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2026: un año nuevo de noticias

El Papa en el ángelus: "Oremos todos juntos por la paz; sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria"

"El Señor nos invita a renovar nuestro tiempo, inaugurando finalmente una época de paz y amistad entre todos los pueblos"

Papa y paz

En el primer ángelus del año nuevo, León XIV recuerda que "el Señor nos invita a renovar nuestro tiempo, inaugurando finalmente una época de paz y amistad entre todos los pueblos", porque, como nos enseñó el Jubileo, que está a punto de concluir, hay que "cultivar la esperanza de un mundo nuevo: convirtiendo el corazón a Dios, para poder transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas".

El Papa también subrayó en su saludo antes del ángelus que "el corazón de Jesús palpita por los justos, para que perseveren en su entrega; y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren paz".

Paz

Tras lla bendición apostólica y tras saludar a los presentes y devolverle el saludo al presidente de Italia, Sergio Matarella, el Papa recordó que hoy se celebra la Jornada Mundial de la Paz: "En mi mensaje he querido retomar el deseo que el Señor me ha sugerido llamándome a este servicio. La paz esté con todos ustedes, una paz desarmada y desarmante que proviene de Dios, un don incondicionado confiado a nuestra responsabilidad. Queridos, con la gracia de Cristo comencemos desde hoy a construir un año de paz, desarmando nuestros corazones y absteniéndonos de toda violencia".

Y terminó con la bendición franciscana: "Al inicio de este año en el cual se celebra el octavo centenario de la muerte de San Francisco, quiero hacer llegar a toda persona su bendición tomada de la Sagrada Escritura. Que el Señor te bendiga y te proteja. Que te muestre su rostro y tenga misericordia de ti. Que dirija su rostro sobre ti y te conceda la paz. Que la Santa Madre de Dios nos guíe en el camino del nuevo año. Felicidades a todos. Amén".

El Papa, ante la Virgen

Catequesis del Papa en el ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz año nuevo! 

Mientras el ritmo de los meses se repite, el Señor nos invita a renovar nuestro tiempo, inaugurando finalmente una época de paz y amistad entre todos los pueblos. Sin este deseo de bien, no tendría sentido girar las páginas del calendario y llenar nuestras agendas. 

El Jubileo, que está por concluir, nos ha enseñado cómo cultivar la esperanza de un mundo nuevo: convirtiendo el corazón a Dios, para poder transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas. De hecho, es con este estilo que Dios mismo habita la historia y la rescata del olvido, dando al mundo al Redentor: Jesús. Él es el Hijo Unigénito que se hace nuestro hermano e ilumina las conciencias de buena voluntad, para que podamos construir el futuro como casa acogedora para todo hombre y toda mujer que nace. 

En este sentido, la fiesta de Navidad lleva hoy nuestra mirada a María, que fue la primera en sentir palpitar el corazón de Cristo. En el silencio de su seno virginal, el Verbo de la vida se anuncia como latido de gracia. 

Año nuevo

Dios, creador bueno, conoce desde siempre el corazón de María y el nuestro. Haciéndose hombre, Él nos da a conocer el suyo; por eso el corazón de Jesús late por todo hombre y toda mujer. Por el que está dispuesto a acogerlo, como los pastores, y por el que no lo quiere, como Herodes. Su corazón no es indiferente ante quien no tiene corazón para el prójimo: palpita por los justos, para que perseveren en su entrega; y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren paz.  

El Salvador viene al mundo naciendo de una mujer; detengámonos a adorar este acontecimiento, que resplandece en María Santísima y se refleja en cada recién nacido, revelando la imagen divina impresa en nuestro cuerpo. 

En esta Jornada oremos todos juntos por la paz; sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria, pero también en nuestras casas, en las familias heridas por la violencia y el dolor. Con la certeza de que Cristo, nuestra esperanza, es el sol de justicia que nunca declina, supliquemos confiados la intercesión de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. 

Jornada mundial de la paz

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