Operarias evangélicas: "En mundo secularizado, para nuestro instituto secular, replegarse no es una opción"
Anna Matilde Lithgow, asistente general de la Hermandad de Operarias Evangélicas, institución fundada por el sacerdote Avelino López R. de Castro, reivindica la aportación a la misión de la Secularidad Consagrada y lamenta que sea en la Iglesia "la gran desconocida"
"La Secularidad Consagrada es la gran desconocida entre las distintas formas de consagración que hay en la Iglesia, no solamente para la sociedad en general, sino también, y es doloroso, es la gran desconocida en los ambientes eclesiales". Lo afirma Anna Matilde Lithgow, asistente general de la Hermandad de Operarias Evangélicas, institución fundada por el sacerdote Avelino López R. de Castro a mediados del pasado siglo y que hoy se encuentra implantada en varias ciudades de España y en Puerto Rico.
Se trata –añade Lithgow, doctor en Química Orgánica por la Universidad de Salamanca– de "un instrumento verdaderamente útil a la Iglesia en su misión de evangelización del mundo seglar", "un atisbo de lo que se plasmaría en el Concilio Vaticano II, cuando se habla de la presencia de la Iglesia en el mundo", como destaca en esta entrevista con Religión Digital. Y su presencia se concreta, siguiendo el carisma del fundador, con su testimonio cristiano "a través de la profesión, que es el lugar donde transcurrimos gran parte de nuestra vida, el camino que enmarca nuestro apostolado". Y ella lo hace a diario desde su labor como reputada investigadora "en campos tan lejanos de lo religioso como es la química".
Pregunta. ¿Cómo y por qué nace la Hermandad de Operarias Evangélicas?
Respuesta. Fundamentalmente por el deseo de jóvenes que deseaban una entrega más radical pero querían permanecer en el mundo, transformando las realidades propias de los seglares.
R. Uno de los miembros de la Hermandad, que fue director general de la institución masculina, don José Moreno de la Helguera, decía en el prólogo a los Escritos de nuestro fundador, don Avelino López de Castro: “Sería pueril pretender que D. Avelino fuera un profeta de la espiritualidad seglar o que en este orden llegase a cubrir todas las metas alcanzables. Ni él se hizo ilusiones nunca a este respecto. Primero, porque no fue hombre dado a excesivas teorizaciones, sino profundamente práctico, un verdadero “obrero de la viña” que supo responder a las necesidades de su tiempo y al llamado de la Iglesia para renovar cristianamente el mundo, que supo captar las inquietudes y anhelos de unas minorías seglares hondamente desasosegadas por la apatía o el alejamiento religioso de las grandes masas y se entregó a su servicio y cuidado para lograr convertirlas en fermentos de vida cristiana.”
R. Creo que esta cita refleja claramente el motivo de nuestro nacimiento y también el carácter de don Avelino.
P. ¿Por qué un instituto secular?
R. Porque para responder a las necesidades de un mundo que se alejaba no ya de la Iglesia, que también, sino de lo religioso, era necesaria la presencia en el mundo de personas enraizadas en la realidad de su tiempo pero capaces de vivir de otra manera en esa realidad. Un instrumento verdaderamente útil a la Iglesia en su misión de evangelización del mundo seglar. Es un atisbo de lo que se plasmaría en el Concilio Vaticano II, cuando se habla de la presencia de la Iglesia en el mundo.
P. ¿Son estos institutos seculares una realidad suficientemente conocida en nuestra Iglesia?
R. La Secularidad Consagrada es la gran desconocida entre las distintas formas de consagración que hay en la Iglesia, no solamente para la sociedad en general, sino también, y es doloroso, es la gran desconocida en los ambientes eclesiales. Es fácil oir en esos ambientes la expresión “monjas seglares”, expresión que es una “contraditio in terminis”, puesto que podríamos decir que el monacato y la secularidad consagrada están en los extremos de esa línea temporal que une los distintos carismas que han ido surgiendo a lo largo de la historia en la vida de la Iglesia.
R. San Pablo VI señalaba en un discurso a los miembros de los Institutos Seculares en el XXV Aniversario de la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia que “existía una profunda y providencial coincidencia entre el carisma de los Institutos Seculares y una de las líneas más importantes y más claras del Concilio: la presencia de la Iglesia en el mundo …” (Discurso a los miembros de Institutos Seculares nº 6, 2 de febrero de 1972).
R. Y en otro discurso a los responsables generales recordaba “la coesencialidad de ambos aspectos, porque la secularidad indica nuestra inserción en el mundo, como lugar propio de nuestra responsabilidad cristiana, comprometidos con los valores seculares, siendo este nuestro modo de ser Iglesia, de hacerla presente, en definitiva, de anunciar el Reino; la consagración es, en cambio la estructura íntima y secreta portadora de nuestro ser y de nuestro obrar”. (Discurso a los Responsables Generales, Nºs. 11-13, 20 de septiembre de 1972).
P. ¿Cómo viven hoy en día este carisma? ¿Cómo se estructuran?
R. En cada instituto la manera de vivirlo y la estructura del instituto es propia, no hay una regla general. En el nuestro es, fundamentalmente, a través de la profesión que es el lugar donde transcurrimos gran parte de nuestra vida y que para nuestro fundador es el camino que enmarca nuestro apostolado:
R. “La profesión es elemento esencial en la estructura social vigente. La profesión es factor de primera línea cuando se trata de toda renovación social; todos tienen su profesión; proporciona el modo de vivir; consume gran parte del tiempo; dieta derechos y obligaciones; introduce al que la ejerce en su ambiente; exige continuo esfuerzo de capacitación para triunfar; tiende a ver la vida, el mundo, el prójimo, desde su punto de vista especial...
R. … Se concibe y ejerce la profesión fuera del cristianismo, independientemente, como si nada tuvieran que decirse la profesión y el cristianismo. El profesional que es cristiano se conforma con unas prácticas litúrgicas inconexas, pero llega al despacho, o lo que sea, y se porta igual que el no cristiano. Pero el cristianismo tiene que decir algo a las profesiones. La profesión debe fundamentarse en la práctica de determinadas virtudes cristianas que brillan por su ausencia…” (Escritos 32)
P. Un instituto secular, en un momento en donde la secularización es la tónica dominante. Hay organizaciones eclesiales que se asustan ante esta realidad o caen en la tentación del repliegue. ¿Cómo lo viven ustedes?
R. Podemos recordar una frase famosa de Terencio: “Nada humano me es ajeno” que, en nuestro caso, nos permite decir que el replegarse no es una opción. No podemos renunciar al mundo. Trabajar por el bien común, en la vida ordinaria, en la profesión, en todas las actividades compatibles con la vida cristiana, poniendo nuestras capacidades y talentos al servicio del ser humano, trabajando codo con codo con otros seglares para ser luz que ilumina, sal que da sabor, fermento en la masa es nuestra contribución a la tarea evangelizadora de la Iglesia, una presencia discreta, callada, en las realidades de la vida ordinaria.
R. Somos, desde nuestro origen, esa Iglesia de Dios en salida de la que se hablaba en el Congreso de Laicos –que se celebró en febrero de 2020– para llevar a Dios a toda la realidad del mundo, para anunciar al Resucitado en la familia, en el trabajo, en la educación, en la economía, en el cuidado del planeta, con las personas en situaciones de pobreza o migrantes, en el mundo de la cultura, en las redes sociales, en la vida asociativa pública, etc., para dar esperanza y sentido a la vida. Trabajar por el Reino nos exige ser testigos en el mundo de los valores del Evangelio, valorando también todo aquello de positivo que hay en el mundo, porque todo lo bueno y veraz procede de Dios.
Nuestra tarea es encontrar las herramientas apropiadas que nos permitan vivir nuestra fe en esta realidad secularizada, siendo testigos creíbles, que otro mundo es posible, pero no renunciar a vivir en él
R. La secularidad nos exige estar implicadas y vivir en plenitud las situaciones que definen la sociedad actual. Viviendo con tensión y exigencia las situaciones profesionales, sociales y políticas que se nos presentan para transformarlas de tal modo que todos los seres humanos tengan la oportunidad de llegar a su plenitud. Nuestra tarea es encontrar las herramientas apropiadas que nos permitan vivir nuestra fe en esta realidad secularizada, siendo testigos creíbles, que otro mundo es posible, pero no renunciar a vivir en él.
R. Además cómo decía san Pablo VI en un discurso a los Responsables Generales en 1976: “Si permanecen fieles a su propia vocación, los Institutos Seculares serán como “el laboratorio experimental” en el que la Iglesia verifica las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo. ¿Cómo replegarse si a través de cada seglar consagrado la Iglesia se relaciona con el mundo? o ¿Cómo no considerar dirigido a los Institutos Seculares lo que se dice en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi?: “Su tarea primera… es el poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas” (n.70)”.
R. Este continuo discernimiento es parte del carisma propio, para poder ser laboratorio de diálogo con el mundo, exige una formación continua e integral que nos permita descubrir esas semillas del Reino que están presentes también en este mundo nuestro.
P. ¿Dónde están y cuántas son las Operarias Evangélicas?
R. No somos muchas, y en este momento estamos en Salamanca, Oviedo, La Coruña y Puerto Rico. Hay miembros estrictos (Operarias, que viven en grupos fraternos, profesando los consejos evangélicos y Cooperadoras, solteras o casadas, que viven el carisma en sus casas y familias).