Así es la galaxia ultra de los lefebvrianos: La FSSPX 'exhibe músculo' antes del “acto cismático” de ordenar obispos
La organización cismática hace recuento de sus 'huestes': 738 sacerdotes, 268 seminaristas, 145 hermanos y 87 hermanas oblatas, además de más de una veintena de "comunidades religiosas que colaboran con nosotros en el combate por la Iglesia"
En vísperas de las anunciadas ordenaciones episcopales, que tendrán lugar el próximo 1 de julio en Écône (Francia) y que el Vaticano ya ha advertido que se trataría de “un acto cismático”, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) ‘exhibe músculo’ en su web presentando lo que denomina “un panorama de las comunidades religiosas que colaboran con nosotros en el combate por la Iglesia, siguiendo las huellas de Mons. Lefebvre”, en alusión a su fundador.
“Lejos de ser un instituto que se encierra en sí mismo, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se define ante todo como una obra de reconstrucción católica. En un mundo marcado por constantes convulsiones y por una aceleración de las reformas modernistas que sacuden los fundamentos de la fe, se alza como un baluarte de estabilidad”, se justifica la organización cismática, que hacer recuento de sus ‘huestes’ para contabilizar 738 sacerdotes, 268 seminaristas, 145 hermanos y 87 hermanas oblatas, cifras que, especifica, se corresponde a marzo de 2026.
Y, junto a ellas, añade la información, “se ha mantenido o se ha reconstituido una verdadera constelación de vida religiosa: más de una veintena de ramas tradicionales, surgidas de órdenes y congregaciones históricas, conservan sus antiguas Constituciones en toda su integridad y belleza, atrayendo a centenares de jóvenes, hombres y mujeres”.
A la hora de presentar a los componentes de esa galaxia ultramontana, la FSSPX comienza señalando a “los primeros compañeros de ruta”, en su mayoría “obligados a abandonar sus comunidades ante la revolución que siguió al Concilio”, la primera de las cuales, fundada en 1967, son las Hermanas Discípulas del Cenáculos.
La rama barcelonesa
La segunda fase de añadido a ese conglomerado cismático se desarrolló durante la década de los 80 y 90 del siglo pasado, con la creación de varios carmelos en Bélgica, Francia, Estados Unidos y Suiza, a la que seguirían brotes en los 2000, entre ellas, las Siervas de Jesús Sacerdote y del Corazón de María, fundada en 2005 en Barcelona.
Los más recientes datan de la última década, la mayoría de los cuales están radicados en los Estados Unidos, el último de los cuales, en 2024, es el polémico carmelo de Arlington, en Texas.
Esta ‘exhibición de músculo’ tiene lugar días antes de que se celebra la anunciada ordenación episcopal de cuatro sacerdotes lefevristas, cuyos nombres anunció a finales de mayo el superior general Davide Pagliarani, ceremonia que, afirmó, “se concibe únicamente como un servicio prestado a las almas y a la Iglesia en medio de esta crisis de la fe sin precedentes”.
“La elección y consagración de estos elegidos no proceden de ninguna voluntad de reivindicar un poder de jurisdicción ni de establecer una autoridad paralela en la Iglesia. De ningún modo constituyen una negación, un rechazo o un desafío al poder de jurisdicción supremo, pleno e inmediato del Vicario de Cristo sobre la Iglesia universal”, señalaba Pagliarani al dar la noticia.
Pero no lo ha interpretado así el Vaticano, el cual, a través de una nota difundida por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, afirmaba rotundo que dichas ordenaciones, de llevarse a cabo, “carecen del correspondiente mandato pontificio”.
“Este gesto constituirá un acto cismático y la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y conlleva la excomunión establecida por el derecho de la Iglesia”, señalaba la nota del dicasterio que preside el cardenal Víctor Manuel Fernández, quien el pasado 12 de febrero se reunió en Roma con el superior general de la FSSPX