"No podemos vivir como islas": la Iglesia llama a reforzar el diálogo social Norte-Sur utilizando el método sinodal
Es el desafío que plantea el IV Encuentro Sinodal "Fratelli Tutti". El cardenal Jaime Spengler y Anthony Granado explican a Vatican News cómo Iglesia y sociedad pueden avanzar juntas ante las transformaciones que marcan el presente
(Sebastián Sansón Ferrari/Vatican News).- Escuchar para comprender, dialogar para construir y caminar juntos ante desafíos que ya no pueden afrontarse de manera aislada. Es el horizonte que reúne estos días en Roma a representantes de la Iglesia, del mundo del trabajo, de la empresa y de la sociedad civil en el IV Encuentro Sinodal "Fratelli Tutti: diálogo socioambiental Norte-Sur".
La iniciativa, que se desarrolla del 10 al 12 de septiembre en la Casa Generalicia de La Salle, en Roma, busca consolidar un espacio de diálogo entre actores del Norte y del Sur en torno a cuestiones sociales y ambientales, con particular atención al trabajo, la transición ecológica y los retos planteados por las nuevas tecnologías. El encuentro da continuidad a un proceso iniciado en 2023 y desarrollado posteriormente en Bogotá y Washington, y concluirá con una audiencia con el Papa León XIV.
Para el cardenal Jaime Spengler, arzobispo de Porto Alegre y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), la sinodalidad ofrece una metodología que puede trascender los límites de la comunidad eclesial.
"La sinodalidad es una metodología de diálogo, de escucha", afirma. En un momento marcado por una transición "compleja", sostiene, resulta urgente "reunir las mejores fuerzas de la sociedad" y generar espacios en los que las personas puedan escucharse y hacerse escuchar, buscando "condiciones de vida mejores para todos".
El encuentro busca consolidar un espacio de diálogo entre actores del Norte y del Sur en torno a cuestiones sociales y ambientales, con particular atención al trabajo, la transición ecológica y los retos planteados por las nuevas tecnologías
Una sinodalidad que sale al encuentro de la sociedad
El cardenal brasileño considera que esta dimensión de la sinodalidad responde precisamente a una necesidad del mundo contemporáneo. No se trata únicamente de una dinámica interna de la Iglesia, sino de una forma de relacionarse con la sociedad y de afrontar juntos cuestiones que afectan a todos.
"Necesitamos urgentemente espacios de escucha y diálogo", señala. Desde esta perspectiva, la experiencia sinodal puede convertirse en una contribución concreta a la construcción de una sociedad capaz de afrontar sus diferencias sin renunciar a la búsqueda del bien común.
Anthony Granado, secretario general asociado de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), coincide en la importancia de llevar este método a todos los niveles. El diálogo, explica, debe comenzar en las parroquias y las diócesis y llegar también a los espacios donde se toman decisiones políticas y económicas.
"La Iglesia quiere, desde la parroquia hasta el obispo, en todos los niveles, traer el Evangelio al mundo, promover el bien común", afirma.
Granado destaca además el método de la "conversación en el Espíritu", utilizado durante los trabajos del encuentro. Una dinámica que, a su juicio, permite descubrir que aquello que afecta a una parte de la sociedad termina teniendo consecuencias para todos.
"Lo que afecta a una parte de la comunidad y de la sociedad, afecta a todos", resume.
Una transición ecológica que mire a las próximas generaciones
Otro de los grandes ejes del encuentro es la transición ecológica y las condiciones necesarias para que pueda ser verdaderamente justa.
Para Spengler, el punto de partida debe ser una mirada amplia que tenga en cuenta a todos los actores implicados, incluidas las comunidades originarias. Pero, sobre todo, propone situar una pregunta en el centro del discernimiento: "¿Qué mundo queremos dejar para las próximas generaciones?".
La cuestión, explica, no puede abordarse sin reconocer la complejidad del escenario actual y la responsabilidad que corresponde a quienes toman decisiones. "¿Cómo podemos colaborar para dejar el mundo un poco mejor para las futuras generaciones?", plantea.
En este proceso, la Iglesia considera que puede ofrecer una contribución propia desde su tradición de doctrina social. Spengler recuerda que esta tradición es fruto de un largo camino histórico de atención a las condiciones de vida de las personas y de la sociedad.
"Tenemos los fundamentos éticos de la doctrina social. Tenemos los fundamentos evangélicos de la doctrina social. Tenemos los fundamentos de la tradición de la Iglesia", afirma.
Por ello, considera necesarias "transparencia, coraje y determinación" para crear espacios capaces de traducir estos principios en iniciativas concretas.
La inteligencia artificial: una capacidad humana ante un desafío ético
La conversación también se adentra en uno de los fenómenos que están transformando con mayor rapidez la sociedad: la inteligencia artificial.
Spengler parte de una consideración positiva: la inteligencia artificial es fruto de la capacidad y del ingenio humanos. "La capacidad humana es don de Dios", recuerda. Pero precisamente por ello, advierte, el desafío está en decidir cómo utilizar esta nueva tecnología.
"Puede servir tanto para promover la vida como también puede ser usada para la disminución de lo humano, del ser humano", señala.
La expansión de la inteligencia artificial abre así una serie de interrogantes éticos que, en su opinión, requieren todavía una mayor clarificación. Entre ellos se encuentran sus efectos sobre el mundo del trabajo y sobre las personas más vulnerables.
Granado señala también la preocupación por quienes pueden quedar especialmente expuestos a las transformaciones tecnológicas. La doctrina social de la Iglesia, sostiene, ofrece un marco importante para abordar estas cuestiones, junto con otros desafíos como la pobreza y las migraciones.
"Somos hermanos": continuar el diálogo más allá de Roma
Para los participantes estadounidenses, el encuentro no termina cuando concluya la reunión en Roma. Granado explica que uno de los principales compromisos consiste precisamente en llevar las conversaciones de vuelta a las Iglesias locales y a los distintos ámbitos de la sociedad.
Desde Washington, la intención es trasladar lo aprendido a los espacios políticos, empresariales y civiles, manteniendo los contactos construidos durante estos días.
"El diálogo necesita continuar", insiste. En su perspectiva, el proceso permite constatar que son más los elementos que unen a las personas que aquellos que las separan. Una convicción que adquiere particular relevancia ante cuestiones como la migración, que no pueden reducirse a las fronteras de un solo país.
"Somos hermanos", afirma Granado. "Tenemos más en común" y, por ello, es necesario continuar buscando respuestas a problemas que afectan a todos. El secretario general asociado de la USCCB contempla incluso la posibilidad de nuevas reuniones en Estados Unidos o América Latina para prolongar este intercambio con el CELAM y con representantes de distintos sectores.
De Roma a las comunidades
El desafío, por tanto, consiste en transformar el diálogo en una dinámica permanente. No solo en los encuentros internacionales, sino también en las parroquias, las comunidades, las instituciones políticas, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil.
Spengler considera que gobiernos e Iglesia pueden desarrollar conjuntamente iniciativas destinadas a "cuidar y promover la vida". Granado, por su parte, insiste en que ningún sector puede afrontar por sí solo los desafíos que atraviesan el mundo contemporáneo.
Migración, medio ambiente, trabajo e inteligencia artificial aparecen así como realidades estrechamente relacionadas, ya que, como apunta, no se puede vivir como islas. El IV Encuentro Sinodal "Fratelli Tutti" busca precisamente convertir esta constatación en un camino compartido: escuchar las distintas voces, reconocer aquello que une y generar compromisos concretos para el bien común. La iniciativa forma parte de un proceso de cooperación entre la Pontificia Comisión para América Latina, el CELAM y la USCCB que pretende fortalecer los puentes entre Norte y Sur.
