Fernando Vidal, en la Semana del ITVR, apuesta por "la Iglesia del impoder" ante la "reacción integrista no devocional, sino política"
El sociólogo y profesor de Comillas pone en cuarentena el "giro católico" y advierte ante la Vida Consagrada del intento de "hacer uso del cristianismo como componente de la revolución ultraderechista"
“El lugar para estar la Iglesia, es la encrucijada. Si no estuviera ahí, no estaría en el lugar en el que tiene que estar”, señaló el sociólogo Fernando Vidal contextualizando desde el inicio lo que era la primera conferencia de la 55ª Semana Nacional Institutos de Vida Consagrada, y que el también director de la Cátedra 'Amoris laetitia' de la Universidad Pontificia Comillas tituló "Encrucijada eclesial. ¿Desplome o reconstrucción?".
Una reflexión muy celebrada por los asistentes –presenciales o a través de de las pantallas vía streaming– a estas jornadas que, organizadas por el Instituto Teológico de Vida Religiosa-Escuela Regina Apostolorum (ITVR ERA) bajo el lema “Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto”, se celebran em Madrid hasta el próximo sábado 11 de abril.
¿Cómo será la comunidad católica española en el 2100? ¿por qué se ha abierto la cultura a Dios? o ¿cómo reconstruir? fueron las preguntas a las que trató de dar respuesta Vidal, comenzando por señalar que "nada está escrito y debemos esperarlo todo", aunque señalando que ya "no hay una mayoría católica en España".
Pero el conferencia quiso preguntarse también por "cuál sería la pregunta por la inquietud sobre el futuro del cristianismo, cuál sería esa pregunta que podría revelar si en la sociedad hay un cristianismo vivo", y que no debería plantearse en "términos de desplome", sino "de si en 2100 o en 2026 las personas pueden encontrarse con Jesucristo, es decir, es posible la experiencia de Natanael?".
Tras desglosar recientes datos datos demoscópicos sobre la realidad del catolicismo, apuntó que "un cuarto de la población parece una cantidad suficiente para llegar a cualquier habitante de España que esté en la higuera; once coma tres millones de católicos parecerían suficientes en el 2100. Pero el problema no es el desplome de números, sino qué tipo de católicos y qué Iglesia, no cuántos ni que demostración de fuerza de Iglesia", remarcó.
¿Un retorno a la fe? "No está mejorando nada"
En este punto, haciéndose eco de esos "signos" que hablan "de un retorno a la fe, como hemos visto en los medios de comunicación", afirmó que "las encuestas no registran todavía un aumento de indicadores de religiosidad en los jóvenes". Por tanto, "no hay datos de que esté aumentando nada ni de que esté mejorando nada", aunque reconoció que "sí que es verdad que desde 2015 el descenso se ha frenado, incluso ha aumentado un poco" el número de católicos, además "de que las conversiones de la no fe a la fe son una realidad", aunque "numéricamente pequeña".
Advirtió, acto seguido, de que "hay una reacción integrista no devocional, sino política, que con carácter pragmático pretende hacer uso del cristianismo como componente de la revolución ultraderechista. Esto es así. Es una estrategia esencial de la mayor potencia cultural, económica y militar del mundo, Estados Unidos en este momento, y es central en la estrategia de la nueva era de Rusia, en un intento de crear igleias autocéfalas".
"La Iglesia del impoder"
En este sentido, remarcó que "el anuncio de Cristo es posible si somos la Iglesia del impoder, no del poder, aquello que sólo consigue el amor, aquello que solo la alegría puede conseguir, aquello que puede conseguir la paz, la gratitud la esperanza, el perdón, la esperanza, porque el poder llega poco al corazón, puede hacerte callar, pero no profundiza nunca en el corazón".
"La Iglesia del impoder –subrayó– nos dice que el amor siempre resiste todo, que sólo el amor llega a ser capaz de cambiar la vida de la gente. Y la Iglesia ha necesitado la alegría franciscana de la pobreza, la renaturalización, la alegría, la humildad, y en este cambio de era, necesita también la sabiduría agustiniana, que vivió la caída del Imperio Romano".
"¿Y qué tenemos qué hacer?¿Cómo reconstruir?", se preguntó Fernando Vidal. "Sin duda, no levantar muros ni reconstruir un mundo de murallas, sino reconstituir o desnudar la piel del cristianismo y construir con las piedras vivas del impoder, del amor", destacó el sociólogo.
