El Papa agradece a España "su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo" e invita a "huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo"
Fuerte componente político del primer discurso del Papa ante los Reyes en el Palacio Real. Prevost recuerda la historia evangelizadora de España y su cruce de cultura, con el Islam como protagonista, y advierte de “la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada”
"Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación. De hecho, su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad. El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad".
Tras escuchar el saludo del rey Felipe, León XIV empezó con fuerza su histórico primer viaje a España, con un llamamiento rotundo a "huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”, y agradeciendo a España "su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos". Antes, el pontífice había sido recibido por los Reyes en la plaza de la Armería. León XIV llegó en un coche de Patrimonio. Tras los reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Después, los himnos y las salvas de honor, interrumpidas por muchos "Viva el Papa" de los fieles agolpados.
En sus primeras palabras oficiales, en el Palacio Real, ante representantes de la política, el mundo cultural y el Cuerpo Diplomático, León XIV recordó cómo la tradición sitúa la evangelización de España al apóstol Santiago, para evidenciar "el vínculo antiquísimo entre la fe cristiana y esta tierra", que representa "una fuente de esperanza y de orientación entre los desafíos que hoy, como familia humana, debemos afrontar juntos".
Con constantes referencias al Papa Francisco, pero también a tres de nuestros grandes santos, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila e Ignacio de Loyola, Prevost recordó, con Bergoglio, que "la realidad es superior a la idea", y también la necesidad de la construcción de una sociedad común, con "una mística con los ojos abiertos, no ajena a la historia". "Se necesitan, también en la vida pública, hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo, casi el irrumpir de una verdad como luz que aún ciega, pero que —si confiamos y encontramos paz— nos llevará delicadamente hacia sí misma", insistió.
"Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la civilización del amor", recordó el Papa, quien advirtió de la necesidad de "proteger la libertad religiosa y de conciencia".
Abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad
"Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia", rogó el pontífice. En este sentido, invitó "a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad".
Una "vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental", que se basa en "apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas", frente al impulso de las nuevas tecnologías que, en su opinión, "se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse".
"Es necesario, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural", insistió Prevost, quien matizó que "la seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo".
"Vuestra propia historia lo atestigua", reivindicó León XIV. "La presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos", explicó, poniendo como ejemplo la convivencia en ciudades como Córdoba y Toledo.
Citando Ignacio de Loyola, el Papa advirtió sobre "las “novedades” que nos inquietan hoy y sobre las que nuestras sensibilidades están divididas". Citando su última encíclica, León XIV clamó: "Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz".
"Majestades, Altezas Reales, señoras y señores, expreso mi agradecimiento a vuestro país por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos. Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana", finalizó el Papa, con un "¡Que Dios bendiga a España!".