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Sellada la Puerta Santa de San Pedro, se pone fin al Jubileo

El momento central del rito fue la inserción del cofre de bronce dentro del muro. Este cofre, creado especialmente para la ocasión, lleva grabados los escudos de los dos pontífices que marcaron este tiempo: el del Papa Francisco, quien abrió el Jubileo 2025 el 24 de diciembre de 2024, y el del Papa León XIV, que lo clausuró el 6 de enero de 2026

Sellado de la Puerta Santa en San Pedro | Vatican Media

(Vatican News).- Con el último ladrillo colocado y la bendición final, la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro quedó oficialmente sellada. Tras la intensa espiritualidad del Jubileo Ordinario de 2025, la ceremonia se llevó a cabo este viernes 16 de enero de 2026 de manera privada, resguardando el acceso sagrado hasta el próximo Año Santo.

La celebración estuvo presidida por el Cardenal Mauro Gambetti, Arcipreste de la Basílica de San Pedro, acompañado por el Arzobispo Diego Giovanni Ravelli, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias. 

El rito comenzó con una breve oración en la que el purpurado recordó a la multitud de peregrinos que, a lo largo del año, cruzaron el umbral de la Puerta Santa. El Cardenal Gambetti pidió especialmente que todos ellos permanezcan firmes en la fe y en comunión con el Sucesor de Pedro.

El sellado técnico estuvo a cargo de los "sampietrini" de la Fábrica de San Pedro, quienes construyeron un muro interior compuesto por aproximadamente 3,200 ladrillos. Más allá de su función estructural, este muro sirve como un verdadero receptáculo de la memoria histórica de este período de la Iglesia.

El momento central del rito fue la inserción del cofre de bronce dentro del muro. Este cofre, creado especialmente para la ocasión, lleva grabados los escudos de los dos pontífices que marcaron este tiempo: el del Papa Francisco, quien abrió el Jubileo 2025 el 24 de diciembre de 2024, y el del Papa León XIV, que lo clausuró el 6 de enero de 2026.

Sellado de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, 16 de enero de 2026 (@Vatican Media)

En su interior se depositaron objetos que documentan este período histórico. Destaca un contenedor metálico que resguarda el pergamino oficial con el acta de apertura y cierre de la Puerta Santa, así como la llave que accionó el mecanismo del umbral sagrado.

También se incluyó una selección numismática: dos medallas del primer año del pontificado de León XIV, una del último año de Francisco y otras piezas conmemorativas de la década que transcurrió entre el Jubileo de la Misericordia de 2016 y el actual de 2025, además de una medalla de la Sede Vacante de 2025.

Una vez completada con estos testimonios, el cofre fue introducido en un contenedor de plomo, que fue soldado y sellado para garantizar su conservación.

Para iniciar la fase final del amurallamiento, el Cardenal Arcipreste y el Maestro de Ceremonias colocaron simbólicamente los dos primeros ladrillos del cierre. El rito, marcado por la sobriedad y el recogimiento, concluyó con el rezo del Padre Nuestro y la bendición, dejando la Puerta Santa de San Pedro custodiada por el silencio hasta que la Iglesia convoque un nuevo Jubileo.

Un momento de oración

“Es un momento particular porque representa el acto final de cierre del Año Santo, con la muratura desde el interior de la Basílica de la Puerta Santa”, comenta con los medios vaticanos monseñor Orazio Pepe, secretario de la Fábrica de San Pedro. “Es un rito no solo técnico, sino también un momento de oración, porque debemos recordar que la Puerta Santa, con toda su simbología, es también una realidad espiritual; es un lugar donde los fieles experimentan a Dios incluso al cruzar esta puerta”.

El flujo de peregrinos

Monseñor Pepe -en declaraciones a Eugenio Bonanata- también habla de la “herencia” que deja el Jubileo recién concluido: “Si por un lado se cierra una puerta, por otro la puerta siempre permanece abierta. El flujo de peregrinos ciertamente disminuirá, pero siempre habrá mucha gente que vendrá a la tumba de San Pedro como lugar de peregrinación, como santuario, como un momento significativo de su vida. Este año también tuvimos un aumento notable de peregrinos que vinieron a pie: fueron muchísimos y crecieron considerablemente respecto al pasado. Hay, por tanto, un deseo de caminar hacia Dios y de llegar a los lugares donde es posible vivir una experiencia de Dios, como en la Basílica de San Pedro”.

Pepe concluye expresando el deseo de que “todos los fieles que continúen visitando San Pedro puedan encontrar nuestra disponibilidad para acogerlos en todas sus necesidades espirituales, aquellas que llevan en el corazón y que consideran importantes para su vida”.

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