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Marta García: "Es necesario que hagamos un esfuerzo por expresarnos con otro lenguaje"

Hermana de la Consolación, autora de "La Biblia" (CCS)

"La Biblia es un lugar de encuentro entre Dios encarnado y el creyente"

(Jesús Bastante).- Marta García Fernández es religiosa de las Hermanas de la Consolación, experta en Sagrada Escritura, profesora en la Universidad de Comillas, y directora de la sede de Madrid del Instituto Bíblico Oriental. Es la autora de "La Biblia", de la colección 25 de CCS, un libro sobre preguntas acerca de la Biblia. "Es importante que desde el mundo académico nos demos cuenta de que es necesario hablar de la Biblia, y que hagamos un esfuerzo por expresarnos con otro lenguaje", opina la autora, que revela en su obra algunos de los "silencios" que existen en los evangelios canónicos.

Afirma que, "cuando lees con atención la Biblia, la misma Biblia te impide una lectura fundamentalista", y anima a los creyentes a "encontrarnos en la Biblia, protagonizando su relato".

¿De dónde viene tu vocación?

Yo estudiaba en el Colegio de Nuestra Señora de la Consolación, donde ahora estoy viviendo. Allí se fue gestando mi inquietud, viendo a las hermanas, y con esa llamada de Dios que es la vocación. Ahí vi que ése era mi camino.

¿Cómo fue recibido entre tus amigos, familia y demás?

Con sorpresa, porque yo no era a lo mejor el prototipo de monja, aunque sí que había manifestado inquietud por la acción social, por ayudar a los más pobres... Estaba comprometida con esas cosas y eso sí que era conocido, pero quizá mi decisión se recibió con extrañeza. Lo que me llamó la atención fue que personas que yo pensaba que se iban a extrañar mucho se alegraron y me animaron, y a los que yo pensaba que me iban a comprender más les costó hacerse a la idea, sorprendentemente.

¿La sede central del Instituto Bíblico Oriental está en Madrid?

No, la central está en León. Allí se desarrolló, es su cuna.

Dicen que la Biblia es el libro más comprado pero el menos leído. ¿Cómo seleccionaste 25 preguntas de un tema tan amplio?

Para hacer el libro se juntaron dos inquietudes: la de Álvaro Ginel, que se puso en contacto conmigo; y la mía, que era la de hacer más digerible o más accesible todo este tema de la Biblia, que creo que a la gente le interesa. La selección de las preguntas la hice enviando un correo a conocidos, a grupos de cristianos, a niños de colegio, a clases de adolescentes, a familias...preguntándoles qué tres preguntas les gustaría hacer sobre la Biblia. De esa manera recibí preguntas que yo realmente nunca me hubiera preguntado. Algunas eran explícitas, sobre contenidos concretos, pasajes... Pero decidí que en el libro debíamos dedicarnos a lo que es "la carcasa externa". En base a eso fui eligiendo las preguntas, y me ayudaron mucho a ir escogiendo un lenguaje. Porque nosotros estamos acostumbrados a un lenguaje técnico, con el que nos entendemos entre nosotros, pero que no es el usual. Por un lado tenemos el lenguaje que normalmente utilizamos los teólogos, y por otra el lenguaje bíblico (propio del mundo en el que vivió Cristo, simbólico y con una apreciación de hace siglos). Eso hace que en un primer momento se nos haga difícil traspasar esos umbrales, como si habláramos con un extranjero. Por eso me ayudó el hecho de utilizar para responder el mismo lenguaje con el que las preguntas habían sido formuladas.

¿Es difícil hablar de la Biblia, que al fin y al cabo es la base de un movimiento de fe que llena la vida de muchísimas personas en todo el mundo?

Sí, claro, pero me di cuenta de que es necesario hablar de ella, porque hay mucha falta de formación Bíblica. El Código Da Vinci me hizo pensar en esto, y además, el éxito que tuvo me hizo pensar también en que era una oportunidad para explicar ciertas cosas sobre teología bíblica. Lo que me sorprendió es que cosas que para nosotros son ya muy usuales, no hubieran trascendido a un ámbito pastoral, sino que se han quedado en discurso, que es un poco lo que detectó el Sínodo. El libro es un intento en este sentido. Hay cosas en las que la reflexión está ya muy avanzada, pero a nivel de Iglesia, de gente corriente, esta reflexión no ha traspasado. Por eso creo que es importante que desde el mundo académico nos demos cuenta de esto, y hagamos un esfuerzo por expresarlo con otro lenguaje.

¿Cuál fue la pregunta que más te sorprendió?

La que más me sorprendió fue una que decía: "¿Cómo podemos venir todos de Adán y Eva, si en la Biblia sólo dice que tienen hijos, y no hijas?". Es una pregunta que yo nunca me hubiera hecho.

¿Y hay una respuesta para eso?

Yo no me atrevería a decir ninguna. Lo que pasa con estas preguntas que afrontan temas que a lo mejor son de sentido común, es que no nos las solemos preguntar porque hemos aceptado que las cosas son así cuando éramos más jóvenes, y no nos resultaba quizá un lenguaje tan desconocido como puede resultarle ahora al mundo juvenil la Biblia. Ante una pregunta así hay que explicar que es un género literario, de dónde vienen estas tradiciones, cómo era el mundo donde se movían... Requieren una especie de preparación.

¿Las generaciones anteriores se llegaban a creer que no había libros simbólicos en el Antiguo Testamento, sino que el mundo se hizo en 7 días, venimos de una costilla, etc.? ¿Cómo se explica la sombología de la Biblia?

Cuando lees con atención la Biblia, la misma Biblia te impide una lectura fundamentalista. Por una parte, hay una unidad, porque no percibes la separación de relatos o las tradiciones fusionadas en un mismo relato. Hay una intención explícita de crear unidad, y se consigue, pero hay puntos que divergen. La mentalidad bíblica de la verdad es un poco distinta a la que nosotros tenemos. Hay un exegeta que explica la historicidad de la Biblia hablando de la verdad entendida como esfera, donde todos los puntos son equidistantes. Un círculo o una circunferencia se pueden ver con un golpe de vista. De un solo vistazo abarcas todo. Sin embargo, lo opuesto sería la verdad del bosque: el bosque lo puedes ver desde fuera, pero para ver la flora, la fauna y lo que hay dentro, te tienes que meter. Y no es lo mismo el paisaje de invierno que el de verano, aunque sigue siendo el mismo bosque.

En este sentido, la Biblia se asemeja más aun bosque que hay que recorrer y adentrarse para descubrirlo, que tiene diferentes ecosistemas y biodiversidad, pero que a pesar de todo sigue siendo el mismo bosque.

El concepto de verdad bíblico no es tanto una verdad de intelecto, sino de libertad, y por tanto requiere conciencia, reflexión y razones del corazón. Creo que la riqueza de la Biblia es que sus tradiciones no son monolíticas. Como en la tradición mesopotámica, pueden aparecer dos relatos que son distintos uno al lado del otro, sin que eso quite unidad ni comunión. Mostrar esa complejidad es importante a la hora de acercarse a la Biblia, para evitar fundamentalismos de ningún tipo.

¿Se puede hablar de autores de la Biblia?

A medida que ha ido habiendo nuevos descubrimientos en diferentes ámbitos (arqueología, hallazgos de manuscritos, etc.), evidentemente el concepto de revelación y de inspiración ha ido cambiando en referencia al modelo patrístico, más escolástico. El hecho de que se descubran dos relatos del Génesis, y después también las tablillas mesopotámicas, hace pensar en si realmente pudo ser un solo autor. Aparece la posibilidad de que hubiera varios redactores y alguien que lo juntó todo intentando darle unidad. Es como si ponemos seguidos un texto de Santa Teresa y otro de Antonio Gala. Aunque hablen del mismo tema, el lenguaje y el estilo son distintos. Cuando lees el hebreo, te das cuenta de la misma forma de que son autores distintos., incluso que algunos reflejan épocas históricas distintas. La pregunta es quién es el inspirado: ¿El Isaías del siglo VIII, o los que vinieron después? Esto hace que uno se pregunte por el concepto de revelación y de inspiración.

Hablar en general es complicado, porque cada libro tiene su proceso de formación.

¿Los evangelios apócrifos no son considerados erróneos?

No. Simplemente no han pasado a nuestra tradición religiosa, como en cambio la costumbre del Belén, por ejemplo, no viene de la Biblia y en cambio sí forma parte de nuestras tradiciones. En la capilla de Santa María la Mayor hay algunas pinturas que, por deseo expreso del Papa, fueron hechas según los evangelios apócrifos. Algunos contenían herejías, y entonces sí que hubo una condena o un alejamiento, pero otros estaban vinculados a diferentes iglesias y en su momento a lo mejor tuvieron su función pastoral. Debido a esto en los evangelios canónicos hay silencios. Uno se pregunta cómo sería María o cómo serían sus padres, cómo sería la infancia de Jesús...

¿Cómo se dictaminó cuáles son canónicos y cuáles apócrifos?

El canon se decidió en Trento, así que pasaron prácticamente dieciséis siglos. No es lo mismo el canon hebreo, que incluye el Antiguo Testamento, que el Nuevo Testamento, que ya es específicamente cristiano, pero los criterios de canonicidad son unos determinados. Una de las cosas de las que se está hablando últimamente es ese mismo concepto de inspiración, pero desde una perspectiva más eclesiológica. Cuando el Concilio habla del "sensus fidei" habla de esto: del autor que escribe, y por otra parte, de la comunidad, que acoge y que ve en ese escrito un escrito inspirado. Ese espíritu es de alguna manera el que origina, el que es motor del texto, y que pasa por el autor y por la comunidad, para que ésta lo reconozca. A lo largo de los años ha habido libros que se han ido abandonando, no se han leído más, u otros que han quedado en determinadas zonas y que no han tenido un alcance tan universal.

¿Hay Biblias que tienen una serie de libros o de cartas que no aparecen en otras?

Bueno, esa pregunta en el libro viene expresada como "¿Por qué mi Biblia dice cosas distintas que la tuya?", y sirve para afrontar el tema de la crítica textual y de la traducción. Antes de que apareciera la imprenta, los libros se copiaban, y entonces los errores conscientes o inconscientes de perpetuaban. Entonces, según los métodos de la crítica textual (que se aplica también para Aristóteles o incluso para autores mucho más contemporáneos), se intenta dilucidar cuál sería el más auténtico, entre una traducción u otra. La traducción tiene sus problemas aparte: las traducciones, ni siquiera las actuales, son nunca unívocas. Lo que un hebreo entiende por corazón puede ser muy distinto de las funciones que le atribuye un griego a ese mismo órgano. Para nosotros el corazón es la sede de los sentimientos, pero para los antiguos eran más las vísceras. Hay toda una antropología detrás, y eso crea diferencias. La lengua también determina una manera de concebir el mundo o una sensibilidad. Por eso no hay plena univocidad.

¿Qué es para ti la Biblia?

Mucho. Casi todo. Tengo que confesar que fui un poco maniatada a estudiar Biblia, pero una vez allí se me abrió un mundo, donde más que profesores tuve maestros, que me hicieron amar profundamente el encuentro con Dios que es la Biblia. La Biblia es también un encuentro con lo que buscamos, con lo que somos el ser humano. El Libro de Job es uno de los que más me fascinan, porque me parece toda una lucha por la búsqueda de Dios en medio del sufrimiento. La Biblia es un lugar de encuentro entre Dios encarnado y el creyente. Un creyente, como Job, que se arriesga a poner en crisis las imágenes que uno tiene. A mí la Biblia me ha cambiado la vida. Cuando estás mucho tiempo leyendo un texto y de pronto parece que se abre y lo entiendes por dentro, experimentas realmente ese encuentro. La Biblia también es libertad: para volar, para medir la anchura y la profundidad del misterio humano en relación al misterio de Dios. Por eso creo firmemente en sus posibilidades, y creo además que todos estamos en la Biblia.

Recuerdo que el cardenal Martini, una vez que vino al Instituto Bíblico a dialogar con los alumnos, uno de ellos le preguntó cuál era el método más adecuado para la Biblia. Y él le contestó muy suavemente que la pregunta no estaba bien formulada: que si todo se hizo por la Palabra, todos estamos en la Palabra. Por tanto, no es que nosotros interpretemos la Palabra, sino que la Palabra nos interpreta. Por eso pienso que tenemos que encontrarnos en la Biblia, protagonizando su relato. Porque dentro estamos todos: está Abraham, que es el padre de los creyentes pero que cuando quiere tener un hijo tiene que ir con la esclava a ver si soluciona el tema de la promesa; está Job que es paciente pero que se rebela. Está el que alaba, el que segrega lucha, al que la experiencia de Dios le sobrepasa... Creo que todos nos encontramos allí.

¿Cómo estás viendo los primeros pasos del nuevo Papa, sus improvisaciones, su lenguaje?

Lo estoy viendo con mucha esperanza. Aún no salgo de la sorpresa que comenzó cuando Benedicto XVI anunció su renuncia. Junto a la sorpresa del Papa jesuita, argentino, etc., vinieron todas las sorpresas de su modo de actuar, de hacerse entender. A mí personalmente me llena de esperanza, y creo que esto es muy positivo para la Iglesia. E incluso para la gente que no va a la iglesia, porque sus gestos cercanos son entendibles por todos. Y no sólo las palabras, sino su estilo de vida, su ejemplo. Creo que es un mensaje importante en este tiempo, y espero que cuando tengamos más perspectiva histórica veamos todo el fruto que va a quedar. Por ahora tenemos la esperanza.

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-Es importante que desde el mundo académico nos demos cuenta de que es necesario hablar de la Biblia, y que hagamos un esfuerzo por expresarnos con otro lenguaje

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-En los evangelios canónicos hay silencios, uno se pregunta cómo sería María o cómo sería la infancia de Jesús

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-Tenemos que encontrarnos en la Biblia, protagonizando su relato

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