Palabras del obispo de Tenerife y testimonios en la Plaza del Cristo en La Laguna

Palabras de saludo del Obispo de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), Eloy Alberto Santiago Santiago, en el Encuentro con las Realidades de Integración de los Migrantes en la Plaza del Cristo de La Laguna

Saludo del obispo de Tenerife Eloy Santiago al Papa
Saludo del obispo de Tenerife Eloy Santiago al Papa | RD/Captura
12 jun 2026 - 12:26

Santo Padre, 

Tras la visita al Dispositivo de acogida de migrantes de Las Raíces, nos hemos desplazado a esta emblemática plaza del Santísimo Cristo de La Laguna, en el corazón de esta ciudad de San Cristóbal de La Laguna, Sede de nuestra diócesis, ciudad Patrimonio de la Humanidad fundada a finales del siglo XV y que se caracteriza por no tener murallas, expresión de su carácter de ciudad abierta sin barreras, como también intenta ser nuestra Iglesia diocesana. Nos anima a ello Sus palabras en la Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor a los pobres: «La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que en cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad» (DT, 75). 

Eso es lo que, Santidad, intentamos con nuestros pobres medios y recursos, caminar con los que caminan. Acompañar a los migrantes que llegan a nuestras costas no solo en la acogida y protección, sino también en la promoción e integración, que es siempre el reto mayor. Desde Cáritas diocesana, la Delegación diocesana de migraciones y distintas organizaciones eclesiales –como descubriremos en los testimonios que escucharemos a continuación– estamos llevando a cabo un hermoso trabajo de promoción mediante el aprendizaje del español y la formación ocupacional con el fin de que las personas migrantes puedan integrarse en la sociedad, no solo recibiendo, sino también aportando. 

Nuestra labor no solo se dirige a la integración social y laboral, sino también a la integración en la Iglesia de los migrantes con los que compartimos la fe. Son numerosísimos los hermanos y hermanas provenientes de Latinoamérica, o de otras latitudes como Filipinas, que forman parte, y parte activa, de nuestra comunidad diocesana, convirtiéndose en savia nueva para las comunidades que los acogen. 

Como recordaba la Conferencia Episcopal en la Exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras: «Acoger no es solo dar la bienvenida, sino extraer consecuencias del enriquecimiento mutuo y recíproco entre quienes acogen y son acogidos» (n. 42), lo que conlleva avanzar en la transformación de una pastoral para los migrantes a una pastoral con ellos,  

convirtiéndolos en sujetos y protagonistas de la misma, no meros destinatarios pasivos, descubriendo los dones que nos aportan y que enriquecen nuestra Iglesia diocesana nivariense. La integración, tanto en la sociedad como en la Iglesia, sigue siendo un reto, Santo Padre. Estamos convencidos de que Sus palabras en este acto nos animarán a seguir por esa vía de la superación de miedos y prejuicios para abrirnos a la promoción e integración de las personas migrantes en nuestra casa común. 

Testimonios

1. Testimonio de Don Darwin Rivas (sacerdote venezolano) 

Santo Padre, soy Darwin, un sacerdote venezolano migrante en esta Diócesis desde hace 7 años. En todo este tiempo que llevo aquí he experimentado en primera persona los 4 verbos con los que el papa Francisco resumía la acción con emigrantes: acoger, proteger, promover e integrar. Lo he recibido gratis y así he tratado de darlo a los más desfavorecidos.  

Ejerzo mi ministerio sacerdotal en la Isla de El Hierro, junto a dos compañeros sacerdotes uno oriundo de la isla de la Palma y un Paisano de mi gran Venezuela.  

Soy Párroco de 4 hermosas comunidades: San José de Isora, San Andrés, San Antón en el Pinar y San Juan en La Restinga por donde ha entrado y siguen llegando muchos hermanos Africanos. En el año 2021 en pleno reto migratorio, nos preguntamos los sacerdotes qué podíamos hacer por las personas que estaban llegando de África y con el discernimiento y el apoyo de la diócesis se nos impulsó para que, dentro de las posibilidades, pusieramos nuestro granito de arena junto a otros habitantes y colectivos de la isla para acoger a las personas que llegaban a las costas de la isla. Así empezamos esta hermosa aventura de ayudar, y digo empezamos porque no estábamos solos, contábamos con los que yo llamo la hermosa familia de hombres y mujeres de buena voluntad, presentes hoy aquí en este bonito encuentro con usted. Corazón Naranja, Policía Nacional y Corpore Sano, junto al alcalde del municipio.  

En Mi gran familia de Corazón Naranja que junto a la Policía Nacional y una isla comprometida lo damos todo, y lo seguimos dando todo, sin esperar nada a cambio, paraaliviar este drama humanitario. 

Como es obvio, ha sido una experiencia dura, pero enriquecedora. Santo Padre yo soy testigo de la entrega y la generosidad de estas personas, lo que me lleva a proclamar que vale la pena seguir ayudando, que es necesario seguir sumando voluntades y corazones y para nosotros los cristianos, descubrir en los que llegan la carne sufriente de Cristo.  

Ciertamente no somos héroes no pretendemos serlo, simplemente queremos y estamos convencidos de que somos instrumentos para el bien. 

Santo Padre ha habido momentos muy complicados por la cantidad de migrantes que llegaban a una isla pequeña. Hubo días y noches en que quise quedarme en la comodidad de mi casa pero pensaba: ¿Qué haría nuestro Señor?  

Y renovaba el servicio que se me pedía y allí en medio del dolor y sufrimiento siembre había algún motivo de esperanza, alguna sonrisa, algún rostro agradecido que daba razón de sobra a nuestra entrega.  

Gracias Santo Padre por estar hoy aquí y por impulsarnos a seguir.  

El sacerdote y el migrante que intervinieron ante el Papa en La Laguna
El sacerdote y el migrante que intervinieron ante el Papa en La Laguna | RD/Captura

2. Testimonio de Mbacke (migrante de Senegal) 

Santo Padre, hermanos y hermanas: 

Me llamo Mbacke y hablo en nombre de la Fundación Canaria El Buen Samaritano, en Tenerife. 

Hoy quiero darles las gracias. Gracias por no mirar hacia otro lado. Gracias por recibir a jóvenes como yo que llegan solos, sin familia, y que solo buscan una oportunidad para empezar de nuevo. 

En El Buen Samaritano encontré más que un techo y comida. Encontré respeto, paciencia y gente que me dijo: “tú vales, tú puedes”. 

Allí vivo desde hace un año y seis meses esperando que salgan mis papeles, yo he tenido mucha suerte porque otros jóvenes cuando cumplen 18 años solo les queda la calle. He aprendido junto con mis compañeros en todas las actividades formativas que tenemos: español, cocina, agricultura, albañilería, carpintería, reparaciones, informática, costura, etc. y en mi caso particular la formación básica de España.  

Todo esto me hace sentir que tengo un lugar y una familia. 

Tenerife me ha enseñado que la hermandad existe más allá de la sangre. Aquí he visto que cuando una persona te tiende la mano sin pedir nada a cambio, el miedo se va y nace la esperanza. Por eso mi compromiso hoy es simple: quiero devolver lo que he recibido. Quiero trabajar con honestidad, estudiar con esfuerzo, y ayudar a mi familia. 

Santo Padre, le pido que siga recordando al mundo que detrás de cada joven migrante hay un sueño, una madre que reza, y una vida que merece una oportunidad. 

Y para terminar quiero decir algo que hacemos para ayudar a vencer el miedo y el racismo a través del grupo de teatro de nuestra Fundación. 

“Inmigrantes somos, con fuerza y pasión, luchamos por la vida, por un nuevo rincón. El camino es duro, pero hay esperanza, la fe nos levanta, nunca se cansa, Cargamos historias, cargamos dolores, Los muros se alzan, pero hay decisión, La tierra es de todos, no hay división, Y aunque nos miren como extraños aquí, sabemos que el mundo es para compartir, Traemos cultura, traemos valor, Somos semillas de un mundo mejor” 

Gracias por escucharme. Que Dios les bendiga a todos. 

3. Testimonio de Khalid Allad (migrante de Marruecos) 

Santo Padre, mi nombre es Khalid, soy de Marruecos y tengo 24 años. Llegué a las costas canarias en el año 2020. Como tantos otros jóvenes, dejé mi hogar buscando una oportunidad para construir un futuro digno y seguro para mí y para mi familia. 

Mi viaje en patera no fue nada fácil. Lo intenté dos veces. En el primer intento murieron veinte personas. Recuerdo que, cuando regresé a casa, mi padre me abrazó llorando y me dijo que no había dormido en toda la noche porque había soñado que la patera volcaba en el mar. Aquella tragedia dejó una huella muy profunda. Mi padre me prohibió volver a intentarlo. 

El Papa, en el encuentro con las realidades de acogida en La Laguna
El Papa, en el encuentro con las realidades de acogida en La Laguna | RD/Captura

Pero un año después, aunque tenía miedo, decidí volver a salir, esta vez sin su permiso. Tras un segundo viaje también lleno de dificultades, llegué a Tenerife. Y allí comenzó para mí una nueva vida.

Pocos meses después, cuando estaba a punto de quedarme en la calle, conocí a la Fundación Don Bosco. Ellos se convirtieron en mi segunda familia. Me ofrecieron un lugar donde vivir, me enseñaron español, me ayudaron a leer y escribir mejor y me dieron confianza para salir adelante. Empecé a formarme para trabajar: hice cursos de cocina, de monitor de comedor escolar, de cuidado de animales y también de construcción. 

Gracias a esa formación, una empresa me ofreció un precontrato que me permitió obtener el permiso de residencia y trabajo. Con mi primer empleo sentí que empezaba a construir mi futuro con mis propias manos. 

Después trabajé en el campo y también en la cocina de un restaurante. Pero hoy me siento especialmente feliz trabajando en el Colegio Salesiano. Formo parte del equipo de mantenimiento y también soy monitor en el comedor escolar. Me gusta trabajar con los niños y niñas, ayudarlos a convivir, a respetarse y a jugar juntos. El cariño que recibo cada día me hace sentir parte de esta comunidad. Ahora cada mañana, cuando salgo de mi casa, voy a trabajar feliz. 

La Fundación Don Bosco y la comunidad salesiana, donde viví más de dos años, han sido para mí un regalo de Dios. Con ellos he aprendido el valor de la solidaridad, de la convivencia, del deporte y también del cuidado de la naturaleza. 

Santo Padre, cuando miro atrás recuerdo el dolor y las dificultades del camino, pero también doy gracias por todas las personas que me ayudaron. Hoy siento que en Canarias no solo he encontrado una oportunidad, sino también un hogar donde trabajar, aportar y vivir con dignidad formando parte de esta comunidad. 

Muchas gracias, Santo Padre, por estar hoy aquí en Tenerife. Su presencia hoy es un ejemplo más para mí de que los cristianos se preocupan por las personas migrantes como yo. 

4. Testimonio de Thalia Johana Saldarriaga Diago (migrante de Colombia) 

Su Santidad, quiero dar las gracias y decir que es un honor estar hoy aquí. 

Mi nombre es Thalia Johana Saldarriaga Diago, soy colombiana con 48 años, llegué hace 3 años dejando mi familia y mi hijo, pero teniendo la ilusión, sueños y esperanza como todos los que migran de tener una vida un poco mejor, la realidad fue otra, al principio tuve techo junto con un hermano que vive acá hace varios años. Las circunstancias cambiaron y nos vimos de un día para otro sin un techo donde estar. Es lo que le pasa a la mayoría de migrantes tanto como si tienen red de apoyo o no. Verse en una situación de no tener donde dormir ni que comer. 

Nos hablaron de varias fundaciones y llegué al CEAR y posteriormente a Cáritas, quienes me brindaron no solo un techo, sino una oportunidad de ser acogida, de esperanza, de lograr poco a poco mi independencia y de devolverme la dignidad que la vida a veces nos quita. En la iglesia también encontré sentirme como en casa, en familia y eso era una necesidad que tuve desde que llegué, la necesidad de congregarme y fue un motor que me ayudó a integrarme. 

Poco a poco y con ayuda de Fundación Don Bosco inicié mi proceso de formación donde adquirí las herramientas básicas y después formarme en lo que estoy trabajando actualmente y así estoy logrando la independencia en la que estoy. 

Mi proceso no termina con mi independencia y estabilidad, sigue en el camino de retribuir el amor y apoyo que de alguna manera el cual que me brindaron. En este momento, soy parte del voluntariado de Cáritas porque entendí que mi experiencia puede servir de puente para otras personas en mi misma situación. Cuando el acompañamiento es de corazón, de Fe, no solo salimos adelante, sino que aportamos y ayudamos a construir comunidad. 

Le agradezco Santo Padre por recordarle al mundo con su voz en favor de quienes vamos caminando por estas tierras y que cada vida es una oportunidad de encuentro. Le pido con toda humildad bendiga a todas las personas que tienen la necesidad de migrar, de alejarse de su tierra, de su familia para que siempre encuentren el apoyo y no sentirse solos. 

Gracias.

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