...y los leones (del Congreso) recibieron al León

Crónica interior de la llegada, y las palabras, del Papa en el Congreso

El Papa saliendo del Congreso
El Papa saliendo del Congreso

Desde primera hora de la mañana, con la Carrera de San Jerónimo cortada, los leones del Congreso miraban (cada uno hacia un lado, como si estuvieran enfadados) a ambos lados de la ciudad, esperando la llegada de otro León: el Papa de Roma. La Cámara Baja, engalanada como en las mejores ocasiones, era un trajín de periodistas tratando de acreditarse, un subir y bajar de policía comprobando (hasta en las alcantarillas) que no había ningún problema.

Las autoridades aguardaron al pontífice a las puertas de la Cámara Baja, con una alfombra roja que se resistía a desplegarse sin dejar arruga alguna. Puntual, tras su cita con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (el líder socialista salió antes de la Nunciatura, para poder llegar, también antes, a la sede de la soberanía española), León XIV subió la Carrera de San Jerónimo después de saludar a otro gigante, Neptuno, y atisbar la cresta de Los Jerónimos. Y, seguramente, con ganas de hacer una parada, siquiera breve, en la milla de oro de la cultura mundial: el Prado, el Thyssen o el Reina Sofía, abiertos para los peregrinos el sábado por la noche, y muy presentes en la Vigilia de Lima (cinco hermosas reproducciones presidían el altar), no lo estuvieron para el Papa matemático, amante también de las artes y la belleza, como demostró ayer mismo en el icónico evento celebrado en el Movistar Arena.

La gente esperando al Papa
La gente esperando al Papa

Los leones, impertérritos (no es la primera vez que ven la calle cortada), contemplaron cómo el pontífice se bajaba del auto, acompañado por el cardenal de Madrid, José Cobo, y les contemplaba con una media sonrisa de admiración. Fue emocionante er cómo se daba la vuelta y saludaba a los periodistas que le observábamos, apenas a tres metros de distancia. Muchos curiosos se colaron, con algún conato de bronca incluido. Pero todo pasó cuando León llegó y saludó.

Prevost fue recibido por los presidentes del Congreso y el Senado. Después de los saludos protocolarios, la recepción oficial (la portavoz de Junts se detuvo, y mucho, con el Santo Padre) y la firma en el libro de Honor, se produjo el tradicional intercambio de regalos. Así, la Cámara Alta entregó al pontífice una reproducción del manuscrito del beato de Liébana correspondiente al Códice de Fernando I y doña Sancha, mientras que el Congreso obsequió a León XIV con un facsímil iluminado del siglo XV del manuscrito Liber Horarum o Libro de Horas, dos piezas vinculadas al patrimonio histórico y documental español.

El Papa, con Abascal
El Papa, con Abascal

Después, el Papa entró en un hemiciclo repleto de señorías. Allí se agolpaban congresistas, senadores e invitados, además de las ya de por sí abarrotadas tribunas de prensa. Se tuvo que habilitar un espacio específico para la prensa acreditada al evento. Algún plumilla despistado, que no estaba acreditado, intentó colarse en el hemiciclo: la paciencia de los funcionarios del Congreso, a veces parecía la del santo Job. Trabajazo el suyo, por cierto.

Aunque León XIV es la máxima autoridad de la Iglesia católica, su intervención en el Parlamento español no se producía en calidad de líder religioso, sino como jefe del Estado vaticano. Diputados y senadores debían preservar el decoro en el protocolo. Nada de camisetas reivindicativas (aunque alguna se coló), y vestimentas sobrias y discretas. Se desaconsejaron las faldas por encima de las rodillas o los tirantes, y a los hombres se pidió traje oscuro, camisa blanca y corbata.

El Papa firma en el libro de honor del Congreso
El Papa firma en el libro de honor del Congreso

Una vez en el Congreso, y tras los saludos protocolarios, León XIV trazó su discurso, QUE PUEDES LEER AQUÍ. Un discurso histórico, que los leones no escucharon, pero seguro que hicieron suyo. Tras el mismo, un último saludo, de León a león, antes de abandonar el Congreso para otro evento, este más interno, pero igualmente relevante: tras hablar ante el pleno de la democracia, el Papa lo hará a la plenaria de los obispos. Dos lenguajes distintos, ojalá condenados a entenderse.  

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