La respuesta desbordante de Madrid a la visita del Papa sorprende los observadores
La primera imagen de la visita de León a España es la de una Madrid por la que desfilan miles de personas: familias, jóvenes, mayores, religiosos, curiosos, todos unidos en la concordia y el afecto hacia el Sucesor de Pedro, venido para confirmar en la fe
(Massimiliano Menichetti/Vatican News).- La primera imagen de la visita de León a España es la de una Madrid por la que desfilan miles de personas: familias, jóvenes, mayores, religiosos, curiosos, todos unidos. Días en los que las plazas, las calles, el pabellón deportivo y el estadio se tiñeron de banderas papales y españolas, de lemas por la paz, la unidad, la concordia y el afecto hacia el Sucesor de Pedro, venido para confirmar en la fe. Multitudes serenas y participativas: en oración, conmovidas, rompiendo en largos aplausos, como los inolvidables siete minutos del Parlamento, tras escuchar las palabras del Papa.
Ante las instituciones del Estado, el Pontífice reiteró que para una convivencia auténticamente democrática no se puede prescindir de la defensa de toda vida humana, de la ayuda a los más frágiles, de garantizar la libertad de conciencia y de religión, de rechazar toda guerra y violencia. Porque una sociedad justa se mide por cómo protege a quienes corren el riesgo de ser olvidados.
La instantánea que surge de esta primera etapa española no es solo la del entusiasmo por acoger a un pontífice después de tantos años, sino una respuesta auténtica, el aliento de una conciencia viva que se alza y afirma la belleza. Este país, atravesado por impulsos separatistas, tensiones políticas, polarizaciones y vientos de secularismo, ha mostrado una raíz fuerte, la de la fe. Ha respondido, según muchos observadores, de una manera inesperada, ha renovado el «sí» a Cristo. Nos hemos reencontrado en cada evento, encuentro o oración, revitalizando un lenguaje común, una memoria compartida, un horizonte de eternidad.
El Papa ha abrazado los sufrimientos de quienes han sido heridos por el horror de los abusos y ha invitado a la Iglesia local a ser ejemplo de unidad en la diversidad. No se dirigió a una España idealizada o nostálgica, sino que exhortó a redescubrir la alegría del Evangelio, el amor, la radicalidad de seguir a Cristo en el hoy, para construir un mundo diferente: fraterno, inclusivo, solidario, acogedor, humano, en paz.
El Papa León se dirigió a una nación dinámica, pero no en sentido económico. Un dinamismo de mirada —que apunta alto, como recuerda el lema del viaje: «Alzad la mirada»— capaz de renovar en la Verdad al país, a Europa, al mundo. Y en este sentido lanzó un verdadero desafío, sembrando una semilla de amistad en Cristo que cambia la historia de todo hombre que lo acoge. De este modo se forman redes que salvan del egoísmo, de la explotación, del mal, del odio, y se activa, en cambio, una fuerza de amor creativa y generativa que impregna todos los ámbitos de lo humano.
El Vicario de Cristo en Madrid ha dado la vuelta a la lógica del mundo porque no ha aportado respuestas que basen su fuerza en la victoria de una parte sobre otra, sino que ha abierto de par en par, una vez más, la puerta a la pregunta por el sentido que reside en cada corazón humano, señalando aquel camino que hace posible vivir plenamente.