22.7.26. Santa María Magdalena: Toda mujer que se haga varón entrará en el Reino de los cielos (Ev. Tomás)
El Evangelio de Tomas ha tenido un grandísimo influjo, indirecto y directo en la historia de la Iglesia. Está al borde del canon, contiene textos venerables, pero concibe a la mujer como peligro, entre madre perversa y prostituta. Jesús quiere convertirla, transformándola en varona.
Este evangelio sigue estando cerca de la “gran Iglesia”, pues contiene textos de tradición venerable que provienen del mismo Jesús o de algunas comunidades muy antiguas (especialmente cercanas al documento Q). Es más, puede apelar y apela a la tradición de dos hermanos conocidos de Jesús: Judas-Tomás, el Mellizo, en cuyo nombre se inscribe (cf. EvTom, inscriptio y num 13), y Santiago, el Justo, por quien fueron hechos el cielo y la tierra (EvTom 12).
Esto significa que al menos una parte de la iglesia representada por esos “hermanos” de Jesús (de una línea que en principio fue judeo-cristiana) ha desembocado en un tipo de gnosis, pasando, en nombre de Jesús, del estricto legalismo a una experiencia de interioridad mística.
EvTom está cerca del evangelio de Juan, de manera que gran parte de sus “dichos” pueden interpretarse en línea eclesial. Pero hay dos diferencias básicas: (a) Juan apela a la encarnación del Logos de Dios (Jn 1, 14), de manera que sigue conservando su historia básica. (b) Juan sigue vinculando la salvación con la muerte histórica de Jesús, y no con un tipo de gnosis interior.
Juan apela así a la carne de Jesús y puede elaborar una mariología de carácter histórico, con una visión positiva de María Magdalena, como amiga de Jesús y testigo de su resurrección. Por el contrario, el EvTom tiende a dejar a un lado la carne (con la muerte) de Jesús, de manera que no puede elaborar una mariología en la que se apele de un modo positivo a la madre histórica de Jesús y a María Magdalena. Teniendo eso en cuenta presento y comento algunos de sus motivos y textos principales, para situar desde ellos el sentido (o la falta de sentido) de las dos grande marías, la madre de Jesús y Magdalena
1. Devaluación de la mujer histórica, la madre prostituta. En los evangelios canónicos, la dos Marías pertenecen a la vida histórica de Jesús, es decir, a su “carne” o función personal, como mujer israelita, vinculada de un modo muy intenso a la esperanza mesiánica (social) de su pueblo. Ellas no son un signo femenino de la caída humana, sino unas persona que realiza una función positiva en el despliegue de la salvación. En contra de eso, buscando un tipo de “salvación interior”, el evangelio de Tomás devalúa a las mujeres:
‒ Crítica de la familia. EvTom 79 ha podido acoger el logion de Lc 11, 27-28 con la palabra de la mujer (¡Bendito el vientre que te llevó..!) y la respuesta de Jesús (¡Benditos los que han escuchado la palabra del Padre!), añadiendo en ese contexto las palabras apocalípticas de Lc 23, 19: "¡Bendito el vientre que no ha concebido y los pechos que no amamantado" (cf. Mt 24, 19).
Pero lo que Mt y Lc interpretan como expresión de angustia ante la crisis última de la humanidad, propia del fin de la historia (miedo de las madres por los hijos que se pierden), aparece en EvTom como rechazo de la maternidad en cuanto tal. Desde ese fondo se entiende la cita de Mc 3, 31-35, contenida en EvTom 99 donde no sólo se critica a la familia "jerosolimitana" de Jesús, sino a todo tipo de "familia carnal".
‒ Espíritu sin carne. En la línea anterior avanza EvTom 101 donde, partiendo de Mt 10, 37-38 (¡quien no odia a su padre y a su madre...!), establece una distinción radical entre las dos madres: la madre carnal (que sería María) ha engendrado a Jesús en un mundo de pecado; sólo su madre verdadera (que es el Espíritu de Dios) le ha dado la auténtica Vida. La tradición sinóptica vinculaba los dos planos, afirmando que María había concebido por obra del Espíritu Santo, siendo así madre carnal y espiritual (cf. Lc 1; Mt 1). EvTom los contrapone, devaluando la carne, es decir, la historia (en contra de Jn 1, 14), para interpretar el nacimiento de Jesús en un plano de puro Espíritu.
‒ Madre prostituta. En esa línea, el Jesús de EvTom 105 concluye: "Quien conozca a su padre y a su madre, será llamado hijo de prostituta". Conocer significa valorar y vincularse. Como mujer-madre de este mundo, María ha sido esclava del pecado, y por eso podemos llamarla prostituta. No es carne buena, al servicio de la Vida, sino carne caída, dominada por el deseo de placer y por la muerte. En cuanto madre en este mundo, María ha sido simplemente pecadora. Conocer a esa madre significa encerrarse en este mundo prostituido. Por eso es normal que EvTom no haya desarrollado una mariología consecuente (en contra de Jn).[1]
2. En soledad con Dios. Más allá de la historia. EvTom devalúa, por tanto, la relación de origen, y toda relación social, entendida como experiencia mundana o de “carne”, toda relación de varón con mujer. Por eso la madre del mundo no es mediadora ni signo de verdadera generación humana, María no puede ofrecer a Jesús un lugar y sentido en la existencia, pues su maternidad está vinculada al sexo “pecador” y a la carne. Lógicamente, el signo de la verdadera humanidad serán los niños pre-sexuados, que no tienen vergüenza, pues no se identifican por su cuerpo masculino o femenino (cf. EvTom 21, 37). Por eso es necesario hacerse pequeños, superando el sexo (cf. EvTom 46), siendo así solitarios: "Bienaventurados los solitarios y elegidos, porque encontraréis el Reino. Como habéis salido de él, a él volveréis" (EvTom 49).
‒ Solitarios, sin principio humano. En su relación con Dios, los gnósticos son solitarios, sin madre y sin relación con mujer: provienen de la luz, son como chispas que brotan de Padre viviente y que vuelven de nuevo al descanso del Padre (cf. EvTom 50). Este mundo (donde los hombres nacen de mujer) es un cadáver, es muerte y sepultura (cf. EvTom 56); pero quien lo sepa, quien se sepa muerto por su cuerpo ha superado ya al mundo (cf. EvTom 86). Por eso puede añadir: "Los cielos y la tierra se enrollarán delante de vosotros, pero el que vive del Viviente no verá la muerte", pues ha superado el nivel de perecimiento (cf. EvTom 111). No hay Madre que pueda ayudarles, pues ella les ha hecho nacer a la muerte, no a la vida. No hay un proceso creador, historia positiva. El ideal gnóstico es la inmersión del hombre en lo divino, superando de esa forma las formas de vida (que es muerte) de historia en la historia de madres e hijos del mundo.
‒ Bodas internas, fuera de la historia. El tema había aparecido en otro contexto en Ap 21-22 (la Madre primera, Mujer perseguida, se volvía al fin novia del Cordero) y sobre todo en Jn 2, 1-11 (la Madre pedía a Jesús que convirtiera el agua de las purificaciones judías en vino de bodas). Pues bien, Tomás busca unas bodas internas sin lugar para la novia u Madre, pues sólo los solitarios (los que renuncian a toda relación sexual o maternidad mundana) “entrarán en la cámara nupcial” (lugar de las bodas verdaderas; cf. EvTom 75). En estas bodas se supera toda dualidad, de manera que el varón no sea ya varón, ni la hembra sea hembra, superando así esas diferencias (cf. EvTom 22, en contra de Gal 3, 28 que habla de comunión corporal en igualdad). Todo nos permite suponer que estas bodas constituyen una experiencia de identificación interior con Dios y de superación de las dualidades somáticas y personales (cf. ApTom 106).
‒ Cámara nupcial. En este contexto se puede hablar de una eucaristía espiritual y sapiencial, que consiste en "comer de la boca" de Dios (cf. ApTom 108). Esta sabiduría gnóstica se encuentra especialmente vinculada a las mujeres de la tradición del evangelio, Salomé y María Magdalena. Salomé (que aparecía en la pasión de Mc 15, 40 y 16, 1) es ahora una auténtica discípula, que pregunta a Jesús: "¿Quién eres tú, hombre y de quien procedes? Has subido a mi lecho y has comido en mi mesa. Jesús le dijo: 'Yo soy el que procede del que es igual...' Salomé le dijo: 'yo soy tu discípula'" (EvTom 61). Ser discípula significa identificarse interiormente con Jesús, superando así toda diferencia, en unidad del lecho y comida, es decir, de sabiduría interior. En esta cámara nupcial cada creyente se identifica internamente con el Cristo, superando así la “historia carnal” de Jesús como Hijo de María.
‒ Mujer que deja de serlo. Culminando esta línea aparece al final María magdalena, pero no la madre de Jesús (que es una figura histórica), sino Magdalena, que tampoco aparece aquí en su identidad concreta de mujer histórica y de discípula personal de Jesús, sino ejemplo ideal de sabiduría que tiene que supera el aspecto femenino de la vida, para hacerse “varón” espiritual.
El texto dice que Pedro la quiere echar del grupo, porque es mujer. Jesús la defiende: "Yo la impulsaré para hacerla varón, a fin de que pueda ser un espíritu viviente, similar a vosotros, los varones.
Porque toda mujer que se haga varón entrará en el Reino de los cielos" (ApTom 114). Así termina el evangelio, con la mujer que se hace varón, es decir, que se unifica internamente, superando la división de varones y mujeres.
Tomás devalúa, según eso, la maternidad femenina, vinculada a la dualidad de varón y mujer, y rechaza el nacimiento a la vida de la carne, para elevar por igual a varones y mujeres (a Tomás y Salomé, a Santiago, Pedro o María), pero sólo en la medida en que ellos se vuelvan espíritu, vinculados a la Unidad de Dios, por encima de carne y de la historia. Llevada hasta el final, esta visión destruye toda posible visión positiva de la mujer como mujer,, porque niega la carne de la historia, la maternidad humana, el valor social de la vida. Cada hombre o mujer queda a solas ante Dios. La gran iglesia ha rechazado esta visión, pues para ella es esencial la historia concreta de Jesús, pero lo ha hecho conservando algunos de los riesgos de la gnosis y reprimiendo algunos de sus valores[2].
[1] Cf. R. Trevijano, "La Madre de Jesús en el Evangelio de Tomás (Log. 55, 59, 101 y 105)": Rev. Catalana de Teología 14 (1989) 257-266. He situado el tema en Hombre y Mujer en las religiones, EVD, Estella 1996, 219-229. Hay varias ediciones del EvTomás en Wikipedia. Ediciones escolares en BAC 148 Evangelios Apócrifos y en A. Piñero, Textos de Nag Hammadi, Trotta, Madrid.
[2] Uno de los riesgos de esta gnosis ha sido (y sigue siendo) una exaltación de la virginidad, entendida como negación de sexo y como experiencia de pura soledad ante Dios, es decir, como rechazo de la carne (de la realidad histórica del ser humano). De esa manera, la “virginidad” se convierte en un valor en sí mismo, no como expresión de una pertura “carnal” al servicio de la vida humana y de de la iglesia (como suponen Mt 1-2 y Lc 1-2, con Jn 2, 1-11; 19, 25-27), sino como experiencia que aísla y separa a los hombres y mujeres. La búsqueda espiritual de la gnosis tiende a convertirse en rechazo de este mundo, y en negación de la realidad histórica de María, la Madre “carnal” (personal) de Jesús (cf. Jn 1, 14).