"Con Francisco parecen haber vuelto la confianza en el hombre y el sueño de una Iglesia de los pobres" Mariano Delgado: "La Vida Consagrada está llamada a ser 'un signo de esperanza contra toda esperanza' para la Iglesia y el mundo"

Mariano Delgado
Mariano Delgado

"Avivar ese fuego era lo que pretendía, entre nosotros, el jesuita José María Díez-Alegría con  su libro ¡Yo creo en la esperanza!,25 que leí de un tirón en mayo de 1973 con 18 años y que desde  entonces me ha marcado profundamente"

"Debemos inmunizarnos, por tanto, contra todos los “mesianismos políticos” de nuestro tiempo con su retórica del “hombre nuevo”

"Esperamos que en el Juicio Final el amor y la infinita misericordia de  Dios ofrezcan por última vez la salvación a todos, sin nivelar el abismo que separa a las víctimas de  sus victimarios"

 "Cuando se ha perdido la ingenuidad de la infancia, las respuestas tipo “catecismo” dejan de ser plausibles, si la Iglesia y la teología no encuentran el lenguaje adecuado para acoger a la gente con sus cuestiones y dudas  en el horizonte hermenéutico de la modernidad, sin el reflejo de amonestar contra esto y aquello levantando el dedo índice"

 "Sólo una Iglesia que comprenda de forma positiva el gran giro antropocéntrico de la modernidad, plasmado en el anhelo de “libertad, igualdad y fraternidad” en “este mundo”

“La Vida Consagrada está llamada a ser ‘un signo de esperanza contra toda esperanza’…  para la Iglesia y el mundo”. Lo dice un laico, con varios doctorados a sus espaldas y director de varias instituciones teológicas e interreligiosas europeas. Mariano Delgado (Berrueces, 1955) disertó hoy sobre ‘Mantener viva la esperanza en la gran transformación’ en la 52ª Semana Vida Consagrada del Instituto Teológico de Vida Religiosa (IVTR).

En una ponencia profunda y amena a la vez, salpicada de referencias a los místicos españoles, el catedrático de Historia de la Iglesia en la facultad de Teología de la Universidad de Friburgo (Suiza) abordó tres formas de esperanza cristiana: “la del Reino de Dios en este mundo, la  de la vida eterna gracias a la victoria de Cristo sobre la muerte, y la del Juicio Final como último acto  salvador del amor y de la misericordia de Dios ‘por Cristo, con Él y en Él’”.

IVTR
IVTR

A su juicio, hay que mantener viva la esperanza “de unos cielos nuevos y una tierra nueva en la que habite la justicia”. Para eso, los creyentes han de trabajar “con todas las personas de buena voluntad por un mundo mejor” y, para eso, invitó a “inmunizarse contra todos los ‘mesianismo políticos’ de nuestro tiempo con su retórica del ‘hombre nuevo’”.

Para el decano emérito de Friburgo, hay que “mantener vivo el auténtico ‘temor de Dios’ (Ps 111,1), que es el principio de toda sabiduría, al mismo tiempo que esperamos que en el Juicio Final el amor y la infinita misericordia de Dios ofrezcan por última vez la salvación a todos, sin nivelar el abismo que separa a las víctimas de  sus victimarios”.

Delgado en el ITVR
Delgado en el ITVR

Por eso, dado que “en este mundo aún no redimido del todo, no deja de ser ‘de noche”, como decía san Juan de la Cruz”, hay que velar. “Este velar para que no se seque 'el manantial de la esperanza' es tarea de todos los cristianos, pero especialmente de la Vida Consagrada, llamada a ser ‘un signo de esperanza contra toda esperanza’…  para la Iglesia y el mundo”.

 Para demostrar su tesis, el teólogo español partió de Benedicto XVI y de su reivindicación de la esperanza, para analizar el concepto en el Vaticano II. Siguiendo el Concilio, Delgado subrayó que “sólo una Iglesia que comprenda de forma positiva el gran giro antropocéntrico de la modernidad, plasmado en el anhelo de ‘libertad, igualdad y fraternidad’ en ‘este mundo’, y que intente entroncarlo en la tradición mesiánico-profética, que es la matriz del mensaje del Reino de los Cielos de Jesús de Nazaret, será capaz de entrar en diálogo con el hombre de hoy”.

Libro de Díez Alegría

Tras recorrer la teología de la esperanza de Ernst Bloch y la de diversos representantes de la teología monástica, la del jesuita chileno Manuel Lacunza, se detiene en la del también ‘jesuita sin papeles’ español, José María Díez Alegría.

“¡Yo creo en la esperanza!,25 que leí de un tirón en mayo de 1973 con 18 años y que desde entonces me ha marcado profundamente. En los años del tardofranquismo y de la adaptación del cambio conciliar a la realidad española, me pareció una revelación. Porque hablaba de un cristianismo mesiánico-profético, es decir, sensible a la justicia, preocupado ante todo por los pobres y los pequeños de la historia, que mantiene una distancia crítica con los poderes de este mundo y quiere también que ese cristianismo prevalezca dentro de la Iglesia con las reformas necesarias. Me pareció la antítesis del anacronismo de la unión entre Estado e Iglesia en España bajo el franquismo”.

Juicio final
Juicio final

Y Mariano Delgado añadía: “El autor era sociólogo, profesor de la Universidad Gregoriana y hermano de un general de alto rango. Había publicado el libro sin permiso eclesiástico, incluso contra la prohibición explícita del General de los jesuitas, Pedro Arrupe. Se convirtió en un éxito de ventas, pero también en un escándalo. Las autoridades eclesiásticas y seculares protestaron, y el autor tuvo que pedir la exclaustración – inicialmente temporal– de la Compañía.26 Murió el 25 de junio de 2010, a los 99 años”.

Tras analizar la ‘esperanza ante la tumba’, asi como ‘El Juicio Final y la esperanza’, recalcó, mirando a la Iglesia actual, y, más en concreto al Papa Francisco: “Con él parecen haber vuelto la confianza en el hombre y el sueño de una Iglesia de los pobres”.

Mariano Delgado
Mariano Delgado

Mantener viva la esperanza en la gran transformación by Jesús Bastante on Scribd

Apoya la primavera del papa Francisco
Volver arriba