más bien, a «reconocer que la acción de Dios es más grande que nuestra capacidad para comprenderla».
Las virtudes del encuentro interreligioso
Las tres virtudes teologales mencionadas por san Pablo en la Primera carta a los Tesalonicenses son esenciales también para construir relaciones y fomentar encuentros interreligiosos auténticos, según el cardenal. En primer lugar, la fe, que nos permite permanecer «firmes en nuestra identidad cristiana, para poder encontrarnos con los demás sin miedo ni confusión». Luego, el amor, que significa no reducir al prójimo a una etiqueta o a un estereotipo, sino reconocerlo como persona, con su tradición y su historia. Por último, la esperanza: creer, como lo recordó León XIV, que «Dios puede transformar los corazones y hacer surgir la amistad donde antes reinaba el miedo».
Al césar y a Dios
El cardenal se detuvo luego en el pasaje del Evangelio proclamado durante la celebración eucarística, en el que Jesús pronuncia la famosa frase: «Dad, pues, al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios». Un «claro orden de prioridades»: «La moneda lleva grabada la imagen del César, pero cada ser humano lleva en sí la imagen de Dios». Si al emperador se le puede entregar una moneda, a Dios es fundamental donarse uno mismo. Una enseñanza que «reviste una importancia particular para las relaciones interreligiosas. Si cada ser humano lleva en sí la imagen de Dios, nadie puede ser tratado como un enemigo y las diferencias religiosas no pueden, de ninguna manera, convertirse en un pretexto para el odio, la discriminación o la violencia».
La naturaleza del prójimo
La colaboración entre las distintas confesiones constituye, por lo tanto, un «servicio a toda la familia humana». Cuando personas de diferentes religiones se encuentran con sinceridad, subrayó el cardenal, «pueden superar la ignorancia y los prejuicios, aclarar malentendidos e identificar áreas de interés común. Pueden colaborar para lograr una resolución pacífica de los conflictos y para poner fin a las guerras y a la violencia». No se trata de simple diplomacia o cortesía social, sino del Evangelio vivido de manera concreta: «El prójimo no es solo aquel que pertenece a nuestra comunidad o comparte nuestras convicciones de fe. El prójimo es la persona que Dios pone ante nosotros para que sea amada y cuya dignidad estamos llamados a reconocer, respetar y valorar».
La diversidad en el Reino Unido
En este sentido, Koovakad elogió al Reino Unido, y a Londres en particular, por los ejemplos que ofrece de las oportunidades y los desafíos relacionados con la diversidad religiosa. «Esta diversidad puede convertirse en una gran bendición cuando va acompañada de respeto mutuo y de un compromiso con el bien común. Sin embargo, también puede convertirse en fuente de tensión cuando las diferencias se instrumentalizan para alimentar el miedo o la división». La comunidad cristiana está, por lo tanto, llamada a permanecer fiel a Cristo y, al mismo tiempo, a acercarse a las personas de otras religiones «con humildad y respeto», reconociendo en cada una de ellas la imagen de Dios.
A primera hora de la tarde, el cardenal participará en un evento ecuménico con representantes de la comunidad judía, programado nuevamente en la Catedral de Westminster bajo el tema «En oración por la paz».