Francesc Romeu: “La foto de este viaje será la del papa mirando a los ojos a la humanidad destrozada que llega a Canarias”
El sacerdote y periodista interpreta la visita de León XIV a España como un viaje marcado por la inmigración, la identidad europea y el futuro de la Iglesia.
Antes de comenzar la entrevista, Francesc Romeu va y viene por un aula parroquial de Santa Maria del Taulat, en el Poblenou, donde esta tarde da catequesis a niños del barrio, acompañados por sus padres. El rector de la parroquia —periodista, colaborador del programa radiofónico Paraules de Vida y durante décadas profesor de periodismo religioso en Blanquerna— habla mientras reparte papeles y saluda a familias que entran y salen.
En el pasillo principal de la rectoría, un tablón lleno de carteles y anuncios resume buena parte de sus inquietudes actuales. Destaca uno sobre la conferencia que pronunció el pasado viernes en el mismo templo, titulada “León XIV, ¿de dónde viene y adónde quiere ir?”, cuando se cumplió el primer aniversario del ponrtficado del Papa, y que repetirá dentro de unos días en Vilafranca del Penedès. “Muchos de mis familiares nacieron en aquella tierra del Penedès, y cuando voy allí me libero”, comenta.
Junto al cartel, un artículo del obispo de Girona Francesc Pardo —fallecido en 2022— reflexiona sobre el sentido de la catequesis. Curiosamente, Pardo era de Torrelles de Foix, en el Alt Penedès. Sobre la mesa del aula donde Romeu realiza la sesión descansa un libro sobre el papa León XIV en el que ha participado escribiendo el epílogo, así como diversas acreditaciones de coberturas vaticanas: cónclaves, viajes papales y la visita de Benedicto XVI a Barcelona en 2010, cuando el pontífice consagró la Sagrada Familia. La entrevista tiene lugar pocas horas después de que se haya anunciado oficialmente el programa del primer viaje de León XIV a España.
Pregunta. ¿Qué impresión le ha causado el programa de la visita de León XIV a España?
Respuesta. Escuchando la rueda de prensa de presentación del viaje me preguntaba cuál sería la fotografía que quedará de esta visita. Y creo que será la de Canarias. Por eso yo habría empezado el viaje allí, y no en Madrid. Es el lugar más importante simbólicamente, como cuando Francisco decidió que su primer viaje fuera a Lampedusa. León XIV ha ido a la antigua Nicea, a África, a Mónaco, y ahora llega a España con ese mismo hilo conductor. En Madrid habrá muchas imágenes, en Barcelona también, pero la gran fotografía será la del Papa mirando a toda esa humanidad destrozada que se ha jugado la vida cruzando el mar.
P. ¿La inmigración será, entonces, uno de los grandes ejes del viaje?
R. Habrá que ver qué discurso hace, pero todos esperamos palabras suyas sobre la inmigración. ¿Qué debe hacer Europa? Esa es la pregunta. León XIV insiste en que regularizar la inmigración no implica maltratar a los que ya tienes dentro. El Papa habla desde una experiencia misionera concreta y desde el contacto con personas vulnerables. Por eso creo que en Canarias veremos un mensaje muy potente.
P. Usted cubrió la visita de Benedicto XVI a Barcelona en 2010. ¿Qué diferencias ve respecto a esta futura visita?
R. Cuando Benedicto XVI pasó con el papamóvil por la Monumental y el paseo de Marina pasó volando, muy rápido, casi ni se le podía ver. Venía a un único objetivo: consagrar la Sagrada Familia. Todo giraba alrededor de aquel acto. Ahora veremos qué nos dice un papa misionero. León XIV es diferente de Benedicto XVI, y eso también se nota en los gestos.
P. ¿En qué se fijará especialmente?
R. Recuerdo mucho la imagen de Benedicto XVI entrando por la puerta de la Gloria. Es una puerta que exige fuerza, y la mirada inevitablemente se va hacia arriba. Él se quedó parado dentro del templo, con una expresión de sorpresa muy clara. Yo mismo, cada vez que entro por allí, también miro hacia arriba. Tengo curiosidad por ver si León XIV hará lo mismo. Los gestos explican muchas cosas de un pontificado.
P. El acto central en Barcelona será en Montjuïc. ¿Por qué no en la Sagrada Familia?
R. Por una cuestión práctica. La Sagrada Familia se llena en un segundo. Habrá empujones para entrar y mucha gente se quedará fuera mirando pantallas. Por eso se ha tenido que pensar en un acto masivo en Montjuïc. El papa será recibido multitudinariamente, atravesará el césped del Estadio Olímpico y subirá a un gran escenario, parecido al de la plaza de San Pedro.
P. ¿Cómo imagina ese acto?
R. Estarán todos los obispos de España, también los del Mediterráneo, y al otro lado personas con discapacidad, gente del Cottolengo, testimonios diversos… En el césped y en las gradas estará el pueblo. Será un gran acto de comunicación. Posiblemente intervendrán personas de perfiles muy distintos. León XIV fue durante 12 años prior general de los agustinos y tiene una forma concreta de viajar: ha viajado mucho, le gusta ver las cosas, palpar la realidad. Creo que volverá a Barcelona, porque habrá visto que el viaje le sirve para entender mejor qué está pasando.
P. El papa también visitará Montserrat y Sant Agustí. ¿Ve algún simbolismo especial?
R. Conoce muy bien la veneración por Montserrat por el contacto que tuvo en los años noventa con una parroquia de Trujillo vinculada a esta devoción. Y Santa Rita, que también conoció a nivel parroquial, es muy venerada en Sant Agustí, en el Raval. Por eso la visita allí tiene sentido. Además, Sant Agustí es una iglesia oscura, difícil de iluminar, situada en un barrio donde el papa hará una inmersión real. No hace falta llevarlo a Santa Maria del Mar para hacer una postal.
P. ¿Teme que la anécdota acabe eclipsando el mensaje?
R. Sí, y debemos ir con cuidado. León XIV es poco comunicativo en el sentido más mediático del término, y por eso habrá tendencia a buscar la anécdota o el detalle superficial. Pero no podemos olvidarnos de lo que dice el Papa. Lo que interesa es qué ha dicho en los lugares por donde ha pasado. En África, por ejemplo, dejó discursos muy profundos. Eso exige esfuerzo, exige leer y escuchar.
P. ¿Cómo definiría su estilo?
R. Es un Papa viajero y misionero. Sus homilías son cortitas, no es de enrollarse. Llevo encima las primeras palabras que pronunció el 8 de mayo, el día de su elección. Tiene un lenguaje muy conciso, muy preciso. No utiliza sinónimos innecesarios. Cuando habló de la “paz desarmada y desarmante”, allí estaba todo lo que llevaba en el corazón. Era casi una hoja de ruta.
P. ¿Cree que ese será también el tono de los discursos en España?
R. Seguramente sí. Y veremos hasta qué punto el mensaje encaja con el momento político europeo. En medio de la polémica con Donald Trump, el Papa se ha convertido en un líder moral y religioso a escala mundial. También habrá que ver qué dice Pedro Sánchez en la recepción institucional. Quizá España no quede tan mal parada en esta visita; yo tengo esperanzas de que haya algunas sintonías.
P. ¿La repercusión de una visita papal dura en el tiempo?
R. Sí, y a menudo se percibe años después. Lo vimos con la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Todavía hoy hay jóvenes que explican que aquella experiencia les marcó. Francisco entendía los viajes de otra manera: como apoyo a comunidades pequeñas. Fue a Mongolia, donde solo hay 1.500 católicos; esforzándose un poco, casi aprendía sus nombres.
P. ¿León XIV también pone mucho el foco en los jóvenes?
R. Desde luego. Tiene por delante una Jornada Mundial de la Juventud en Seúl en 2027 y sabe que la Iglesia no puede perder ese dinamismo de convocar jóvenes. Los jóvenes se animan cuando encuentran a otros jóvenes. Necesitan impulso, convocatoria, espacios para encontrarse. Aquí será importante ver qué discurso les dirige.
P. Ha hablado a menudo del riesgo de división dentro de la Iglesia. ¿León XIV puede coser fracturas?
R. Ese es el gran peligro que navega sobre él: que acabe siendo percibido como un papa de la división. Hay sectores que buscan el cuerpo a cuerpo, tal como ya se hizo con Francisco, a quien se le faltó al respeto muchas veces. León XIV no busca confrontación, pero la división existe.
P. ¿Su condición de agustino puede influir?
R. Sí. Los diocesanos somos más de dependencia vertical respecto al obispo. Los religiosos, en cambio, tienen incorporada la idea de comunidad y de trabajar en equipo. Un prior general después vuelve a la base, a la vida ordinaria; un obispo siempre es obispo. Eso da otra manera de gobernar.
P. ¿Cómo puede aprender la Iglesia catalana de esta visita?
R. La Iglesia catalana vive muchas tensiones: ruralidad y urbanidad, falta de sacerdotes, secularización creciente… Pero también debemos recuperar un cierto orgullo y una identidad clara. Las identidades se han difuminado mucho, y eso no siempre es bueno. Cataluña tiene una identidad muy definida que vale la pena mantener. La identidad cristiana ha configurado este país.
P. ¿Eso también afecta a la lengua?
R. Y tanto. El catalán es una lengua de acogida. No seremos más acogedores dejándolo perder. La realidad eclesial debería liderar esta idea: una identidad construida colectivamente y abierta. En Europa también existe el debate sobre las raíces cristianas, y no deberíamos caer en la trampa de diluirlo todo.
P. ¿Usted espera un pontificado largo?
R. Creo que sí, y creo que será una etapa de serenidad que nos irá bien. El documento Dilexi te tiene párrafos durísimos y muy lúcidos. Y la futura encíclica sobre la inteligencia artificial probablemente aportará un acompañamiento sereno en muchos ámbitos. El mundo necesita esa serenidad.
P. ¿Qué le gustaría que quedara de esta visita a Barcelona?
R. Que no nos quedáramos solo con las imágenes. Que escucháramos lo que dice el papa. Y que entendiéramos que este es un pontífice que quiere mirar al futuro sin perder el contacto con la realidad concreta. Un misionero que viaja para conocer, para tocar las heridas del mundo y para recordarnos que la Iglesia no puede vivir encerrada en sí misma.
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