Pasolini: "El Evangelio no se anuncia para vencer, sino para encontrar"
La evangelización fue el corazón de la tercera meditación de Cuaresma de este 20 de marzo, en el Aula Pablo VI, en presencia del Papa
(Vatican News).- Implicarse personalmente con humildad, aceptando depender de la sensibilidad de los demás; preparar el terreno para el encuentro con Jesús; no ofrecer respuestas, sino suscitar preguntas; dejar espacio al diálogo, dispuestos a acoger el bien del otro en “un dinamismo de amor”. Es un camino articulado y lleno de matices, centrado en la evangelización a partir de la experiencia espiritual de San Francisco de Asís, el que el predicador de la Casa Pontificia, padre Roberto Pasolini, propone en su tercera meditación titulada: “La misión. Anunciar el Evangelio a toda criatura”, este viernes 20 de marzo por la mañana, en el Aula Pablo VI, en presencia de León XIV.
El anuncio del Evangelio -subraya el capuchino- no debe proponerse “desde una posición de superioridad o de control”, porque eso correría el riesgo de traicionarlo.
“Nuestra autoridad no nace del rol, sino de una vida que acepta entrar en este dinamismo de amor. Es lo que Francisco intuyó cuando llamó a sus frailes ‘menores’: les asignó no un título, sino un modo concreto de estar en el mundo. Es precisamente esta pequeñez, esta humildad vivida, la que hace fecundo el anuncio del Evangelio”.
El Evangelio toma forma en la vida
La misión, cumplimiento de la conversión y de la fraternidad, nace “del deseo de compartir con otros la experiencia y el anuncio del Evangelio”, pero todo procede de la Palabra. “No se puede hablar verdaderamente -afirma el padre Pasolini- de aquello que todavía no ha echado raíces en la propia vida”.
No se puede permanecer “a resguardo”; “hace falta paciencia: custodiar lo que hemos visto y escuchado, dejarlo madurar en la oración, hasta que subraya- se convierta en vida antes que en palabra”. Atención a la tentación de “usar las cosas de Dios para buscar aprobación o reconocimiento”; es necesario proteger lo que es precioso, dejarlo madurar y transformarlo después en testimonio.
"Cristo no es una información que transmitir, sino un misterio que habita la humanidad y que pide ser reconocido para poder emerger en la vida. El Evangelio no se comunica como una simple noticia; se entrega como una vida que lentamente toma forma".
Como un nuevo nacimiento
El padre Pasolini recurre a un ejemplo elocuente para explicar cómo la presencia de Dios en el corazón del hombre cambia la vida y la relación con los demás. “Es la experiencia que vive una madre: primero lleva al hijo dentro de sí, le da tiempo para crecer, y solo después lo da a luz. Así es también la fe. Primero Cristo ocupa espacio dentro de nosotros, en silencio, en la oración, en las decisiones cotidianas. Y solo después puede aparecer exteriormente, en los gestos y en la forma en que nos relacionamos con los demás”.
La humanidad del otro
Partir sin seguridades, preparando un encuentro que Jesús mismo desea realizar. “No somos nosotros el centro del anuncio —explica el capuchino—, sino el rostro de Dios que podemos, con sencillez, hacer transparente y accesible”. Se perfila así un movimiento claro: dejarse acoger y luego anunciar, reconociendo el valor del otro. “Significa tomar en serio su humanidad, su capacidad de bien, su disponibilidad”.
La pobreza real
Para ello es necesaria “una pobreza real”, subraya el predicador: “presentarse sin tenerlo todo y sin controlarlo todo, aceptar depender también de la bondad y de la sensibilidad de los demás, y descubrir que el Reino de Dios ya está presente, de modo oculto, también en la vida de quien aún no lo conoce”.
Evangelizar, en esta perspectiva, significa decir a los demás -incluso sin palabras- que es bueno que existan, que su vida tiene valor. No para confirmarlos simplemente en lo que son, sino para acompañarlos a reconocer, poco a poco, la verdad y la belleza que llevan dentro, sin apresurarse a llevarlos a nuestras propias ideas.
Pasolini retoma las palabras del Papa Francisco sobre la evangelización: “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”, es decir, cuando “nuestra presencia no sofoca la libertad del otro, sino que la despierta”.
Un momento de la tercera meditación de Cuaresma dirigida por Fray Roberto Pasolini, Predicador de la Casa Pontificia (@Vatican Media)
Las palabras abstractas no convencen a nadie
Reconocer en el otro la presencia de Dios, acercarse con respeto: estas son las condiciones esenciales para el diálogo. “No se trata solo de saber hablar, sino ante todo de saber escuchar. Y, cuando llega el momento, de saber comunicar las palabras de esperanza que vienen de Dios”. No dar respuestas inmediatas, sino saber esperar las preguntas, porque es Dios quien “completa nuestro pobre testimonio”.
El padre Pasolini recuerda el episodio de los bandidos que vivían cerca de los frailes sobre el Borgo de San Sepolcro; una convivencia difícil que llevó a Francisco a una verdadera iluminación: ofrecerles pan y vino y luego anunciar a Dios. Los bandidos solo así lograron cambiar de vida, porque experimentaron “acogida, respeto y confianza”. Lo que realmente prepara el encuentro es el camino recorrido juntos, que acompaña a las personas a interrogarse; “esas preguntas -añade el predicador- son ya un lugar donde Dios está presente y actúa”.
"Cuando las palabras nacen de una experiencia real, llegan a los demás. Cuando permanecen abstractas e impersonales, no convencen a nadie. Ni siquiera a quienes las pronuncian. Anunciar el Evangelio significa acercarse con respeto a la vida de los otros y reconocer que, en la complejidad de su existencia, ya hay una búsqueda de sentido, de bien y de verdad".
Custodiar la diferencia
Un episodio central en la vida de San Francisco de Asís es el encuentro con el sultán de Egipto, Al-Malik al-Kamil, durante la quinta cruzada. “A primera vista -explica el religioso- parecería que ocurre poco: el sultán no se convierte y Francisco no encuentra el martirio que buscaba”. Pero ese encuentro fue terreno de diálogo y de crecimiento. El fraile de Asís se presenta “sencillo, pobre, sin defensas”. “No busca imponer su idea, se pone ante el otro tal como es”. El sultán reconoce en él “la pobreza y la humildad de Cristo”; no se siente atacado ni cuestionado, y por eso se abre. El milagro es que dos hombres, en medio de la guerra, descubren la humanidad del otro y se dejan en paz.
"El Evangelio no se anuncia para vencer, sino para encontrar. El otro no es un objetivo que alcanzar, sino un umbral ante el cual uno se detiene, esperando ser acogido. Evangelizar no significa acortar la distancia a cualquier precio, sino atravesarla sin cancelarla, custodiando la diferencia como el espacio donde Dios sigue actuando en el corazón de cada uno".
Una vida que encontrar
Encontrar al otro significa no solo dar, sino también recibir. En esta actitud de “radical apertura al otro”, Francisco recomienda a sus frailes estar “sometidos” ante personas de fe diversa. Sumisión -precisa el padre Pasolini- no significa perder la propia identidad ni resignarse ante el otro por debilidad.
"Es una elección libre de respeto y de diálogo. Significa reconocer que el otro no es un terreno que conquistar, sino una vida que encontrar, respetar y acoger. Quien acepta situarse de este modo permite al otro abrirse, emerger, mostrarse tal como es. Esta manera de situarse es, por sí misma, un acto profundamente evangélico".
“Dios no se impuso al hombre -afirma el capuchino-, sino que le hizo espacio. No custodió celosamente su propia grandeza: la entregó, para que el otro pudiera acogerla y vivir”. Cuando hay acogida, el bien emerge, “ese bien -concluye el predicador de la Casa Pontificia- en el que, de modo oculto, ya está presente el misterio de Cristo”.