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TODO el viaje del Papa a España, #primeroRD

León XIV finaliza su viaje en España: la última palabra es Cristo

El Papa, con la Custodia

(Settimana news).- La paz y los migrantes son los dos temas principales que el Papa abordó en Barcelona, Montserrat y las Islas Canarias durante la segunda etapa de su viaje apostólico. El viernes 12 de junio volvió a hablar claramente sobre los migrantes:

Hermanas y hermanos, la última palabra no puede ser para el miedo, ni para la indiferencia, ni para la violencia de quienes explotan la vida humana. La última palabra pertenece a Cristo, quien se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, valorado e integrado. Elevemos nuestra mirada hacia Él, sin apartar la vista de quienes sufren; miremos al Señor para aprender a ver a nuestros hermanos y hermanas con sus ojos.

El Papa y la Sagrada Familia

En Barcelona, para inaugurar la última torre de la Sagrada Familia, abordó el tema del conflicto.

"No podemos creer en Jesús y hacer la guerra. No podemos creer en Jesús y matar a los inocentes. No podemos creer en Jesús y abandonar a los que sufren, a los que lloran, a los que huyen de la pobreza."

El diario El País dice que es una llamada contundente para nosotros, los cristianos, pero no tanto para España. La politóloga Estefanía Molina escribe que, para la sensibilidad local, importa más que el Papa haya intercalado el catalán con el español, dando aliento y concediendo un espacio a las constantes demandas de independencia local.

Luego está el tema de los migrantes, el objetivo de la parada en las Islas Canarias, uno de los puntos de llegada de tantas personas desesperadas a las que la Iglesia acoge. Y España es como Italia, como el resto de Occidente, con muertes en el mar y esos centros de acogida que parecen guetos al aire libre.

El Papa León no se anduvo con rodeos.

Su tragedia debe convertirse en un examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear las condiciones para la paz, la justicia y el desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.

Migrantes en el centro de acogida de Las Raíces, Tenerife | 5

Y luego añadió algo más, para sacudir la conciencia de todos, incluidos los políticos.

La dignidad humana exige vías seguras y legales, asistencia y protección, cooperación genuina contra los traficantes, protección efectiva para las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propio país. Si existe el derecho a buscar refugio cuando la vida está en peligro, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en el propio hogar sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción prive a los pobres de su sustento, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar los muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte, ni pierde valor al cruzar una frontera.

Frases que suenan como indicaciones concretas y con una conclusión precisa.

Que la historia no nos acuse de haber transformado el dolor de quienes sufren en una imagen habitual en nuestras costas. Porque hoy, aquí, en la orilla del mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, sabremos si hemos sido capaces de preservarla o si hemos permitido que la indiferencia hable por nosotros.

Y de nuevo, en Tenerife, la advertencia a los traficantes de personas.

«¡Alto! ¡Conviértanse! Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios, ¡y su sufrimiento llega hasta Él! El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no traerá paz, ni honor, ni futuro.»

La nueva ética de la Iglesia –expresada por la imagen de la corona arrojada al mar– que recuerda al Papa Francisco en Lampedusa, va de la mano con la ética ya sentida en el discurso ante el Parlamento español:

Toda vida humana debe ser reconocida y protegida desde la concepción hasta su fin natural, en todas las circunstancias de su existencia. Cuando esta certeza se ve empañada, los más vulnerables son las primeras víctimas, y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a toda persona.

El Papa y la pilota

Pero la foto del Papa en la cabina del piloto durante el vuelo a Barcelona también ha acaparado titulares. Estas imágenes han llamado la atención por su contraste visual, que combinaba la solemnidad espiritual con la tecnología aeronáutica moderna, y por el ambiente distendido, con el Papa interactuando directamente con la tripulación, demostrando cercanía con la gente y transformando un viaje apostólico rutinario en un momento mediático memorable.

De todas formas, al final de nuestro recorrido por España, nos encontramos con la fuerza de una Doctrina Social que se esfuerza por los más vulnerables en nombre del Evangelio y la humanidad. Y con gobiernos y parlamentos que escuchan, rinden homenaje, aplauden y no modifican sus políticas ni leyes. Esta vez también, al parecer, así fue. Pero las preguntas persisten, claras, explícitas e inequívocas, como se expresó en la homilía de la Misa en Tenerife. Preguntas que pueden y deben guiarnos en nuestra búsqueda de una conducta cristiana:

¿Qué anhela el corazón humano? ¿Cómo podemos responder a su sed sin engaños? ¡Qué importante es, sobre todo para quienes se guían por el Evangelio, no reducirlo todo al comercio y al lucro!

Papa y deportistas

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