Díaz Sariego: "Los consagrados y consagradas también están en el barro, acompañando la precariedad en España"
Ante la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el religioso dominico y presidente de CONFER analiza en RD la situación de los religiosos y religiosas
"Es verdad que en la actualidad asistimos a una excesiva polarización". Lo señala Jesús Díaz Sariego, presidente de la CONFER, quien en entrevista con Religión Digital en vísperas de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebra el lunes 2 de febrero, considera que las religiosas y religiosos "estamos llamados a fomentar lo contrario: la reconciliación entre las diferencias; el encuentro respetuoso sin descalificar a los demás; la capacidad de escucha y de diálogo, no como rebaja de lo importante, sino como impulso en común para encontrarse".
Escucha, diálogo, y también acompañamiento, como el que hacen en el día a día, porque, como recuerda, "los consagrados y consagradas también están en el barro", ayudando a levantar a quien se encuentra allí, como han hecho con su apoyo a la regularización extraordinaria, que defiende, puesto que "no es un simple buenismo". De ello, pero también de profetismo en tiempos de ruido o de la aproximación de los jóvenes a la vocación, manifestada tanto en películas que nacen de fuera de la esfera religiosa, como 'Los domingos', o en fenómenos musicales que se cuecen dentro, como Hakuna, tiene palabras de reflexión este miembro de la orden de predicadores.
Pregunta. En línea con el del Papa, la CONFER se pregunta en su mensaje para la Jornada Mundial “Vida consagrada, ¿para quién eres?”. Y del texto se desprende que los religiosos y religiosas son para todos. ¿Pero cómo se puede ser para todos en una sociedad, como reconocen, “marcada por la fragmentación, el enfrentamiento, la polarización y la autorreferencialidad”? ¿Por qué o por quiénes optar?
Respuesta. Cuando nos disponemos a preparar cada Jornada anual, centrada en la vida consagrada, reflexionamos sobre la orientación que queremos dar a esa Jornada, el mensaje que pretendemos transmitir y su lema correspondiente. La reflexión parte de la realidad social y eclesial en la que nos encontramos, sin dejar de tener en cuenta la realidad que estamos viviendo personal y comunitariamente como consagrados y consagradas, así como el momento histórico en el que se encuentran las instituciones para la misión apostólica y para la contemplación orante.
R. Para esta Jornada, como su mismo lema indica, hemos querido potenciar el valor que la vida consagrada tiene en sí misma y que puede ofrecer al conjunto de la sociedad. La vida consagrada es portadora de muchos siglos de historia. En su recorrido histórico se contiene una sabiduría profética útil y necesaria para el mundo de hoy. Un mundo más secularizado, pero no por ello menos maduro e incapaz de transformación hacia algo mejor, más allá de las limitaciones del momento. En nuestro mundo también hay búsquedas muy legítimas de una mayor humanidad para todos.
R. Es verdad que en la actualidad asistimos a una excesiva polarización. Ella es fruto, quizás, de la dinámica cada vez más adquirida de la autorreferencialidad. Esto produce enfrentamiento, fragmentación, desprecio a los que no piensan de la misma manera. La vida consagrada está llamada a fomentar lo contrario: la reconciliación entre las diferencias; el encuentro respetuoso sin descalificar a los demás; la capacidad de escucha y de diálogo, no como rebaja de lo importante, sino como impulso en común para encontrarse. Esto siempre exige mayor esfuerzo y compromiso; el interés por el bien común y la búsqueda de la Verdad, allí donde se encuentre, como una de las tareas más apasionantes de la inteligencia y corazón humanos. La búsqueda constante del enfrentamiento no tiene ningún futuro, porque es el fomento de lo menos humano en las personas y en los grupos sociales que con esos modos de proceder se identifican. Optamos por ser la alternativa de los modos de proceder, entre otros, que he señalado anteriormente.
R. ¿Por quiénes optar? Optamos por la dignidad de las personas, por el cuidado y la atención de la parte más débil, de los rostros humanos con menos recursos de todo tipo; la parte más herida y no tenida en cuenta, ha de ser especialmente considerada en su dignidad. Nuestra opción preferencial está, por tanto, por la dignidad herida de las personas. Esta dignidad se denigra en la pobreza material; pero también se denigra en el abuso de las personas, en su manipulación y dominio. En fin, en todos aquellos que padecen las consecuencias de los que se creen ‘dioses’ para los demás. La reconciliación, como su mismo término indica, exige la armonía de la reparación y del cambio. Esta ha de seguir siendo nuestra opción preferencial.
P. Desde esta tesitura de tener que optar, ¿la cuestión profética será determinante para inclinar la balanza?
R. La dimensión profética de la vida consagrada es uno de los rasgos que forman parte de su identidad y estilo de vida. Pero, no debemos olvidar, que el profetismo más evangélico y eficaz conlleva en sí mismo inteligencia, conocimiento, profundidad, análisis, sentido de la vida y de las cosas, compromiso. Hay una dimensión sabia del profeta que no debemos olvidar. El profeta logra desarrollar la sabiduría del que analiza la actualidad en profundidad. El profeta no solamente denuncia lo que no va bien en detrimento de muchos y sus consiguientes injusticias; el profeta también anuncia y propone alternativas, propone cambios, propone esperanza. Devuelve esperanza a las personas no como un mero sentimiento, sino en realizaciones prácticas y concretas. He ahí su despliegue de sabiduría.
P. ¿Y cómo anda de profecía la vida religiosa en España?
R. Desde hace un tiempo para acá la reflexión sobre el sentido de la vida consagrada para nuestro siglo está incorporando las dos dimensiones que he señalado anteriormente: lo profético y lo sabio. Se está ahondando en la relación e interacción entre ambas. Preferimos hablar de una sabiduría profética. Dos términos que, cuando se unen, refuerzan más y mejor la razón misma de ser que han de encarnar los consagrados.
R. ¿Cómo anda la profecía de la vida religiosa en España? Si la miramos, para entendernos, desde abajo, puedo afirmar que nos hemos llevado una grata sorpresa cuando desde la Conferencia de Religiosos nos dispusimos a observar y analizar todos los proyectos sociales en marcha promovidos por los consagrados. La promoción de lo humano que se realiza resulta increíble. Miles y miles de personas participan de sus programas, se benefician de sus ofertas y ayudan a la sociedad en su conjunto con una calidad humana y religiosa nada despreciable. ¿Qué mejor denuncia profética que esta? Los consagrados y consagradas también están en el barro, acompañando la situación precaria de muchas personas en nuestro país. No lo ofrecemos como quien vende un producto. Los ‘pobres no están en venta’, ni son marca que se utilice para otros intereses. Nuestra labor social no pretende hacer ruido. Simplemente se sitúa en el día a día, con humildad y sencillez, como el Evangelio nos enseña y propone. La dignidad herida son personas concretas, con rostro, nombre, una historia personal. Ahí está la entrega fiel y constante.
La regularización tiene razones. No es un simple buenismo. Hay que seguir valorando sus consecuencias para procurar una buena gestión por las implicaciones que tiene
R. Si miramos la profecía de la vida religiosa, siguiendo con el símil, desde arriba, en la CONFER también detectamos el compromiso de los consagrados y consagradas con la cultura, con el pensamiento, con la legítima influencia social que permita la promoción del bien común, el cultivo de la razón para una mayor armonía y convivencia social, la inspiración de la fe para no olvidar la fuerza de Dios en la vida de las personas. La vida consagrada está muy presente en la formación de las personas, con sentido sanamente crítico y al servicio del conjunto social; también nos percatamos del servicio que ofrecemos a la sociedad desde esta dimensión. Es muy importante estar donde se piensan las ideas, se programan las acciones y se cuecen las principales orientaciones del mundo en sus diversos ámbitos (económico, político, religioso, etc.). ¿Por qué no hacer presente los principios evangélicos también en esos foros y espacios?
R. En estos años el esfuerzo por integrar ambas miradas sobre el mundo, desde abajo y desde arriba, nos está permitiendo abrir nuevos caminos de futuro. La sociedad secular y la Iglesia necesitan integrar las dos miradas. Quizás ahí encontremos puntos de reconciliación y de encuentro. La experiencia vital de los más descartados y sufrientes ha de orientar el pensamiento y la planificación del bien común. Pero el pensamiento ha de generar conciencia, despertarla, para proteger la dignidad de las personas o para acompañar a aquellas cuya dignidad se ha visto vulnerada y herida. Los más pobres y vulnerables nos ofrecen una luz necesaria, he aquí también nuestra opción preferencial, para impulsar como consagrados y consagradas este camino social de integración.
P. Reconocen que estamos en un momento de polarización, también en España. Al igual que en los EEUU, una formación política ha señalado que, en caso de gobernar, expulsaría a 600.000 inmigrantes cada año. ¿Sabría, llegado ese momento, la CONFER para quién es? El Papa, en su mensaje, ha llamado a no acompañar a las personas “desde la distancia”…
R. La CONFER, desde el primer momento, ha estado junto con otros en la iniciativa de las firmas necesarias para procurar la mencionada regularización. Junto con la CEE hemos hecho un trabajo muy coordinado. Aquí no solamente hemos mostrado la parte profética en términos de denuncia, también necesaria, hemos mostrado igualmente un camino de reflexión conjunto. La regularización tiene razones. No es un simple buenismo. Hay que seguir valorando sus consecuencias para procurar una buena gestión por las implicaciones que tiene. Se consideran otros aspectos relevantes, tales como la trata de personas, las raíces que provocan una emigración masiva y sus causas, etc. Las personas más involucradas en este signo profético no son tontas ni ingenuas. Son personas muy conscientes y cabales en sus propósitos.
R. En lo anteriormente expresado hemos trabajado con otros grupos e instituciones no eclesiales, buscando todos el bien común de miles de personas. Este acierto compartido de búsqueda, de reclamo y de conciencia, es expresión de una sabiduría profética para nuestro tiempo. Ha estado la Iglesia en su conjunto con otras instituciones civiles de las cuales hemos aprendido. Pero, al mismo tiempo, algunas personas pertenecientes a las instituciones no eclesiales han aprendido de nuestra experiencia y del sustento de nuestras opciones teniendo como base el Evangelio.
R. Como ya he afirmado anteriormente, las instituciones de vida consagrada que hay en España acompañan personalmente a no pocos migrantes y descartados desde su parte más sufriente y dolorosa. Esta experiencia humana tiene un valor y tiene una autoridad. Escuchemos atentamente a las personas, creyentes o no, que tienen contacto diario con esta realidad humana.
P. Miles de religiosos y religiosas españoles han participado en el Jubileo de la Vida Religiosa, uno de los más destacados del pasado año 2025 en Roma. ¿Qué les ha aportado cruzar la Puerta Santa? ¿Cómo influye esa peregrinación en la vida religiosa en España?
R. Todo año Jubilar es una oportunidad para hacer dar un nuevo paso en el camino. Es un tiempo de reflexión y de conversión. De reflexión para analizar lo vivido, evaluar y ver cómo seguir hacia adelante más reforzados, con más fuerza interior y con mayor apertura a los demás a la hora de afrontar juntos el futuro.
R. Durante la preparación del año jubilar el difunto Papa Francisco, además de pedir a los consagrados lo que se solicitaba a todo bautizado, nos demandó algo especial y que no puede pasar desapercibido. Se nos solicitó que identificáramos en cada país o zona geográfica aquellas situaciones o grupos en conflicto. Se nos alentó a ser puentes, a procurar la necesaria reconciliación y a promover encuentros entre las partes más enfrentadas, allá donde fuera posible, buscando reconciliar las diferencias. No se trata de que todos pensemos igual o de que tengamos los mismos modos de ver las cosas. Se trata de lograr vivir entre diferentes de forma reconciliada, salvando lo fundamental, el bien común. Hemos de buscar entre las diferencias los mejores consensos que integren y no disgreguen, que sumen y no compitan. El año jubilar nos deja este compromiso.
P. En España llevamos cerca de dos años viviendo un capítulo especialmente triste de una comunidad religiosa, con el caso de las exclarisas cismáticas de Belorado. ¿Cómo se puede llegar a eso? ¿Vislumbra usted algún tipo de falla, quizás en el acompañamiento, también de los pastores? ¿Tiene que ver con esa autorreferencialidad de la que advierte León XIV?
R. Ciertamente. Como bien dices la situación de las exclarisas cismáticas de Belorado es una página muy triste, no solamente para una Orden religiosa con una larga historia centenaria y que tanto bien ha hecho a la sociedad en general y a la Iglesia en particular, sino también por el sufrimiento que la situación haya deparado en muchas personas, cómo no en las propias hermanas clarisas a las que tenemos un gran afecto y cariño. No debemos ignorar, por otra parte, el desconcierto eclesial y social en nuestro entorno que la situación haya generado, dada su constante exposición pública en los medios de comunicación.
R. Desde hace bastantes años para acá se viene insistiendo en la formación de las personas consagradas, en la debida preparación humana (afectiva e intelectual) para asumir una vida de compromiso y que conlleva la profesión de los consejos evangélicos; en la exigencia de una madurez espiritual que mantenga los necesarios equilibrios psicoafectivos para asumir el compromiso que conlleva una vida de consagración a Dios y de servicio al mundo. Este proceso de acompañamiento espiritual y de formación humana está asumido y se desarrolla en las distintas Órdenes y Congregaciones.
R. Nada en los procesos humanos es perfecto. Pero resultaría muy injusto afirmar sin más que lo ocurrido en Belorado es fruto del no debido acompañamiento de los pastores o de los sacerdotes y religiosos que han estado próximos a ese Monasterio por razones pastorales, formativas, etc. El desencadenante de la situación producida tiene probablemente razones más profundas. Algunas tendrán que ver con el dinamismo interno de la propia comunidad y con las personas concretas que en ella interactúan.
P. Hablando del Papa, se trata del segundo pontífice que sale de una congregación religiosa, cuando durante años se ha tenido una mirada de una cierta sospecha hacia ellas. ¿Qué nos dice que los cardenales estén ahora volcando su mirada hacia perfiles de religiosos?
R. La Vida Consagrada, más allá de sus limitaciones y de sus imperfecciones, también es depositaria de una experiencia centenaria en el modo de organizarse, concebir la vida, situarse en el mundo. Su centenaria experiencia de Dios, en cada uno de los carismas que la configuran, aporta una tradición sumamente rica para el presente.
Los perfiles religiosos también tienen mucho que decir al conjunto de la Iglesia y al mundo en general. Solemos caer en el error de valorar la vida consagrada solamente desde los números y desde su fuerza externa
R. Los perfiles religiosos también tienen mucho que decir al conjunto de la Iglesia y al mundo en general. Solemos caer en el error de valorar la vida consagrada solamente desde los números y desde su fuerza externa. Pero olvidamos lo más importante. Ésta no solamente se sostiene en números, ni en fuerza externa. Su motor proviene de lejos y su fuerza y dinamismo también. Lo importante es preservar que el Evangelio se siga predicando. La vida consagrada aporta al conjunto de la Iglesia un soporte importante para ese fin, ya que no un fin en sí misma, es un medio para lograr el fin: el Evangelio mismo hecho realidad en la vida de las personas y de los pueblos.
R. Cuando ofrecemos esta otra mirada todo se serena un tanto. Esto no quiere decir que no debemos cuidar, en la medida de lo posible, los medios. En este caso el valor de nuestras personas, comunidades e instituciones. Si lo hacemos únicamente desde lo externo fracasamos. Si procuramos buscar más bien el dinamismo interno que recorre la vida consagrada, adquirimos nueva fuerza, nuevo impulso, un nuevo dinamismo.
R. El hecho de haber contado durante estos años con dos Papas religiosos pone de manifiesto que la vida consagrada mantiene elementos importantes y necesarios para todo el conjunto social. Esto lo decimos no sólo desde un sano orgullo, sino más bien desde la responsabilidad que tenemos en lo que somos o pretendemos ser. No debemos olvidar que el papado de Benedicto XVI supuso un refuerzo de confianza en la vida consagrada como motor de la Iglesia. El Papa Benedicto se percató explícitamente de su necesidad en el dinamismo vital y apostólico de la Iglesia. No olvidaremos, entre otras acciones, sus bellas catequesis sobre los fundadores y fundadoras de las diversas formas de vida consagrada que existen. Benedicto XVI quiso volver a esas fuentes de espiritualidad para impulsar la necesaria renovación del oxígeno con el que ha de respirar la Iglesia, el de toda ella en su conjunto.
P. Este mes de febrero se celebra la gala de los Goya, donde hay una película, Los domingos, que ha acaparado el mayor número de nominaciones. ¿Qué le dice este interés por asomarse al origen de una vocación religiosa? ¿Curiosidad o exotismo?
R. Las motivaciones de los espectadores a la hora de visualizar la película Los Domingos es una pregunta que habría que hacérsela a ellos. Es posible que haya una pluralidad de respuestas. Las motivaciones serán muchas en relación con cada espectador.
R. Es verdad que la película ha despertado un cierto interés. Sobre la vocación religiosa, en el conjunto social, se habla más bien poco. Bueno, sobre la vocación en general. Es una palabra que ha dejado de nutrir y alimentar la orientación profesional de las personas y ha quedado en su uso más restringida para las opciones de vida consagrada o para el sacerdocio. Pero no debemos olvidar que toda persona está llamada a desarrollar una vocación en su vida. El vocablo en sí mismo ya encierra unos contenidos y nos da unas orientaciones que nadie debería despreciar porque tiene que ver con su vida y con persona.
R. Toda vocación tiene que ver con interioridad (algo que hoy en día comienza a demandarse fuertemente. Quizás aquí esté una parte del éxito de la película al haber logrado conectar con esta demanda). Por otro lado, la vocación conlleva pasión, la forma de vida que uno elige o ha de elegir y esto no es una cuestión menor. Desde lo que a uno personalmente le apasiona hasta la satisfacción personal de haber logrado ser en la vida lo que realimente uno quiere ser. La vocación propia nos enmarca en el camino de la vida que uno libremente quiere recorrer. No se trata solamente de buscar aquél camino que te ofrece lo necesario para vivir en el trabajo en el que se materialice. Implica una conexión más profunda con tus propias convicciones y principios que se traducen en virtud o en valores. Esto motiva la vida, le da sabor y sentido. Los jóvenes comienzan a recordarnos que ansían centrar su vida más desde estas consideraciones que desde el simple materialismo de vivir.
R. ¿Curiosidad o exotismo? Yo diría más curiosidad que exotismo.
P. A la par, florecen fenómenos musicales y juveniles que, como Hakuna, algunos dicen que hacen más por la transmisión de la fe que los colegios religiosos, muchos de ellos con una tradición educativa centenaria a su espalda. ¿Flor de un día o declive y cambio de tendencia? ¿Cómo lo ve la CONFER?
R. Para analizar con mayor profundidad los fenómenos musicales y juveniles o de otro tipo que puedan surgir se necesita, ante todo, perspectiva. Lo que nos ocurre, y si es socialmente compartido, con más razón necesita su tiempo. No creo que estos movimientos musicales transmitan más la fe que los colegios. Son ámbitos distintos y no es sin más comparable. Probablemente hay más conexión entre ambas de lo que parece. Los fenómenos, especialmente los musicales, aunque tengan mucho de espontáneo y esto también tiene su valor, no son fruto del azar. Perdurarán en el tiempo en la medida en la que logren dar continuidad a lo previamente recibido. Me explico. Los jóvenes cuando llegan a vivir colectivamente su fe es porque hay una trayectoria anterior que ha permitido ese brote. En esa trayectoria anterior la familia y la educación recibida son fundamentales. Para la mayoría (siempre hay excepciones) este es el caso. Hay continuidad y evolución.
R. No creo que sea flor de un día. Los jóvenes que conozco en ese movimiento merecen todo mi respeto y admiración. Son valientes. Sus canciones y su música ayudan a muchas personas a orar, a centrarse por un momento en su propia interioridad, a pensar y a comprometerse con su vida y su vida de fe en aquellos que son creyentes; no hay que olvidar, por otro lado, que su música también llega a jóvenes no creyentes o que están en búsqueda.
R. En lo que tienen de valioso, que lo tienen, estos grupos juveniles -especialmente el movimiento Hakuna- no es flor de un día. Lo que ya han logrado transmitir ya ha quedado en muchas personas. La música, como la educación, tiene un efecto multiplicador. Si la experiencia vivida, aunque haya sido un instante, te ha hecho mella marca tu vida y la marca sino para toda la vida, al menos para un largo periodo de tiempo. Muchas personas se abren a la fe gracias a la mediación de su música y de su canto. Pero sobre todo gracias al modo que tienen estos jóvenes de transmitir lo que buscan, lo que viven y lo que sienten. El tiempo lo dirá, pero hay un signo en el surgir de estos grupos juveniles vinculados a la mediación musical que algo nos está diciendo. Probablemente su propio mensaje no se agote en ellos mismos, sino que tenga, a su vez, su propio dinamismo y evolución. Pero su aportación ha sido clave en este proceso. Se la agradecemos de veras.
