La Santa Sede pide ante la ONU dar prioridad a educación, alimentación, sanidad y no a los gastos militares
Durante la 81ª sesión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, el observador vaticano El Kassis intervino ante dos comisiones con cuatro discursos, dedicados a la participación de los países en desarrollo en las decisiones fiscales
(Daniele Piccini /Vatican News).- El aumento global del gasto militar está afectando, en este momento histórico particular, a los países en desarrollo, que ven cómo se reducen drásticamente las inversiones «en salud, educación, seguridad alimentaria, trabajo digno y acción por el clima», sectores que no son marginales en la «construcción de sociedades pacíficas y resilientes», sino que constituyen su núcleo mismo. Este fue el tema central de la intervención que realizó ayer, 6 de octubre, el arzobispo Christophe Z. El Kassis, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York, ante la Segunda Comisión de la 81ª sesión de la Asamblea General.
Una nueva arquitectura financiera
Por lo tanto —continuó— es necesario revisar las prioridades y, sobre todo, crear «una arquitectura financiera internacional más equitativa e inclusiva» para que el desarrollo de una persona no dependa de haber nacido en una u otra parte del mundo, y para que las perspectivas de los países en desarrollo estén «adecuadamente representadas en las decisiones que afectan su espacio fiscal». Al respecto, monseñor El Kassis recordó que faltan solo cuatro años para que se cumpla la Agenda 2030 —el plan de acción de la ONU, adoptado en 2015, que establece 17 objetivos para promover el desarrollo económico, social y ambiental— y que «los avances siguen siendo desiguales» debido a la «persistente insuficiencia de recursos disponibles para los países y las comunidades que más los necesitan».
Igualmente urgente es reconocer «el peso de la deuda insostenible que agobia a tantos países en desarrollo». Al respecto, el diplomático de la Santa Sede señaló que la deuda «puede constituir un instrumento importante para el desarrollo cuando permite a los países invertir en sus propias poblaciones». Por otro lado, sin embargo, representa una carga que absorbe recursos financieros e impide «las inversiones esenciales en el desarrollo humano». Monseñor El Kassis aboga por la adopción de «una arquitectura de la deuda más eficaz y equitativa» que permita «a los países que enfrentan cargas de deuda insostenibles» invertir «en sus propias poblaciones y perseguir sus propias prioridades de desarrollo».
Al concluir su discurso, el observador permanente de la Santa Sede ante la ONU instó finalmente a «una asignación de recursos que otorgue la debida prioridad a una paz, una prosperidad y un desarrollo auténticos y duraderos», y alentó a la Comisión «a promover un enfoque de financiamiento del desarrollo sostenible que coloque a la persona humana en el centro».
Los países pobres, protagonistas de su propia recuperación
Volver a situar a la persona en el centro de la agenda global, combatir las nuevas formas de explotación y proteger a los menores y a la familia frente a los desafíos tecnológicos y económicos del siglo XXI. Este fue el contenido de las tres intervenciones que monseñor El Kassis pronunció ante la Tercera Comisión de la 81ª sesión de la Asamblea General.
En su primera intervención, dedicada al desarrollo social tras la Cumbre de Doha, celebrada en noviembre de 2025, el observador permanente se refirió a la encíclica Magnifica humanitas para subrayar la necesidad de redefinir las prioridades económicas: «El desarrollo es verdaderamente humano cuando pone a las personas en el centro, en lugar de la acumulación de riqueza». La lucha contra la pobreza exige que los más necesitados se conviertan en «participantes activos y protagonistas» de su propia superación, con el apoyo de pilares fundamentales como la educación, ya que «educar significa ayudar a las personas a “ser” más, no simplemente a “tener” más». En el centro de este proceso se encuentra la familia, cuyo debilitamiento compromete «el crecimiento auténtico de todo el cuerpo social».
Promoción de la mujer y protección de la infancia
El segundo discurso se centró en la promoción de la mujer. Monseñor El Kassis instó a traducir la igualdad en «decisiones concretas, como las leyes, el acceso al trabajo y la educación». La delegación vaticana denunció los problemas sin resolver de la trata de personas y la violencia, pero también las contradicciones de ciertas agendas globales. Se mantuvo la condena firme a la maternidad subrogada, definida como una «transformación de la gestación en un servicio negociable: esto viola la dignidad tanto del niño, que queda reducido a un “producto”, como de la madre».
La protección de la infancia, definida como el sector más vulnerable de la familia humana, fue el tema central de la clara intervención ante la Tercera Comisión. Además de señalar los peligros del trabajo infantil, los matrimonios precoces y los conflictos armados —donde los niños «pagan el precio más alto»— la Santa Sede reafirmó el derecho a la vida desde el momento de la concepción. Al recordar que el primer derecho del menor es «nacer en una verdadera familia», el diplomático condenó el aborto, que «interrumpe una vida en desarrollo y se niega a acoger el don de la vida» misma.
