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Testimonios en Las Raíces (Tenerife)

El papa, con uno de los migrantes

Saludo del director del centro

Santo Padre, autoridades, personas acogidas y trabajadoras de este Centro: 

Es para nosotros un profundo honor recibir hoy su visita en el Centro de Primeras Llegadas de Las Raíces, en Tenerife. Su presencia aquí no solo nos distingue, sino que también pone el foco sobre una realidad que, día a día, vivimos en este lugar. 

Este centro, abierto desde el año 2021, nació como respuesta a una realidad compleja que exige compromiso, solidaridad y responsabilidad. Quiero resaltar el esfuerzo sostenido del Estado español, titular de este centro, como parte de su responsabilidad en la acogida y atención a las personas que llegan a nuestras costas. 

Saludo del director del centro

Desde su apertura, hemos acogido a más de 54.000 personas. Detrás de cada una de ellas hay una historia, un trayecto difícil y, sobre todo, una esperanza. Nuestra labor consiste en ofrecerles una primera acogida digna, humana y organizada en un momento especialmente difícil, inmediatamente a su llegada por mar. 

Este trabajo no sería posible sin el equipo de personas que lo sostiene. Cerca de seiscientas personas trabajan en el centro, con una inmensa profesionalidad, vocación y compromiso con la dignidad de cada persona acogida. Su labor diaria convierte este espacio en algo más que un centro: lo convierte en un lugar de acogida real. 

Las Raíces es, en esencia, un punto de encuentro; un espacio donde confluyen trayectorias vitales complejas y donde ofrecemos, desde lo institucional y lo humano, una primera oportunidad. Santo Padre, su visita hoy supone un reconocimiento a todas estas realidades: a quienes llegan buscando un futuro mejor, al esfuerzo de las instituciones públicas y al compromiso de los profesionales que hacen posible este trabajo. 

En nombre de todo el centro, quiero darle las gracias por su presencia, por su cercanía y por el mensaje de esperanza que representa. 

Muchas gracias. 

El Papa, con el director del centro

1. Testimonio de un migrante 

Su Santida, 

Gracias por escuchar a las personas migrantes, a las familias que dejaron su país y empezaron empezamos una nueva vida lejos de casa. 

Muchas veces el camino es difícil. Hay miedo, tristeza y también soledad. Pero sus palabras nos dan fuerza y esperanza para seguir adelante. 

Nosotros venimos con sueños sencillos: trabajar, cuidar de la familia y vivir con dignidad. Y sentimos que usted mira a las personas migrantes con respeto y con cariño. Gracias por recordar al mundo que todos somos personas, que todos necesitamos amor, paz y oportunidades. 

Hoy queremos decirle, con mucho respeto, que rezamos por usted y que agradecemos su corazón cercano. 

Que Dios lo bendiga siempre. 

Testimonio de un migrante

2. Testimonio de una migrante 

Santo Padre, 

Gracias por estar hoy aquí, en esta tierra que para muchos de nosotros ha significado el primer lugar de esperanza después de un largo camino de sufrimiento. 

Hoy hablo ante usted no solo en mi nombre, sino en nombre de muchas personas emigrantes que han dejado atrás su hogar, su familia y su vida buscando seguridad, paz y dignidad. Venimos de países donde la pobreza, la violencia, la guerra, la persecución y la falta de oportunidades nos obligaron a partir. Nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia cuando puede vivir en paz. Dejamos atrás nuestros recuerdos, nuestros seres queridos y una parte de nuestro corazón, con la esperanza de encontrar una vida mejor. 

Pero el camino hasta llegar aquí no fue fácil. El trayecto estuvo lleno de miedo, dolor e incertidumbre. Cruzar rutas peligrosas, especialmente el océano Atlántico hacia Canarias, significa enfrentarse al hambre, al frío, a la desesperación y, muchas veces, a la muerte. Muchos hermanos y hermanas perdieron la vida en el mar, y otros siguen sufriendo en silencio, víctimas de mafias que se aprovechan de la necesidad y del sufrimiento humano. 

Testimonio de una migrante

Hoy, desde esta tierra de acogida (Canarias), queremos elevar una petición sencilla pero profundamente humana: dignidad. Pedimos que las fronteras no se conviertan en muros de indiferencia. Que no se nos mire solo como emigrantes, números o documentos, sino como personas con historia, con sueños, con familias y con esperanza. Nuestra humanidad debe estar siempre por encima de cualquier condición legal. 

También queremos expresar nuestro agradecimiento. Gracias a la Iglesia, a las comunidades de acogida, a las organizaciones y a todas las personas solidarias que nos tendieron la mano cuando llegamos con miedo, cansancio e incertidumbre. Gracias por ofrecernos refugio, escucha y una oportunidad para reconstruir nuestras vidas. 

Santo Padre, su presencia hoy en Canarias representa una luz para quienes muchas veces no tenemos voz. Le pedimos que rece por quienes perdieron la vida en el camino, por quienes aún atraviesan mares y fronteras buscando seguridad, y por quienes luchamos cada día por construir un futuro digno, en paz y con esperanza. 

No pedimos privilegios. 

No pedimos compasión. 

Pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad. 

Muchas gracias. 

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¡Gracias a los medios de comunicación (en particular a RTVE), buen trabajo!