El báculo gaudiniano llega a Barcelona a la espera del momento culminante con el papa León XIV
La presencia de la pieza destacaba por su elegancia y por la fuerza simbólica de una obra que integra referencias directas al universo gaudiniano: la cruz inspirada en la torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia, las formas orgánicas evocadoras de la fachada del Nacimiento, las piedras procedentes del Mas de la Calderera y las maderas llegadas de los cinco continentes
La férula papal gaudiniana completó este lunes su traslado desde Reus hasta Barcelona, culminando un recorrido cargado de simbolismo que la llevó desde la tierra natal de Antoni Gaudí hasta el Palacio Episcopal, donde quedó custodiada a la espera de ser entregada al papa León XIV.
El viaje comenzó a primera hora de la tarde. Lejos de las prisas, el trayecto transcurrió en un ambiente sereno y satisfactorio, con la conciencia compartida entre sus responsables de que transportaban una pieza única, concebida expresamente como homenaje a Gaudí y destinada a convertirse en un regalo excepcional para el Santo Padre.
Durante todo el recorrido se mantuvieron estrictas medidas de seguridad. La férula, obra del artista y joyero tarraconense Joan Serramià, viajó protegida y bajo supervisión constante hasta su llegada al centro de Barcelona. El vehículo estacionó en el aparcamiento de la plaza de Catalunya, desde donde se inició el último tramo del traslado hacia el Palacio Episcopal.
El ambiente en el entorno del palacio reflejaba la trascendencia de la visita pontificia. Durante la estancia del Papa en la ciudad, el recinto se ha convertido, a efectos prácticos, en territorio vaticano. Los controles eran visibles y la actividad constante. Por la puerta principal no dejaban de entrar y salir miembros de la policía vaticana, responsables de protocolo y personal vinculado a la organización de los actos oficiales.
La comitiva fue recibida por Marc Labori, secretario del cardenal Joan Josep Omella. Labori, cuyos antepasados eran originarios de Riudoms, mostró interés por una iniciativa nacida precisamente en la comarca que vio crecer a Gaudí y que ha contado con la implicación de numerosos fieles de Riudoms, Reus y Tarragona.
La primera entrega de la pieza se formalizó en la misma entrada del Palacio Episcopal. La obra había viajado desmontada en cuatro partes, una decisión adoptada tanto para facilitar su transporte como para garantizar su conservación.
Una vez en Barcelona, los distintos elementos fueron ensamblados cuidadosamente hasta recuperar su configuración definitiva. Finalizado el montaje, la férula fue colocada en posición vertical en un espacio reservado del Palacio Episcopal, donde permaneció custodiada junto a otros obsequios institucionales y personales que el papa León XIV recibirá con motivo de su visita a Barcelona.
La presencia de la pieza destacaba por su elegancia y por la fuerza simbólica de una obra que integra referencias directas al universo gaudiniano: la cruz inspirada en la torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia, las formas orgánicas evocadoras de la fachada del Nacimiento, las piedras procedentes del Mas de la Calderera y las maderas llegadas de los cinco continentes.
Con su llegada al Palacio Episcopal concluía la primera etapa de un proyecto impulsado por fieles de Riudoms, Reus, Tarragona y la comunidad parroquial de la Sagrada Familia. La férula había dejado atrás el Camp de Tarragona para situarse en el centro de uno de los acontecimientos eclesiales más relevantes del año, convertida ya en símbolo del vínculo entre las raíces de Gaudí y la vocación universal de la Iglesia.
Sin embargo, el momento más esperado todavía está por llegar. Todas las miradas están puestas en la jornada del 10 de junio, cuando el papa León XIV tenga previsto abandonar el Palacio Episcopal para dirigirse a la Sagrada Familia.
Si el protocolo previsto se mantiene, la férula gaudiniana podría acompañar al pontífice en ese recorrido solemne por las calles de Barcelona. Sería entonces cuando la obra de Joan Serramià alcanzaría su máxima expresión simbólica: la imagen del sucesor de San Pedro avanzando hacia el templo más universal de Gaudí sosteniendo una pieza nacida en las tierras del Camp de Tarragona y creada expresamente para unir, en un mismo gesto, fe, arte y territorio. “Litúrgicamente, puede darse el caso de no cumplirse el propósito, pero las esperanzas están depositadas en la última elección que pueda tomar el Papa”, añade Serramià.